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martes, 30 de marzo de 2021

Retiro Pascual con el Padre Pío



Retiro Virtual

 

domingo, 28 de marzo de 2021

12 interesantes datos sobre la vida del padre Pío


Como en vida tenía fama de santidad, fue muy fotografiado, y se ha escrito mucho sobre él, probablemente ya lo conoces, pero hay doce cosas muy interesantes que tal vez no sabes sobre el padre  Pío:

1. Su verdadero nombre no era Pío, sino Francesco
Nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, Italia, y le pusieron Francesco, nombre de un hermanito suyo que nació un año antes que él y murió.

2. Recibió los ‘estigmas’
Durante cuarenta años tuvo en manos, pies y costado, heridas como las de Jesús, de las que brotaba sangre que olía a flores. Las cubría con guantes porque no le gustaba mostrarlas. Le dolían mucho; no cicatrizaban, pero nunca se infectaron.

3. Podía leer las conciencias y predecir eventos futuros.
Acudían multitudes a confesarse con él. Pasaba en promedio dieciséis horas diarias confesando. Conocía los pecados de la gente antes de que ésta los confesara.
Supo quiénes serían los siguientes Papas, incluyendo a san Juan Pablo II.

4. Luchaba físicamente con el demonio.
De noche se oían en su celda ruidos espeluznantes, gritos, golpes que aterraban a los otros frailes. Al final quedaba físicamente maltrecho, pero espiritualmente victorioso.

5. Veía a su Ángel de la Guarda.
Platicaba con él y le pedía ayuda. Por ejemplo, cuando un amigo, queriendo asegurar que si alguien interceptaba su carta, no la entendiera, le escribió en griego al padre, éste pidió a su Ángel la tradujera.

6. Lo visitaban almas del Purgatorio.
Solían aparecérsele almas que pedían Misas para salir del Purgatorio. Les preguntaba datos sobre su muerte, comprobaba su veracidad, e intercedía por ellas ante Jesús.

7. Era muy devoto de María y rezaba muchos Rosarios cada día
María se le aparecía. Él llevaba siempre un Rosario que consideraba la mejor arma contra el mal. Animaba a todos a rezarlo. Rezaba diario alrededor de cuarenta Rosarios.

8. Tenía el don de bilocación
En una ocasión, se presentó en una casa a auxiliar a un moribundo, y luego se comprobó que a esa misma hora estaba en el convento.

9. Fundó un Hospital
Con esfuerzo y donativos, mandó edificar la “Casa Sollievo della Sofferenza” (Casa Alivio del Sufrimiento), para dar atención médica y espiritual a enfermos pobres.

10. Inició los ‘Grupos de oración del padre Pío’
Hoy en día hay millones de estos grupos en todo el mundo. Sus miembros se comprometen a orar, a hacer buenas obras y a amar a la Iglesia, y tienen presente este lema del padre: ‘Ora, espera y no te preocupes’.

11. Su condición física era médicamente inexplicable
Casi no dormía; a veces su único alimento era la Eucaristía. Durante sus éxtasis quedaba como muerto; y su temperatura subía tanto que rompía el termómetro. Llegó a tener más de 48 grados.

12. Su cadáver se mantiene incorrupto
El padre Pío murió en san Giovanni Rotondo, el 23 de septiembre de 1968. Su cuerpo está en una urna de cristal, y luce como si estuviera dormido. Fue canonizado en 2002.

viernes, 26 de marzo de 2021

CATEQUESIS PARA LOS GRUPOS DE ORACIÓN DEL PADRE PÍO

jueves, 25 de marzo de 2021

Oraciones para Pascua



ORACIÓN PARA PASCUA

Señor Jesús, resucitando de la muerte que conquistó el pecado: hace que nuestra Pascua marca una victoria completa sobre el pecado.
Señor Jesús, resucitando de la muerte han dado a su cuerpo una fuerza inmortal: es que nuestro cuerpo revela la gracia que da la vida.
Señor Jesús, resucitando de la muerte que ha traído a su humanidad en el cielo;
hace que también se mueven hacia el cielo, con una verdadera vida cristiana.
Señor Jesús resucitar de entre los muertos y ascender al cielo, Usted prometió su regreso: Hace que nuestra familia está lista para compostura en el gozo eterno.
Amén.

