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miércoles, 31 de octubre de 2012

Cartas del Padre Pío



Para animarnos a sufrir de buena gana las tribulaciones que la divina piedad nos prodiga, tengamos fija nuestra mirada en la patria celestial reservada para nosotros, contemplémosla, mirémosla incesantemente con particular atención. Alejemos la mirada, por otra parte, de los bienes que se ven, entiendo hablar de los bienes terrenos, pues su vista arrebata y distrae al alma y adulteran nuestros corazones; ellos hacen sí que nuestra mirada no esté toda en la patria celestial.

Escuchemos lo que el Señor nos dice a propósito por boca de su santo apóstol Pablo: «A cuantos no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles». Y es muy justo que nosotros contemplemos los bienes celestiales, no preocupándonos de los terrenos, porque esos son eternos, estos transitorios.

¿Qué diremos nosotros si nos detuviésemos ante un pobre campesino, que estuviese casi atónito contemplando un río que corre con suma velocidad? Quizás nosotros nos pondremos a reír, y tendríamos razón. ¿No es una locura detener la mirada en lo que rápidamente pasa? Ese es por lo tanto el estado de quien detiene su mirada en los bienes visibles. Efectivamente ¿qué son ellos en realidad? ¿Son quizás diferentes de un río veloz, en cuyas aguas aún no se ha posado el ojo, que ya se escapan de la vista para no dejarse ver más?
(10 octubre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 185)

lunes, 29 de octubre de 2012

Anécdotas del Padre Pío





¡Cuida por dónde caminas! 
Un hombre fue a San Giovanni Rotondo  conocer al Padre Pío pero era tal la cantidad  gente que había que tuvo que volverse sin ni siquiera poder verlo. Mientras se alejaba del convento sintió el maravilloso perfume que emanaba de los estigmas del padre y se sintió reconfortado. 
Unos meses después, mientras caminaba por una zona montañosa, sintió nuevamente el mismo perfume. Se paró y quedó extasiado por unos momentos inhalando el exquisito olor. Cuando volvió  sí, se dio cuenta que estaba al borde de un precipicio y que si no hubiera sido por el perfume del padre hubiera seguido caminando... Decidió ir inmediatamente a San Giovanni Rotondo a agradecer al Padre Pío. Cuando llegó al convento, el Padre Pío, el cual jamás lo había visto, le gritó sonriendo:- “¡Hijo mío! ¡Cuida por dónde caminas!”. 

Debajo del colchón 
Una señora sufría de tan terribles jaquecas que decidió poner una foto del Padre Pío debajo de su almohada con la esperanza de que el dolor desaparecería. Después de varias semanas el dolor de cabeza persistía y entonces su temperamento italiano la hizo exclamar fuera de sí: -“Pues mira Padre Pío, como no has querido quitarme la jaqueca te pondré debajo del colchón como castigo”. Dicho y hecho. Enfadada puso la fotografía del padre debajo de su colchón. 
A los pocos meses fue a San Giovanni Rotondo a confesarse con el padre. Apenas se arrodilló frente al confesionario, el padre la miró fijamente y cerró la puertecilla del confesionario con un soberano golpe. La señora quedó petrificada pues no esperaba semejante reacción y no pudo articular palabra. A los pocos minutos se abrió nuevamente la puertecilla del confesionario y el padre le dijo sonriente: “No te gustó ¿verdad? ¡Pues a mí tampoco me gustó que me pusieras debajo del colchón!”. 

Los consejos del Padre Pío 
Un sacerdote argentino había oído hablar tanto sobre los consejos del Padre Pío que decidió viajar desde su país a Italia con el único objeto de que el padre le diera alguna recomendación útil para su vida espiritual. Llegó a Italia, se confesó con el padre y se tuvo que volver sin que el padre le diera ningún consejo. El padre le dio la absolución, lo bendijo y eso fue todo. Llegó a la Argentina tan desilusionado que se desahogaba contando el episodio a todo el mundo. “No entiendo por qué el padre no me dijo nada”, decía, “¡y yo que viajé desde la Argentina sólo para eso!” “-El Padre Pío lee las consciencias y sabía que yo había ido con la esperanza de que me diera alguna recomendación”, etc, etc. Así se quejaba una y otra vez hasta que sus fieles le empezaron a preguntar: “Padre, ¿está seguro que el padre Pío no le dijo nada?¿no habrá hecho algún gesto, algo fuera de lo común??”. Entonces el sacerdote se puso a pensar y finalmente se acordó que el Padre Pío sí había hecho algo un poco extraño. “-Me dio la bendición final haciendo la señal de la cruz sumamente despacio, tan despacio que yo pensé: ¿es que no va a acabar nunca?”, contó a sus fieles. “¡He ahí el consejo!”, le dijeron, “usted la hace tan rápido cuando nos bendice que más que una cruz parece un garabato”. El sacerdote quedó contentísimo con esta forma tan original de aconsejar que tenía el Padre Pío. 

