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viernes, 27 de septiembre de 2013

A 45 años de su muerte “Haré más ruido muerto que vivo”: Padre Pío


• En la Ciudad de México, varias parroquias promueven su devoción a través de grupos de oración.

El pasado 23 de septiembre se cumplieron 45 años de la muerte de uno de los santos contemporáneos más queridos de la Iglesia universal: el Padre Pío de Pietrelcina, cuya vida, apegada a la oración, el sacrificio y la pobreza, ha inspirado a la conversión de creyentes y no creyentes.

El Padre Pío sufrió los estigmas de Cristo, y era conocido en todo el mundo por el don de sanación y por “leer la conciencia” de quienes acudían a confesarse con él. El Papa Juan Pablo II lo conoció personalmente en 1947, poco después de su ordenación sacerdotal, y según rumores, el Padre Pío profetizó que aquel joven sacerdote sería un día Papa.



El culto en el DF

Actualmente, existen varias iglesias en la Arquidiócesis de México en las que se venera a este santo capuchino, entre ellas, la Catedral Metropolitana. En este recinto, dentro de la capilla que lleva el nombre de Nuestra Señora de los Dolores, se encuentra una escultura de bronce que fue entronizada y bendecida por el cardenal Norberto Rivera Carrera el 14 de octubre de 2012.

Al poniente de la Ciudad de México también se encuentra la Parroquia Inmaculada y San Pío, ubicada en la colonia las Águilas, donde cada primer jueves de mes decenas de fieles se reúnen ante una reliquia de primer grado del santo italiano para orar por las necesidades de la comunidad. Se trata de un pañuelo que utilizó el Padre Pío para proteger la llaga de su costado que le producía el estigma.

Otra parroquia en la que se le rinde culto es en la del Señor de la Resurrección, en la colonia Bosques de las Lomas, donde existe un gran grupo de oración conformado por decenas de fieles, quienes se reúnen los primeros martes de cada mes para orar frente a la imagen del Padre Pío y participar en diversas actividades.

Los Grupos de Oración

“Aquí se hace viva la frase que nuestro hermano: ‘haré más ruido muerto que vivo’, ya que gracias a su humildad y humanidad por los más débiles, tiene una gran devoción a nivel mundial. Basta recordar su canonización hecha por Juan Pablo II el 16 de junio de 2002, cuando una multitud abarrotó la plaza de San Pedro”, expresó Fray Wer, miembro de los Hermano Menores Capuchinos México-Texas, quienes trabajan arduamente difundiendo los Grupos de Oración del Padre Pío.

“Estos grupos constituyen una de las grandes obras de nuestro santo, surgida espontáneamente como derivación de su apostolado. El Padre Pío exhortaba invariablemente a sus penitentes y conocidos a la oración, la que él mismo practicaba con preferencia y perseverancia. Estaba convencido de que ‘la oración es la mejor arma que tenemos, es la llave que abre el corazón de Dios’”, mencionó Fray Wer.

En todo el mundo existen más de 300 mil Grupos de Oración certificados por el Convento y Santuario de Nuestra Señora de las Gracias en San Giovanni Rotondo, en Italia, y dos de ellos se encuentran en la Arquidiócesis de México.

Para promover aún más este regalo espiritual del Padre Pío, los Hermanos Menores Capuchinos de México-Texas han puesto en línea su portal www.padrepiomexico.org a través del cual se brinda atención a quienes quieren saber más sobre este santo italiano y ser parte de los Grupos de Oración.

“Aprovechamos las nuevas tecnologías para tener un mayor contacto con quienes necesitan de una oración o una palabra de aliento. Por eso también abrimos en Facebook nuestro perfil para ayudar en la formación espiritual y humana a nuestros hermanos. Ahí compartimos temas que los invitan a vivir las notables características del Padre Pío”, concluyó Fray Wer.

http://www.padrepiomexico.org/


lunes, 23 de septiembre de 2013

A 45 años de la muerte del P. Pío




El Padre Pío, aquel fraile capuchino que nació en Italia, es uno de los santos cuya vida extraordinario le hace ser conocido en todo el mundo, conquistando el corazón de millones de devotos. Su vida le hace ser uno de los más grades místicos de nuestra Iglesia y un gran ejemplo para nuestro tiempo.  Nuestro santo nació en Pietrelcina el 25 de mayo de 1887 y murió en San Giovanni Rotondo el 23 de septiembre de 1968.

Su vida, de 81 años, no sobresalió por una maravillosa inteligencia ni por logros humanos claramente medibles. Su vida fue obra de la gracia excepcional de Dios y de su respuesta admirable y continua, manifestada a través de signos sobrenaturales como los estigmas en pies, manos y costado que le acompañaron visiblemente durante 50 años.