ORACIÓN AL CRISTO RESUCITADO
Oh Jesús, que por su resurrección ha triunfado sobre el pecado y la muerte, y revestidos de gloria y luz inmortal,
concédenos que resucitaremos con ustedes, con el fin de comenzar una nueva vida junto a ti, brillante, santo.
El trabajo en nosotros, oh Señor, el cambio divino que opera en las almas que te aman:
hace que nuestro espíritu, maravillosamente transformada por la unión contigo, brillo de la luz, canciones alegres, que conducen hacia el bien.
Usted, con su victoria que ha abierto a los hombres horizontes infinitos del amor y de la gracia, nos sugiere la ansiedad de la difusión por la palabra y el ejemplo, el mensaje de la salvación, concédenos el celo y ardor al trabajo para la venida de su reino.
Hace que estemos satisfechos con su belleza y su luz y deseamos unirnos a ustedes para siempre.

ORACION A JESUS RESUCITADO
O mi Jesús resucitado, devotamente Adoro y beso las llagas gloriosas de su santísimo cuerpo, y para ello te pido con todo mi corazón para que me levanto de una vida de indiferencia a una vida de fervor y luego pasar de la miseria de esta tierra a la gloria Paraíso eterno.
Amén.

SEÑOR DE LA RESURRECCIÓN
Jesús, el Hombre de la Cruz, Señor de la Resurrección, llegamos a la Pascua como peregrinos sedientos del agua viva.
Se muestra a nosotros en la gloria leve de Tu Cruz; se nos muestra en todo su esplendor de su Resurrección.
Jesús, el Hombre de la Cruz, Señor de la Resurrección, Les pedimos que nos enseñes el amor que nos imitadores del Padre hace,
la sabiduría que hace que la vida buena, la esperanza que se abre a la esperanza del mundo futuro ...
Señor Jesús, la estrella del Gólgota, gloria de Jerusalén, y las ciudades de todos los hombres, enseñar siempre la ley del amor, la nueva ley que renueva para siempre la historia del hombre.
Amén.



DOMINGO DE PASCUA
Domingo de Pascua: el amor que corre rápido!
Funciona María Magdalena, y también dirige Peter
Pero el Señor no está ahí, ya no existe: la ausencia dichosa! Bendita esperanza!
También se ejecuta el otro discípulo corrió más rápido, más rápido.
Pero no tiene que entrar en: el corazón ya sabe la verdad de que los ojos sigan adelante.
El corazón, el más rápido de un vistazo!
Señor Resucitado: acelera nuestra raza, se aleja nuestros cantos rodados, se ve precioso fotos de la fe y el amor.
Señor Jesús, trascinaci de nuestras tumbas rivestici y la vida que nunca muere, como lo hizo el día de nuestro bautismo!
amén

CRISTO RESUCITADO
La vida es una fiesta porque Cristo ha resucitado y nos resucitará.
La vida es una fiesta: podemos mirar hacia el futuro con confianza porque Cristo ha resucitado y nos resucitará.
La vida es una fiesta: nuestra alegría es nuestra santidad;
nuestra alegría nunca fallará: Cristo ha resucitado y nos resucitará.


RESURRECCIÓN
Tú, Jesús, la resurrección "He logrado la expiación de los pecados; usted graniza nuestro Redentor.
Tú, Jesús, la resurrección ha vencido a la muerte; se cantan los himnos de victoria: Usted es nuestro Salvador.
Tú, Jesús, por tu resurrección han abierto una nueva existencia; usted es la vida.
¡Aleluya!
Es el grito de la oración de hoy.
Tú eres el Señor.

El Gran Milagro de Pascua del P. Pío.




Paolina estaba gravemente enferma, sus familiares y amigos que se preparaban para su muerte, pero el Padre Pio prometió que durante su Misa de Pascua `resucitaría´ con Cristo.