El vigilante y los ladrones 
“Unos ladrones merodeaban en mi barrio, en Roma, y esto me impedía ir a visitar al Padre Pío. Al final me decidí después de haber hecho un pacto mental con él: “Padre, yo iré a visitarte si tú me cuidas la casa...”. 
Una vez en San Giovanni Rotondo, me confesé con el Padre y al día siguiente, cuando fui a saludarle, me reprendió: “¿Aún estás aquí? ¡Y yo que estoy sudando para sostenerte la puerta!”. 
Me puse de viaje inmediatamente, sin haber comprendido qué había querido decirme. Habían forzado la cerradura, pero en casa no faltaba nada.” 

Niños y caramelos 
“Hacía tanto tiempo que no iba a visitar al Padre Pío que me sentía obsesionada por la idea de que se hubiera olvidado de mí. 
Una mañana, después de haberle confiado, como de costumbre, mi hija bajo su protección, fui a Misa. De regreso, encontré a la pequeña saboreando un caramelo. Sorprendida le pregunté quién le había dado el “melito”, como ella llamaba a los caramelitos, y muy contenta me señaló el retrato del Padre Pío que dominaba sobre el corralito donde dejaba a la pequeña durante mis breves ausencias. 
No di ninguna importancia al episodio y no pensé más en él. 
Después de algún tiempo, no logrando sacarme de la cabeza la idea de que el Padre Pío se hubiera olvidado de mí, pude finalmente ir a visitarlo. Inmediatamente después de la confesión, cuando fui a besarle la mano, me dijo riendo: “...¿también tú querías un “melito”?”. 

Un calvo 
“No había remedios para mi cabello que iba desapareciendo de mi cabeza, y sinceramente me disgustaba quedar calvo. Me dirigí al Padre Pío y le dije: “Padre, ruegue para que no se me caiga el cabello”. 
El Padre en ese momento bajaba por la escalera del coro. Yo lo miraba ansioso esperando una contestación. Cuando estuvo cerca de mí cambió el semblante y con una mirada expresiva señaló a alguien que estaba detrás y me dijo: “Encomiéndate a él”. Me di vuelta. Detrás había un sacerdote completamente calvo, con una cabeza tan brillante que parecía un espejo. Todos nos echamos a reír. 

El zapatazo 
Una vez un paisano del Padre Pío tenía un fuertísimo dolor de muelas. Como el dolor no lo dejaba tranquilo su esposa le dijo: “¿Por qué no rezas al Padre Pío para que te quite el dolor de muelas?? Mira aquí está su foto, rézale”. El hombre se enojó y gritó furibundo: “¿Con el dolor que tengo quieres que me ponga a rezar???”. Inmediatamente cogió un zapato y lo lanzó con todas sus fuerzas contra la foto del Padre Pío. 
Algunos meses más tarde su esposa lo convenció de irse a confesar con el Padre Pío a San Giovanni Rotondo. Se arrodilló en el confesionario del Padre y, luego de decir todos los pecados que se acordaba, el Padre le dijo: “¿Qué más recuerdas?” “Nada más”, contestó el hombre. “¿¿Nada más?? ¡¿Y qué hay del zapatazo que me diste en plena cara?!.” 

El saludo “grande, grande” 
Una hija espiritual del Padre Pío se había quedado en San Giovanni Rotondo tres semanas con el único propósito de poder confesarse con él. Al no lograrlo, ya se marchaba para Suiza profundamente triste, cuando se acordó que el Padre Pío daba todos los días la bendición desde la ventana de su celda. Se animó con la idea de que por lo menos recibiría su bendición antes de partir y salió corriendo hacia el convento. Por el camino iba diciendo para sus adentros: “quiero un saludo grande, grande, sólo para mí”. Cuando llegó se encontró con que la gente se había marchado pues el Padre había dado ya su bendición, los había saludado a todos agitando su pañuelo desde su ventana y se había retirado a descansar. Un grupo de mujeres que rezaban el Rosario se lo confirmaron. Era inútil esperar. La señora no se desanimó por eso y se arrodilló con las demás mujeres diciendo para sí: “no importa, yo quiero un saludo grande, grande, sólo para mí”. A los pocos minutos se abrió la ventana de la celda del Padre y éste, luego de dar nuevamente su bendición, se puso a agitar una sábana a modo de saludo en vez de usar su pañuelo. Todos se echaron a reír y una mujer comentó: “-¡Miren, el padre se ha vuelto loco!”. La hija espiritual del padre comenzó a llorar emocionada. Sabía que era el saludo “grande, grande” que había pedido para sí. 

Un niño y los caramelos 
Un niño, hijo de un guardia civil, deseaba tener un trencito eléctrico desde hacía mucho tiempo. Acercándose la fiesta de Reyes, se dirigió a un retrato del Padre Pío colgado en la pared, y le hizo esta promesa: “Oye, Padre Pío, si haces que me regalen un trencito eléctrico, yo te llevaré un paquete de caramelos”. 
El día de los Santos Reyes el niño recibió el trencito tan deseado. 
Pasado algún tiempo, el niño fue con su tía a San Giovanni Rotondo. El padre Pío, paternal y sonriente, le preguntó: “-Y los caramelos, ¿dónde están?”. 