En los primeros meses de 1925, Paolina Preziosi, una mujer santa y buena madre de sus cinco hijos, se enfermó de bronquitis. Era una franciscana de la Tercera Orden y era muy querida por la gente de San Giovanni Rotondo, donde vivía. Se dijo de ella que "ella tenía una gran delicadeza de conciencia".
A medida que se acercaba la Semana Santa, su estado se tornó grave y se convirtió en neumonía.

 Algunos de sus amigos se acercaron al Padre Pío para pedirle ayuda. Pero él respondió: "¿Qué puedo hacer? Soy solo un pobre pecador". Añadió que debían orar y seguir orando para que el Señor no se la lleve. Su familia, parientes, amigos y vecinos oraron, pero parecía que sus súplicas no estaban llegando al cielo. A medida que su condición se volvía cada vez más desesperada, el médico comenzó a temer por su vida. Las medicinas no tuvieron efecto, y ella casi había dejado de comer.

El domingo de Ramos, sus amigos una vez más suplicaron al Padre Pío. Relataron sus temores por el destino de sus cinco hijos si moría. Pero parecía preocupado, como si no estuviera seguro de que la Divina Providencia intervendría. Parecía que él sentía que su destino ya estaba decidido y que no podía cambiarse. Los amigos continuaron insistiendo: "Padre, el médico dice que no hay esperanza".

Finalmente volvió a sí mismo y los miró con serenidad, casi como si hubiera encontrado una solución. Luego les dijo con decisión: "Paolina `resucitará´ con Jesús. Es tan buena persona que el Señor la quiere con Él en el cielo, pero sus hijos la necesitan. Ella debe seguir orando y no tener miedo. Dile que volverá a levantarse con el Señor.

Las palabras del Padre Pío asumieron un significado profético, ya que estaba anunciando un milagro en un momento específico. "El Padre Pío dijo que Paolina se levantará con el Señor", repitió la gente durante la Semana Santa. La noticia circuló por todo San Giovanni e incluso a las ciudades vecinas en la provincia de Puglia, provocando disputas y discusiones. Los enemigos del Padre Pío se rieron y esperaron el día en que se confirmara la estupidez de quienes creían en él. Pero otros estaban seguros de que ella se curaría; sin embargo, se preguntaban si la cura ocurriría en la misa del Sábado Santo o el domingo.
La noche del Viernes Santo, la desventurada mujer siguió pidiéndole a Dios que le permitiera vivir por el bien de sus hijos. Luego, el padre Pío, consciente de sus intensos ruegos y profundamente conmovido, se le apareció en una bilocación. "No temas", le dijo a ella. “No temas, hija de Dios, ten fe y esperanza; En la misa de mañana, cuando suenen las campanas de la iglesia para la resurrección de Cristo, serás curada ".

La pobre mujer oró toda la noche, junto con sus amigos, vecinos y familiares. Ya habían preparado el ataúd, como era la costumbre en el área, ya que solo un milagro podría salvar su vida. No había nada que los médicos pudieran hacer por ella, porque la ciencia era impotente para restaurar la salud de alguien que estaba más muerto que vivo. El padre Pío, sin embargo, insistió en que debían continuar orando al Señor por su curación. Pero más tarde esa noche ella entró en estado de coma, y los miembros de la Tercera Orden prepararon su mortaja franciscana, para vestirla tan pronto como ella muriera.
Temprano en la mañana del sábado santo, una de sus parientes, con dos de los hijos de Paolina, fue al monasterio para rogar una vez más al Padre Pio, que era su última esperanza. Ante las lágrimas desenfrenadas, especialmente de los pequeños, no pudo resistir su petición y redobló sus oraciones. “Padre celestial, por favor, concede que el sacrificio de la misa renueve la vida y la salud de tu hija. En su bondad, ella está lista para estar contigo, pero permítale que permanezca aquí en la tierra por el bien de sus cinco hijos pequeños ”. Abrazó a los dos niños que estaban presentes. Estaba desconsolado por su inocente sufrimiento. Mientras tanto, se le pasó una nota que indicaba que el párroco había llegado a la casa de los Preziosi para administrar los últimos ritos de la Iglesia. A medida que avanzaba la mañana, recibió más actualizaciones: ella no reconoce a nadie; esta prácticamente muerta.

Después de escuchar las confesiones, el padre Pío se puso sus vestiduras sacerdotales. Se acercó al altar y comenzó la misa de Pascua para el sábado en la iglesia del monasterio de Nuestra Señora de Gracia. Todos los ojos estaban sobre él. "Está triste", dijeron algunos. "Ha estado llorando", dijeron otros. 
"Nunca lo había visto tan abatido". Pero en la Gloria, todos lo vieron transfigurado, mientras grandes lágrimas caían de sus ojos. Al mismo tiempo, las campanas de la iglesia, que habían estado en silencio toda la semana, ¡anunciaron la resurrección de Cristo, enviando sus hosannas al Señor! ¡Gloria a Dios que ha resucitado!

Al sonido de las campanas, Paolina Preziosi, como impulsada por una fuerza sobrehumana, se levantó de su cama. Ella dirigió a Dios y al Padre Pío oraciones de alabanza, agradecimiento y gratitud. 
La gente salió corriendo, gritando "¡Milagro! ¡Paolina está curada! "Las noticias resonaron en todas partes, incluso llegando a los que asistían a la misa." El milagro sucedió ", se susurraron entre ellos, mientras las lágrimas corrían por sus rostros. Al final de la ceremonia, tantas personas se lanzaron a la sacristía para ver al Padre Pío que los carabineros tuvieron que intervenir para frenar el entusiasmo de la multitud.

Luego, alguien le comentó que tal vez Dios quería que esta mujer estuviera con Él, pero ahora ella ha regresado a la tierra. El Padre Pío respondió: "¡También es hermoso ser exiliado del Paraíso por amor!"Esta madre de muchos hijos había obtenido la gracia de la Madre de Dios. El Padre Pío había orado a Jesús y a San José, pero de manera especial a la Santísima Virgen. Ciertamente, la frase escrita en la entrada de una de las celdas de su monasterio debe haber llegado a su mente: "María es la razón completa de mi esperanza" (María y tutta la ragione della mia speranza).

Misal Abril 2021

lunes, 1 de marzo de 2021

Misal Marzo 2021

viernes, 12 de febrero de 2021

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2021


 
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2021
 
«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén...» (Mt 20,18).
Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad.
 
Queridos hermanos y hermanas:
Cuando Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección, para cumplir con la voluntad del Padre, les revela el sentido profundo de su misión y los exhorta a asociarse a ella, para la salvación del mundo.

Recorriendo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las celebraciones pascuales, recordemos a Aquel que «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,8). En este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, para renacer como hombres y mujeres nuevos, gracias a la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

1. La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.
En este tiempo de Cuaresma, acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación. Esta Verdad no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Esta Verdad es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino —exigente pero abierto a todos— que lleva a la plenitud de la Vida.

El ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo en cuanto, como nos enseña santo Tomás de Aquino, el amor es un movimiento que centra la atención en el otro considerándolo como uno consigo mismo (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 93).

La Cuaresma es un tiempo para creer, es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle “poner su morada” en nosotros (cf. Jn 14,23). Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador.

2. La esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino   
La samaritana, a quien Jesús pide que le dé de beber junto al pozo, no comprende cuando Él le dice que podría ofrecerle un «agua viva» (Jn 4,10). Al principio, naturalmente, ella piensa en el agua material, mientras que Jesús se refiere al Espíritu Santo, aquel que Él dará en abundancia en el Misterio pascual y que infunde en nosotros la esperanza que no defrauda. Al anunciar su pasión y muerte Jesús ya anuncia la esperanza, cuando dice: «Y al tercer día resucitará» (Mt 20,19). Jesús nos habla del futuro que la misericordia del Padre ha abierto de par en par. Esperar con Él y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor. Significa saciarnos del perdón del Padre en su Corazón abierto.