¡Por dos higos! 
Una señora devota del Padre Pío comió un día un par de higos de más. Asaltada por los escrúpulos, pues le parecía que había cometido un pecado de gula, prometió que iría en cuánto pudiera a confesarse con el Padre Pío. Al tiempo se dirigió a San Giovanni Rotondo y al final de la confesión le dijo al padre muy preocupada: “Padre, tengo la sensación de que me estoy olvidando de algún pecado, quizá sea algo grave”. El Padre le dijo: “No se preocupe más. No vale la pena. ¡Por dos higos!”.





¿Esperas que me case yo con ella? 
El Padre Pío estaba celebrando una boda. En el momento culminante del acto el novio, muy emocionado, no atinaba a pronunciar el “sí” del rito. 
El Padre esperó un poco, procurando ayudarlo con una sonrisa, pero viendo que era en vano todo intento, exclamó con fuerza: “¡¿En fin, quieres decir este “sí” o esperas que me case yo con ella?!” 

¡Padre, ruegue por mis hijitos! 
Una señora muy devota del Padre Pío nunca se iba a dormir sin haberle encomendado antes a sus hijos. Todos las noches se arrodillaba frente a la imagen del Padre y le decía: “Padre Pío, ruegue por mis hijitos”. Después de tres años de rezar todos los días la misma jaculatoria pudo ir a San Giovanni Rotondo. Cuando vio al Padre le dijo: “Padre, ruegue por mis hijitos”. “Lo sé, hija mía”, le dijo el Padre, “¡hace tres años que me vienes repitiendo lo mismo todos los días!”. 

¡Y tú te burlas! 
Una devota del Padre Pío se arrodillaba todos los días frente a la imagen del padre y le pedía su bendición. Su marido, a pesar de ser también devoto del padre, se moría de la risa y se burlaba de ella pues consideraba que aquello era una exageración. Todas las noches se repetía la misma escena entre los esposos. Una vez fueron los dos a visitar al Padre Pío y el señor le dijo: “Padre, mi esposa le pide su bendición todas las noches”. “Lo sé”, contestó el Padre, “¡y tú te burlas!”. 


Padre Pío reza a San Pío X 
Una vez el Cardenal Merry del Val contó al Papa Pío XII que había visto al Padre Pío rezando en San Pedro frente a la tumba de San Pío X, el día de la canonización de Santa Teresita. El Papa preguntó al Beato Don Orione qué pensaba del asunto. Don Orione respondió: “Yo también lo vi. Estaba arrodillado rezando a San Pío X. Me miró sonriente y luego desapareció”. 

Padre Pío en Uruguay 
Monseñor Damiani, obispo uruguayo, fue a San Giovanni Rotondo a confesarse con el padre Pío. Luego de confesarse se quedó unos días en el convento. Una noche se sintió enfermo y llamaron al Padre Pío para que le diera los últimos sacramentos. El padre Pío tardó mucho en llegar y cuando lo hizo le dijo: 
“Ya sabía yo que no te morirías. Volverás a tu diócesis y trabajarás algunos años más para gloria de Dios y bien de las almas”. “Bueno”, contestó Monseñor Damiani, “me iré pero si usted me promete que irá a asistirme a la hora de mi muerte”. El Padre Pío dudó unos instantes y luego le dijo “Te lo prometo”. 
Monseñor Damiani volvió al Uruguay y trabajó durante cuatro años en su diócesis. 
En el año 1941 Monseñor Alfredo Viola festejó sus bodas de plata sacerdotales. Para tal acontecimiento se reunieron todos los obispos uruguayos y algunos argentinos en la ciudad de Salto, Uruguay. Entre ellos estaba Monseñor Damiani, enfermo de angina pectoris. Hacia la medianoche el Arzobispo de Montevideo, luego Cardenal Antonio María Barbieri, se despertó al oír golpear a su puerta. Apareció un fraile capuchino en su habitación que le dijo: “Vaya inmediatamente a ver a Monseñor Damiani. Se está muriendo”. Monseñor Barbieri fue corriendo a la alcoba de Monseñor Damiani, justo a tiempo para que éste recibiera la extremaunción y escribiera en un papel: “Padre Pío..” y no pudo terminar la frase. Fueron muchos los testigos que vieron un capuchino por los corredores. Quedó en el palacio espiscopal de Salto un medio guante del padre Pío que curó a varias personas. 
En 1949 Monseñor Barbieri fue a San Giovanni Rotondo y reconoció en el padre al capuchino que había visto aquella noche, a más de diez mil kilómetros de distancia. El Padre no había salido en ningún momento de su convento. 
Hoy día hay en Salto una gruta que recuerda esta bilocación y desde allí el padre ha hecho varios milagros. 

Nos hemos salvado por los pelos aquella tarde ¿eh General? 
El General Cardona, después de la derrota de Caporetto, cayó en un estado de profunda depresión y decidió acabar con su vida. Una tarde se retiró a su habitación exigiéndo a su ordenanza que no dejara pasar a nadie. Se dirigió a un cajón, extrajo una pistola y mientras se apuntaba la sien oyó una voz que le decía: “Vamos, General, ¿realmente quiere hacer esta tontería?”. Aquella voz y la presencia de un fraile lo disuadieron de su propósito, dejándolo petrificado. Pero ¿cómo había podido entrar ese personaje en su habitación? Pidió explicaciones a su ordenanza y este le contestó que no había visto pasar a nadie. Años más tarde, el General supo por la prensa que un fraile que vivía en el Gargano hacía milagros. Se dirigió a San Giovanni Rotondo de incógnito y ¡cuál no fue su sorpresa cuando reconoció en el fraile al capuchino que había visto en su habitación! “Nos hemos salvado por los pelos aquella tarde ¿eh General?”, le susurró el Padre Pío. 

Amor del Padre Pío por San Pío X y Pío XII 
El Padre Pío solía decir que San Pío X era el papa más simpático desde San Pedro hasta nuestros días. “Un verdadero santo”, decía siempre, “la auténtica figura de Nuestro Señor”. Cuando murió San Pío X Padre Pío lloraba como un niño diciendo: “Esta guerra se ha llevado a la víctima más inocente, más pura y más santa: el Papa”, pues corrían rumores que el Santo Padre había ofrecido su vida para salvar a sus hijos del flagelo de la guerra. 
Una vez Padre Pío dijo a un sacerdote que iba para Roma: “Dile a su Santidad (Pío XII) que con gusto ofrezco mi vida por él”. Cuando murió Pío XII el Padre Pío también lloraba desconsoladamente. Al día siguiente de la muerte no lloraba más y entonces le preguntaron: “Padre, ¿ya no llora por el Papa?” “No”, contestó el padre, “pues Cristo ya me lo ha mostrado en Su gloria”. 

Reacciones frente al “aggiornamento” de los franciscanos 
El Padre Pío ya había expresado su descontento frente a los cambios introducidos por el Concilio Vaticano II cuando el cardenal Bacci fue a verlo a San Giovanni Rotondo. “¡Terminad con el concilio de una vez!¡Por piedad, terminádlo pronto!”, le había dicho al cardenal. 
Cuando el encargado de la Orden franciscana fue a San Giovanni Rotondo para pedirle oraciones al Padre para los “Nuevos Capítulos”el padre se enojó mucho. Apenas oyó el padre la palabra “nuevos capítulos” se puso a gritar: “¿Qué están combinando en Roma? ¡Ustedes quieren cambiar la regla de San Francisco! En el juicio final San Francisco no nos reconocerá como hijos suyos.” Y frente a la explicación de que los jóvenes no querían saber de nada con la tonsura ni con el hábito, el padre gritó: “¡Echádlos fuera! ¡Ellos se creen que le hacen un favor a San Francisco entrando en su Orden cuando en realidad es San Francisco quien les hace un gran don!”.

viernes, 19 de octubre de 2012

Padre Pío en Querétaro



El pasado día 12 de Octubre, mes en el que se venera a la Virgen de Rosario y el día de la advocación Mariana de Nuestra Señora Del Pilar y de Nuestra Señora De Aparecida, el Padre Pío tuvo a bien visitar nuestra ciudad de Querétaro.

Esta visita tuvo una providencia muy grande por el mes y el día, ya que La Virgen del Pilar se la aparece al Apóstol Santiago mientras evangelizaba la patria Española, y fue también día de fiesta nacional en España y día de la hispanidad. Por otro lado Nuestra Señora De Aparecida, que se les aparece a unos pescadores en la red cuando su pesca era escasa, y al encontrarla   obtienen una pesca muy abundante.

Pues bien, el Padre Pío escogió  este día pues nos quiere decir que hay que evangelizar y poner por delante a la Virgen María y que detrás de ella esta Él para brindar consuelo a tanta gente que se encuentra enferma de cuerpo y de corazón.

La visita, fue todo un éxito y muy providencial, ya que el Padre Pío visito a los enfermos en el IMSS con anécdotas muy claras de Él. Llegando al IMSS, sin programa ni aviso la mamá de un niño Lucas había sido avisada, de que pudiera ir la reliquia  del Padre Pío a visitar a su hijo, pero que no era seguro.  Y resulta que cuando iba entrando La Reliquia, la mamá justo iba saliendo, ya se podrán imaginar la alegría de ella y nuestra sorpresa.

Por otro lado se visito una escuela en el pueblo de Jurica, donde también no se tenia programada su visita. Pero resulta que el director venera mucho a Juan Pablo II y del cual la escuela lleva su nombre. La visita fue todo un éxito y se organizo con tan solo un día de anticipación, dando un claro mensaje para el director y la comunidad de que el rezo del rosario es de los más necesario para que Dios nuestro Señor actué por medio de la Virgen. Se dejo también saber que el amigo, confidente e intercesor en muchos milagros del Beato Juan Pablo II había sido el Padre Pío.

Y para concluir la misa y la plática que se tuvo con los Operarios Del Reino De Cristo sobrepasó todas las expectativas, pues se reunieron cerca de 600 personas y muchas más se tuvieron que ir por falta de lugar. El Padre Gilberto dijo que pudieron haber sido unas 1,000 personas.

De este día en adelante se espera que la pesca sea grande con los Grupos De Oración del Padre Pío, así como la visita a los enfermos llevando a ellos aliento y esperanza de parte de La Virgen y de Nuestro Señor.