En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación. El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos (cf. Carta enc. Laudato si’, 32-33;43-44). Es esperanza en la reconciliación, a la que san Pablo nos exhorta con pasión: «Os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). Al recibir el perdón, en el Sacramento que está en el corazón de nuestro proceso de conversión, también nosotros nos convertimos en difusores del perdón: al haberlo acogido nosotros, podemos ofrecerlo, siendo capaces de vivir un diálogo atento y adoptando un comportamiento que conforte a quien se encuentra herido. El perdón de Dios, también mediante nuestras palabras y gestos, permite vivir una Pascua de fraternidad.

En la Cuaresma, estemos más atentos a «decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de «palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian» (Carta enc. Fratelli tutti [FT], 223). A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser «una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia» (ibíd., 224).

En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura.
Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios “hace nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21,1-6). Significa recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios resucita al tercer día, “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza” (cf. 1 P 3,15).

3. La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.
La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión.

«A partir del “amor social” es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos» (FT, 183).

La caridad es don que da sentido a nuestra vida y gracias a este consideramos a quien se ve privado de lo necesario como un miembro de nuestra familia, amigo, hermano. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 R 17,7-16); y con los panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente (cf. Mc 6,30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez.

Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he redimido» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.

«Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrados en la sociedad» (FT, 187).
Queridos hermanos y hermanas: Cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.

Que María, Madre del Salvador, fiel al pie de la cruz y en el corazón de la Iglesia, nos sostenga con su presencia solícita, y la bendición de Cristo resucitado nos acompañe en el camino hacia la luz pascual. 

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2020, memoria de san Martín de Tours.
 
Francisco

 

miércoles, 3 de febrero de 2021

Esta oración del Padre Pío podrá ayudarte en tu depresión o tristeza

 


“Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi luz, y sin ti, estoy en tinieblas”, versa la oración escrita por San Pío de Pietrelcina y que es recomendada por el sitio web de



la Diócesis de Celaya (México) para las personas que sufren de depresión o enfrentan una profunda tristeza.


El artículo señala que el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM) "incluye definiciones clínicas para la depresión”, pero también se puede recurrir “a la explicación sobre la oscuridad espiritual que San Juan de la Cruz escribe en 'Noche oscura del alma'”.


“Sea cual sea la manera en que hayas llegado a un estado depresivo, fuera cual fuera la historia que te llevó allí, la clave en esos momentos oscuros es extender la mano, buscar el contacto” con Dios, describe el texto.


El autor indicó que “el estado de oscuridad y depresión no es un vacío. Es un espacio lleno de conocimiento ante el que estamos momentáneamente cegados”.


"Cuando intentamos alcanzarlo solos, a menudo estamos demasiado exhaustos como para seguir profundizando y, así, sucumbimos a las oleadas de desesperación”, agregó.


“Aunque nos hayan enseñado que perder la esperanza es volver la espalda a Dios —lo cual es pecado—, hay otro elemento de la desesperación que a veces se pasa por alto. Deriva de la Regla de San Benito: ‘Que en todo sea Dios glorificado’”.


El autor relató que en una confesión, “estando yo en una época de depresión, el sacerdote me dio una penitencia muy concreta. Debía leer sobre Jesús caminando sobre el mar tempestuoso, y sobre el miedo de Pedro en Mateo 14,30-31. Luego había de reflexionar, específicamente, sobre el momento en que Pedro desespera y busca la ayuda de Nuestro Señor, ese segundo justo antes de que Jesús le sostuviera su mano”.


“Fue un momento oscuro lleno de duda para Pedro, cuya fe había flaqueado. También fue una respuesta intuitiva para una persona que se ahoga físicamente: extender la mano”, señaló.


Explicó que esta es “una metáfora para extender la mano hacia Cristo psicológicamente y espiritualmente. Me sorprendió lo rápido que el instinto de sobrevivir espiritualmente se emparejó al deseo de vivir físicamente cuando se está agotado y en aguas profundas”.


Por ello, "con la tranquilidad de saber que el Señor ha cogido mi mano y que no me ahogaré, a menudo leo esta oración, a veces incluso tres veces entera”:


Quédate conmigo, Señor, porque es necesario que

estés presente para que no te olvide. Ya sabes lo fácil que te abandono.