Confiamos en que el Padre Pío haga su trabajo y pronto veamos grandes frutos en esta ciudad de Santiago de Querétaro que tanto lo necesita.


miércoles, 17 de octubre de 2012

La estatua del Padre Pío en la Catedral de México



La estatua de bronce de San Pío de Pietrelcina, que, desde el día 14 de octubre, se puede venerar en la capilla de Nuestra Señora de los Dolores de la Catedral Primada de México, es obra del escultor español Luis Uzín Larrañaga.
         Luis Uzín nació en San Sebastián (Guipúzcoa) el 21 de junio de 1961. Realizó los estudios de enseñanza primaria y secundaria, en los años 1971-1977, en Lecároz (Navarra), en el colegio de Nuestra Señora del Buen Consejo, atendido por los Capuchinos.

         Los estudios de arte los realizó en Italia: en Florencia con Gustavo Giulietti y en Pietrasanta con Armanod Basile. Es titulado en obra gráfica, especialidad litografía. Sus obras más importantes pueden contemplarse en diversas Instituciones de Italia; y, en España, en la universidad de Deusto de San Sebastián, en el frontón municipal de Azcoitia (Guipúzcoa) y en el convento de Capuchinos de Estella (Navarra)…
         La estatua que estoy presentando tiene 1,68 metros de altura, la misma que el Santo capuchino italiano. Es una obra de arte; y, por haber seguido paso a paso su elaboración, puedo resaltar, entre otros, estos detalles:

         Un rostro sereno y luminoso, reflejo de la bondad y misericordia de Dios, que, como afirman los que le conocieron, se transparentaban con claridad en el Santo de Pietrelcina, y una mirada limpia y penetrante, porque a todos observaba y acogía con amor de padre.

         Unas manos, deformadas sí por haber llevado en ellas, durante cincuenta años, las llagas dolorosas y sangrantes de Cristo Crucificado, pero muy abiertas para acoger los dones que de continuo suplicaba al Señor por medio de la Virgen María, y para ofrecerlos a los hombres para los que los había implorado.
         En la ligera ráfaga de viento, que empuja el hábito hacia atrás, es fácil descubrir al religioso y al sacerdote de Pietrelcina que actuó siempre a impulsos del Espíritu.

         Sus pies descalzos, como los de Moisés cuando le pidió el Señor que se quitara las sandalias porque pisaba un lugar santo, insinúan que el Padre Pío actuó siempre, en relación a Dios y también a sus hermanos, en actitud humilde y respetuosa.

         Y en el rosario que cuelga del cordón del Fraile capuchino, con cuentas excesivamente grandes y algunas o que faltan o que están deformadas de tanto pasarlas por sus dedos, el artista ha querido plasmar la devoción especial del Padre Pío a esta oración mariana y los muchos rosarios que rezaba cada día.

         Pero, ¿no tuvo en sus pies y en sus manos las llagas de Cristo Crucificado, y no las ocultaba con los calcetines y con los medios guantes, llamados mitones porque dejan los dedos libres? Cierto; pero el artista ha querido representar al Padre Pío glorioso después de su muerte, momento para el que ya le habían desaparecido esas llagas santas, sin dejar la más mínima cicatriz. Y ha colocado entre los pies del Santo un pequeño “calvario”, para indicar que ese hombre, ahora glorioso, compartió intensamente, durante su larga vida de 81 años, la cruz de Cristo, incluso teniendo en su cuerpo las llagas del Salvador, como lo señalan los tres puntos rojos de la cruz.
Elías Cabodevilla Garde,
Sacerdote capuchino

domingo, 14 de octubre de 2012

San Pío en la Catedral de México



Norberto Rivera, el arzobispo primado de México, bendijo la estatua de San Pío de Pietrelcina, quien fuera en vida uno de los sacerdotes más ilustres para la fe católica.
Actualmente la escultura es presentada en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.
Este domingo, en la misa celebrada en la Catedral Metropolitana, el cardenal Norberto Rivera exhortó a los fieles católicos a reforzar su fe.
Asimismo, recordó que las reliquias son un signo de presencia espiritual divina de los santos, como en el caso del Padre Pío.
“Es un honor para mí tener la oportunidad de bendecir hoy la estatua del Santo Padre Pió de Pietrelcina, fue un gran hombre de fe”, expresó el arzobispo primado de México.
Cabe señalar que San Pío de Pietrelcina fue beatificado el 16 de junio de 2002, por Juan Pablo II.
Se hizo famoso por el fenómeno de los estigmas que tenía en ambas manos, los cuales fueron nombrados pasionarios (por ser semejantes a los de Jesucristo en su Pasión); no sólo sufría heridas en manos, también en pies, costado y hombro, las cuales, se sabe, le resultaban dolorosas aunque invisibles.
Sus seguidores aseguran que su sangre tenía perfume de flores, aroma asociado a la santidad.
En la Catedral Metropolitana, el cardenal Norberto Rivera recalcó que al padre Pío se le atribuyen numerosas sanaciones y milagros, además se le reconoce su gran devoción hacia la fe de Dios, ya que padeció durante 50 años los estigmas.
“Bienaventurado padre Pío, testigo de fe y de amor, admiramos tu vida como fraile capuchino, como sacerdote y como testigo fiel de Cristo. El dolor marcó tu vida y te llamamos un crucificado sin cruz. El amor te llevó a preocuparte por los enfermos, a atraer a los pecadores, a vivir profundamente el misterio de la Eucaristía y del perdón”.
Ante cientos de fieles, que asistieron gustosos a ver la bendición de San Pío de Pietrelcina, Norberto Rivera hizo un llamado a los devotos, exhortándolos a mantener la oración como uno de los puntos fundamentales en los seres humanos y recordó que la vida del hombre no sólo depende de la abundancia económica.
“La vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea, Jesús y la experiencia nos enseñan que la vida no se compra con oro, buscar el dinero porque sí mismo se convierte en un absoluto, en un tirano, en un ídolo por el cual se sacrifica todo, descanso, salud, afectos, familia, amistades, honradez, no se puede servir a dos señores, a Dios y al dinero”, dijo.
En ese sentido, el cardenal dijo que el dinero es un medio para conseguir una calidad de vida, sin embargo, recalcó que nada es más importante para los seres humanos que la fe hacia Dios.
“El hombre cae en la esclavitud, cuando diviniza o absolutiza la riqueza, Jesús ofrece una actitud, una parábola y una sentencia sobre el dinero, pero sólo considera insensatos a los ricos que dejan en la aduana de la muerte sus riquezas”, expresó.
“¿Y quién es rico ante Dios?, el que se preocupa más por conseguir bienes espirituales que materiales, el que tienen del dinero un enfoque de justicia social y no egoísta”, afirmó el cardenal.
Norberto Rivera aseguró que la “sabiduría de Dios rechaza la avaricia, pero no el progreso”, y dijo que los devotos deben saber administrar sus bienes materiales.
“Buscar los bienes de arriba… Poner todo el corazón en los bienes del cielo, ciertamente no significa para San Pablo despreocuparse y desobligarse de las tareas que Dios nos ha encomendado, como son el trabajo el estudio, la familia, la ganancia honesta, porque si no somos buenos administradores de las pequeñas cosas que Dio nos ha confiado, ¿quién nos dará los bienes definitivos?, este rechazo a la avaricia no se debe confundir con la lucha del progreso”, señaló.
Para finalizar la misa del mediodía, el arzobispo primado de México indicó que la escultura de San Pío de Pietrlecina estará en la Catedral Metropolitana del Distrito Federal, para todos los fieles que desean asistir a visitarla, y se tiene previsto que se develará una estatua de bronce con la imagen de la Virgen María, misma que se colocará en un futuro junto con la del padre Pío.

jueves, 11 de octubre de 2012

San Pio en Chiconquiaco, Ver.



El pasado sábado 6 de octubre desde Xalapa, Ver.,  una caravana de autos, resguardados por elementos de tránsito y seguridad pública estatal, escoltaron la Reliquia del Padre Pío que visitó Chiconquiaco, Ver., donde fueron recibidos en la entrada de la ciudad, con cohetes, replique de campanas, cabalgata, con banda y mariachis, los hermanos Capuchinos, encabezados por Fray Elías Cabodevilla Garde, custodio de la reliquia, resguardados por un Palio caminaron en procesión hasta la Iglesia de San Pedro Apóstol.

A la llegada el Padre Nelson Rodríguez y feligreses de diferentes localidades vecinas de Chiconquiaco, como inicio del año de la fe dieron la bienvenida y escucharon la conferencias sobre el Padre Pío, impartida por Fray Elías Cabodevilla OFMcap, con el templo y atrio abarrotado, al terminar, inició la Magna Celebración Eucarística, posteriormente se procedió a la veneración de la Reliquia.


En Chiconquiaco durante este año se celebran los 470 años (1542-2012) de evangelización de este serrano municipio, iniciada por Fray Alonso de Santiago OFM según consta en el Histórico Códice de Chiconquiaco.




martes, 9 de octubre de 2012

San Pio de Pietrelcina, uno de los grandes apóstoles del Rosario


El padre Pío de Pietrelcina cuya fiesta litúrgica toda la Iglesia celebra mañana murió el 23 de septiembre de 1968 a las 2'30h , después de recibir el sacramento de la unción de los enfermos, muere serenamente con el Santo Rosario en la mano y con"¡Jesús! ¡María!" en los labios. San Pío de Pietrelcina es pues, un santo, que nos debe de ayudar a hacer del Santo Rosario nuestra oración predilecta. Tal y como la han hecho suyas muchos santos, beatos, papas y simplemente hombres y mujeres. Aún voy más lejos, muchas parroquias han de ver a este santo italiano como un ejemplo del amor e importancia que éste daba a esta plegaria tan querida por Jesús y su Madre, la Virgen María.