Quédate conmigo, Señor, porque soy débil

y necesito tu fuerza para no caer tan a menudo.

Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi vida,

y sin ti, no tengo fervor.

Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi luz,

y sin ti, estoy en tinieblas.

Quédate conmigo, Señor, para que escuche tu voz

y te siga.

Quédate conmigo, Señor, porque deseo amarte

mucho y estar siempre en tu compañía.

Quédate conmigo, Señor, si deseas que te sea fiel.

Quédate conmigo, Señor, porque por pobre que sea mi alma

quiero que sea un lugar de consuelo para Ti, un nido de amor.


San Pío de Pietrelcina, Rezo para después de la Comunión.

Misal Febrero 2021

martes, 2 de febrero de 2021

La receta «irresistible» del Padre Pío para un matrimonio feliz


Giovanni y Paola llevan casados sesenta años y no dudan en dar testimonio a su alrededor de que su pareja dura gracias a esta “receta” del Padre Pío


Padre Pío tenía un ritual cotidiano: cada día, recitaba el pequeño rosario al Sagrado Corazón de Jesús, una oración para la intención de todos quienes se encomendaban a sus oraciones. Y eran muchos los que le pedían su intercesión por una causa difícil. Entre ellos, Giovanni y Paola Siena, una pareja italiana a la que el místico de Pietrelcina había “prometido” nueve hijos…


Todo comenzó en la década de 1920 en San Giovanni Rotondo, donde vivía el Padre Pío. Giovanni Siena conoció por primera vez al místico capuchino durante su primera comunión en 1928. Tenía 8 años por entonces. Tras haber trabajado en las minas, luego como docente y periodista, terminó por unirse al equipo de la clínica para personas necesitadas fundada por el Padre Pío, la Casa Sollievo della Sofferenza, donde se cruzó de nuevo con el padre capuchino.


En ese mismo momento, su futura esposa Paola, una joven de 21 años, hacía visitas regularmente al místico. Como ella misma atestiguaría más tarde, fue gracias a la intercesión del Padre Pío que resultó milagrosamente sanada de su depresión y de graves problemas pulmonares.


«Un buen joven»

Como Paola residía también en San Giovanni Rotondo, veía con frecuencia al místico. Convencida de que su vocación se encontraba en el matrimonio, la joven pidió consejo un día al Padre Pío: “Pero ¿cuál es tu deseo profundo?”, le preguntó el capuchino. Paola le respondió que quería fundar una familia, que le encantaban los niños y que soñaba con tener los suyos propios. “Entonces, recemos para que Dios te permita conocer a un buen joven”, concluyó el místico, y le dio algunos consejos: confesarse regularmente y comulgar todos los días.


Algún tiempo después, Paola descubrió que un tal Giovanni tenía mucho interés en ella. Se lo encontraba de vez en cuando en el entorno del futuro santo. Cuando convinieron prometerse al cabo de unos meses, decidieron rezar juntos diariamente y confiar a Dios su futuro matrimonio.


El 27 de agosto de 1950, durante una misa celebrada a las 5 de la mañana, el religioso les dio el sacramento del matrimonio. Emocionado, Pío repitió al final de la ceremonia este anhelo: “¡Sed felices, sed felices, sed felices!”.


La receta del Padre Pío

Cuando llevaban casados solamente algunos meses, Paola y Giovanni descubrieron que no podían tener hijos: Paola padecía infertilidad. El Padre Pío, que seguía acompañando a la pareja, les prometió rezar todos los días el pequeño rosario al “Sagrado Corazón de Jesús” y le dijo a Giovanni que lo contara en su libro Il mio amico Padre Pio: “Ya verás, tendrás tantos hijos como hay coros de ángeles”.


Con sorprendente rapidez, una pequeña les nació el 24 de julio de 1951. Sin embargo, cayó gravemente enferma y, según los médicos, no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir. La desesperada pareja pidió entonces al Padre Pío que rezara por su hija a punto de morir. Él les tranquilizó en seguida: su hija no moriría y viviría mucho tiempo. Y la niña sanó.