UN GRAN SANTO PARA LA IGLESIA DE HOY
El día 16 de junio del 2002, su Santidad el Siervo de Dios Juan Pablo II canonizó al Beato Padre Pío. Es el primer sacerdote canonizado que ha recibido los estigmas de nuestro Señor Jesucristo.
El Padre Pío es uno de los más grandes místicos de nuestro tiempo. Nos enseñó el amor radical al corazón de Jesús y a su Iglesia. Su vida era oración, sacrificio, pobreza.
Sacerdote capuchino. Celebró su primera misa el 10 de Agosto de 1910. Ocho años más tarde, el 20 de Septiembre de 1918, aparecieron visiblemente las llagas de Nuestro Señor en sus manos, pies y costado izquierdo del pecho, haciendo del P. Pío el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia (San Francisco Asís no era sacerdote).
Traemos hoy hasta este blog EN CRISTIANO su figura porque el padre Pío de Pietrelcina ha sido uno de los grandes embajadores que ha tenido esta práctica piadosa que es el rezo continuo y continuado del Santo Rosario. Y como estamos a las puertas de octubre, mes declarado por la iglesia como del Santo Rosario, es por lo que creemos que estos grandes santos que han hecho de esta plegaria su modo de alcanzar la santidad nos pueden acercan a hacer del Santo Rosario nuestro mejor compañero de viaje.

A LA VIRGEN DESDE PEQUEÑO LE LLAMABA "SU MAMMUSIA"
Desde muy pequeñito el Beato P. Pío experimenta un amor muy grande por la Santísima Virgen María, su "mammusia", como cariñosamente la llamaba, que significa en dialecto "mamita". Su primer peregrinaje siendo un niño de 8 años fue a la Virgen de Pompeya, la Virgen del Rosario, cerca de Nápoles.
En su casa de Pietrelcina, como en todas las familias italianas de la época, el rosario era la oración familiar. Se encontraban alrededor del fuego todas las noches antes de ir a dormir rezando el Rosario. Pero cuando la Virgen apareció en Fátima como la Virgen del Rosario y recomendó el rosario como oración potente para obtener todo bien y alejar todo mal, Padre Pío hizo del rosario su oración incesante e incansable de día a día. Decía el Beato Padre Pío: "¿si la Virgen Santa lo ha siempre calurosamente recomendado donde quiera que ha aparecido, no nos parece que deba ser por un motivo especial?".

"QUISIERA QUE LOS DIAS TUVIERAN 48 HORAS PARA PODER REDOBLAR LOS ROSARIOS"
Entre más crecía su clientela mundial, como la llamó el Papa Pablo VI, de sus hijos espirituales, más él aumentaba las coronas del Rosario de recitar.
Era su secreto, con esta cadena que lo unía al Corazón de Jesús a través del Corazón Inmaculado de María, él alejaba los males y obtenía las gracias para sus hijos. Llegó a recitar, en el curso de un día un número incalculable de rosarios. Su oración asidua lo hizo un "Hombre hecho Rosario" o como podría ser llamado el "Santo del Rosario".
Una vez lo oyeron decir: "quisiera que los días tuvieran 48 horas para poder redoblar los Rosarios". Todos los dones y prodigios para las almas los obtenía a través del Santo Rosario.
Un día le pidieron sus hijos espirituales les dejara su herencia espiritual.
Padre Pío respondió inmediatamente sin pensar siquiera: "El Rosario". Y poco antes de la muerte a su amigo y hermano Fray Modestino le dijo: "¡Amen a la Virgen y háganla amar. Reciten siempre el Rosario!". El Padre Pío vivió su vida del altar al confesionario. Siempre con el rosario en la mano, unido al Corazón Inmaculado de María, quien lo formó imagen encarnada de la misericordia del Corazón Eucarístico de Jesús para con el siglo XX. Este siglo de tantos pecados y desafíos a los derechos de Dios como nuestro creador y de ataques horrendos a la dignidad del Hombre.

UNA HISTORIA SOBRE SU AMOR AL ROSARIO
Nos narra P. Stefano Manelli, uno de sus hijos espirituales y gran conocedor de su espiritualidad, una historia de cuando aún era un seminarista capuchino:


"P. Pío oraba mucho aún fuera de las horas de oración comunitaria. Encontrarlo en el coro (lugar donde rezan los religiosos en las iglesias), o en su cuarto haciendo oración, era una cosa normal. Le gustaba mucho ya entonces la oración del Santo Rosario. En sus propósitos espirituales escribió de rezar cada día quince rosarios. Llegó a comprometerse en una competencia (maravilloso y santo deporte) con un compañero Fray Anastasio, a ver quien rezaba un mayor número de rosarios. Una noche sintió un ruido y alguien que se movía en el cuarto cerca del suyo. Se despertó y pensó que los ruidos eran causados por Fray Anastasio que estaba todavía despierto para hacer rosarios, siempre en competencia (santa competencia) con este hermano capuchino. Un cierto momento, desde la ventana, llamó a Fray Anastasio y cual fue su sorpresa cuando de la ventana no se asomó su compañero sino un enorme perro negro con los ojos de fuego.
Fray Pío se quedó como piedra, y el horrible perro, con un salto formidable, desapareció. Fray Pío apenas pudo llegar a la cama casi desmayado. Al día siguiente supo que a su hermano Fray Anastasio lo habían cambiado de cuarto la noche anterior."
Su batalla contra Satanás, el mundo y la carne las libró en modo eficaz a través de la recitación del Santo Rosario. (P. Bernardo María)

CANONIZACIÓN DEL PADRE PIO DE PIETRELCINA
(16 junio 2002) - El martes 26 de febrero el Papa Juan Pablo II, en Consistorio Público ordinario, fijó la fecha de la Canonización del estigmatizado P. Pío de Pietrelcina para el 16 de junio de 1202.
La santidad del humilde fraile capuchino había sido ya reconocida públicamente por el Pontífice el 29 de septiembre de 1990, cuando se dirigió con estas palabras a los grupos de oración "Padre Pío", que celebraban su 40° aniversario: "Ante vosotros brilla un modelo singular de sacerdote, Padre Pío de Pietrelcina, que ha ayudado a tantas almas a encontrar el camino de la Verdad y del Amor... Seguid el ejemplo del Padre Pío; imitad su constante búsqueda de intimidad con el Señor, porque este es el único secreto de la vida espiritual. Recorred, como él, el camino de la auténtica conversión, de la penitencia voluntaria y del abandono confiado en la providencia".
La beatificación del P. Pío en la plaza de San Pedro el 2 de mayo de 1999 fue un acontecimiento multitudinario. La canonización no lo ha sido menos.

¿Quién era el Padre Pío?
Se llamaba Francisco Forgione y nació en Pietrelcina (Benevento), el 25-5-1887.
Hizo el noviciado en Morcone (1903-4). Desde el principio estuvo siempre enfermizo, con extraños síntomas.
El 10-8-1910 se ordenó sacerdote en la catedral de Benevento.
El 8-9-1911 reveló a su confesor la aparición de los primeros síntomas de los estigmas.
Entre 1909 y 1916 estuvo en Pietrelcina, por motivos de salud.
El 4-9-1916 regresó definitivamente a S. Giovanni Rotondo.
El 5-8-1918, un personaje celestial le traspasó el costado con una lanza y el 20 de septiembre se le formaron los estigmas. Los médicos no se explicaban el prodigio y la gente empezó a acudir en masa.
Entre el 1922 y 1931 las autoridades eclesiásticas le impusieron severas restricciones litúrgicas y pastorales. La misma situación se repetirá después de 1960. Su principal apostolado fue el sacramento de la Penitencia.
En enero de 1925 se inauguró junto al convento un pequeño hospital, la "Casa Sollievo della sofferenza" (Casa Alivio del sufrimiento), que hoy dispone de 1200 camas. En 1949 empezaron a formarse los "grupos de oración".
Murió a las 2,30 de la madrugada del 23-9-1968, rodeado por los frailes de su comunidad y recitando el Rosario. A los funerales participaron cien mil personas. Tres días antes se había cumplido el 50 aniversario de los estigmas.
El 4-11-1969 inician los preparativos para la Causa de beatificación y canonización, que se abrió oficialmente el 20-3-1983.
El 23-5-1987 el papa Juan Pablo II sube a San Giovanni Rotondo, a rezar ante la tumba del P. Pío.
El 21-1-1990 se concluyó el proceso diocesano para la beatificación, que fue admitido por la Congregación para la Causa de los Santos el 7 de diciembre del mismo año.
El 13-6-1997, los 9 consultores teólogos de la Congregación expresan su parecer favorable a la heroicidad de las virtudes del P. Pío.
El 21 de octubre hace lo propio la Comisión cardenalicia. Y el 18 de diciembre, en presencia de Juan Pablo II, se lee el decreto sobre la heroicidad y el P. Pío recibe el título de Venerable.
El 30-4 y el 22-10-1998, la Consulta médica y la Comisión teológica admite como inexplicable una curación operada por intercesión del Venerable, en la persona de la señora Consiglia de Martino. El 22 de diciembre siguiente, el Consistorio, en presencia del Papa, se lee el decreto del milagro y se fija la fecha de la Beatificación.
Juan Pablo II, que lo beatificó en San Pedro de Roma el 2-5-1999, lo ha canonizado en la misma plaza, el 16-6-2002.
El 26-2-1202, en Consistorio se lee el decreto de un nuevo milagro, y se fija la fecha del 16 de junio siguiente para la Canonización, que pasará a la historia como una de las mayores concentraciones de fieles en la Plaza de San Pedro de Roma.

UN PENSAMIENTO DE SAN PIO DE PIETRELCINA
"Apenas me pongo a rezar y enseguida me siento el corazón invadido de una llama de amor vivo, esa llama que no tiene nada que ver con cualquier llama de este bajo mundo. Es una llama delicada y bastante dulce, que abrasa y da pena alguna. Es tan dulce y deliciosa que el espíritu experimenta su complacencia, y se queda saciado de tal modo que no pierde el deseo; y, ¡oh Dios! algo sumamente maravilloso para mí y que quizás no llegaré nunca a comprender, sino en la patria del cielo.Este deseo, lejos de quitar la saciedad del alma, la va refinando cada vez más. El gozo que siente el alma allá en su centro, en vez de quedar disminuido por el deseo, se queda cada vez más perfeccionado; lo mismo se diga del deseo de gozar siempre de esta vivísima llama, pues tal deseo no es apagado por el gozo, sino que queda muy refinado por el gozo mismo".

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