Después de este “milagro”, Giovanni y Paola permanecerían aún más cercanos al místico, hasta su muerte en 1968.


Se confesaban con él, rezaban con él y le pedían regularmente consejo en relación al matrimonio, a la educación de sus nueve hijos y a las preocupaciones cotidianas.


Paola dijo un día: “Después de sesenta años de matrimonio, puedo decir que la receta del Padre Pío, esta oración al ‘Sagrado Corazón de Jesús’, funciona. Giovanni y yo nos queremos como el primer día”.

domingo, 17 de enero de 2021

Las 15 frases más emblemáticas del Padre Pío


El Padre Pío será recordado durante mucho tiempo por sus innumerables enseñanzas espirituales y que se plasmaron en decenas de frases emblemáticas a lo largo de su vida. Aquí se puede leer 15 ellas gracias a la selección del National Catholic Register.


1. La sociedad de hoy no reza, por eso se está desmoronando.

2. La oración es la mejor arma que poseemos, la llave que abre el corazón de Dios.

3. Ora, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Nuestro Señor misericordioso escuchará tu oración.

4. Sería más fácil para el mundo existir sin el sol que sin la Santa Misa.

5. Mil años de disfrutar de la gloria humana no valen ni una hora en dulce comunión con Jesús en el Santísimo Sacramento.

6. En la vida espiritual, el que no avanza retrocede. Sucede como con un barco que siempre debe seguir adelante. Si se detiene, el viento lo devolverá.

7. Debes hablar a Jesús también con el corazón, además de los labios; de hecho, en ciertos casos debes hablar con Él solo con el corazón.

8. Siempre debemos tener coraje, y si nos llega alguna languidez espiritual, corramos a los pies de Jesús en el Santísimo Sacramento y ubiquémonos en medio de los perfumes celestiales, y sin duda recuperaremos nuestra fuerza.

9. ¿Hace algún tiempo que no amas al Señor? ¿No lo amas ahora? ¿No anhelas amarlo para siempre? Por lo tanto, ¡no temas! Aún admitiendo que has cometido todos los pecados de este mundo, Jesús te repite: “¡Muchos pecados te son perdonados porque has amado mucho!”.

10. No te preocupes por las cosas que generan preocupación, desorden y ansiedad. Una sola cosa es necesaria: Elevar tu espíritu y amar a Dios.

11. Donde no hay obediencia, no hay virtud; no hay bondad ni amor. Y donde no hay amor, no hay Dios. Sin Dios, no podemos alcanzar el Cielo. Estas virtudes forman una escalera; si falta un paso, nos caemos.

12. Los mejores medios para protegerte de la tentación son los siguientes: cuida tus sentidos para salvarlos de la tentación peligrosa, evita la vanidad, no dejes que tu corazón se exalte, convéncete del mal de la complacencia, huye del odio, reza cuando sea posible. Si el alma supiera el mérito que uno adquiere en las tentaciones sufridas en la paciencia y conquistado, estaría tentado a decir: Señor, envíame tentaciones.

13. Es necesario proteger todos tus sentidos, especialmente tus ojos: son los medios por los cuales toda la fascinación y el encanto de la belleza y la voluptuosidad entran en el corazón. Cuando la moda, como en nuestro tiempo, es hacia la provocación y expone lo que antes era incorrecto pensar, se debe tener precaución y autocontrol. Siempre que sea necesario, debes mirar sin ver y ver sin pensarlo.

14. Debes recordar que tienes en el Cielo no solo un Padre sino también una Madre. Entonces recurramos a María. Ella es toda dulzura, misericordia, bondad y amor para nosotros porque es nuestra Madre.

15. El amor y el miedo deben ir unidos, el miedo sin amor se convierte en cobardía. El amor sin miedo se convierte en presunción. Cuando hay amor sin miedo, el amor corre sin prudencia y sin restricción, sin preocuparse por dónde va. 


viernes, 8 de enero de 2021

Misal Enero 2021

 



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