Cómo fue la vida del Padre Pío? 
El Padre Pío, San Pío de Pietrelcina, no hizo sino recibir las gracias de Dios y dar respuesta a ellas mediante su vida de oración, sufrimiento y caridad. La grandeza de su vida, que le llevó a ser un gran hermano capuchino no fue otra que vivir el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. En concreto lo que encaminó al Padre Pío a vivir el amor radical a Jesús y a su iglesia fue:

1. Vivió su vocación de franciscano capuchino en una entrega total.  Desde niño, vivió una vida de oración y penitencia, de éxtasis y apariciones iluminada por la figura de San Francisco de Asís. El 6 de enero de 1903, con la bendición de su madre y un rosario que ésta le regaló, partió al noviciado de los Capuchinos. La pluma del P. Pío nos refiere que “había sentido desde los más tiernos años un fuerte vocación al estado religioso”. Fue un fraile ejemplar, tenía un gran amor a la oración y servía a sus hermanos como una madre. El P. Pío escribió: “¡Oh Dios! No dejes de hacerte oír cada vez más a mi pobre corazón y cumple en mí la obra comenzada por ti… Que Jesús me conceda la gracia de ser un hijo menos indigno de San Francisco; que pueda ser ejemplo para mis hermanos, de manera que el fervor continúe sin cesar creciendo en mí, y me haga un perfecto fraile capuchino”

2. Tuvo a María como gran intercesora. La Stma. Virgen María recibía continuas muestras de afecto de Padre Pío. Desde niño rezaba el santo rosario y esta práctica le acompaño durante el resto de su vida. Pero no sólo rezaba él, sino que invitaba a otros a rezarlo con él. María se convirtió en la estrella que guío su vida y en la gran intercesora para llegar a su hijo, Jesús. El 21 de marzo de 1912, estando en Pietrelcina, a causa de la vista deteriorada, es autorizado a celebrar todos los días la Misa votiva de la Virgen María y sustituir el rezo del Oficio Divino por el rezo del Rosario. Cuántos rosarios rezaba el P. Pío? Difícil saberlo, pero por los testimonios, diríamos que de 12 a 15 horas las pasaba rezando el rosario. El P. Pío decía: “¡Amad a la Virgen y hacedla amar! Rezad el Rosario, rezadlo siempre. ¡Rezadlo cuantas veces podáis! El Rosario es la oración que hace triunfar sobre todo y a todos. Ella, María, nos lo ha enseñado así, lo mismo que Jesús nos enseñó el Padrenuestro”. 

3. Siguió a Jesucristo en su “misión corredentora”. Desde temprana edad y más claramente en el noviciado el P. Pío veía que su destino era la “misión grandísima” que el Señor le había encomendado. Y para conseguirlo, creía que su principal apoyo habría de ser su consagración a Dios mediante los tres votos religiosos y la ordenación sacerdotal. Su trato íntimo con Dios le proporcionó una profunda convicción  de lo que era esa “misión grandísima”. Para el P. Pío su misión recibida era: ”Liberar a mis hermanos de los lazos del pecado”; “Conducir a los hombres a la santidad”; “Poner fin a la ingratitud de los hombres hacia su gran Benefactor”. Cumpliendo la tarea recibida confesaba de la mañana a la noche, ofreciendo la misericordia de Dios. Celebraba humildemente la eucaristía, en cada misa celebrada, él subía al Calvario con Cristo crucificado. Recibía un sin número cartas y peticiones que atendía desde el amor de padre. Un punto culmen de haber aceptado la misión que el Señor le encomendó, fue la aparición de las llagas de Jesucristo en su cuerpo. El P. Pío fue otro Cristo que vino a salvarnos entregando su vida. El P. Pío escribió: “Cuando Jesús me quiere dar a entender que me ama, me hace probar las llagas de su pasión, las espinas, las angustias… Cuando quiere que goce, me llena el corazón de ese espíritu que es todo fuego, me habla de sus delicias. Pero cuando quiere ser amado Él, me habla de sus dolores, invitándome con una voz que es a la vez oración y mandato a ofrecerle mi cuerpo para aligerarle las penas”.

4. Experimentó la confianza y el amor de Dios Padre. El P. Pío es atraído a Dios por el soplo del Espíritu Santo y él se adhiere generosa y constantemente en fidelidad a este llamado. El P. Pío es un portento de la gracia de Dios, da gracias por su vocación y alaba a Dios por la misión encomendada. Vive como elegido y amado por Dios. Desde los cinco años se consagra personalmente a Dios, ofreciéndose sin reversas al Reino. A pesar de haber tenido una vida llena de enfermedades y sufrimientos, Dios fue su único Bien y supo cumplir la voluntad divina. Confianza y amor definen su relación con Dios. Y desde aquí quiso guardar a todas las almas de no caer en el pecado de no experimentar el amor y la misericordia de Dios. A cada persona que venía a él, le brindaba una palabra de consuelo, recomendando la oración y la vivencia sacramental. Desde la intención de ofrecer a los hombres el amor de Dios podemos entender mejor sus fenómenos místicos: son manifestaciones divinas para hacer presente el amor del Padre.  El P. Pío escribió: “Ser elegidos y señalados de entre una muchedumbre y saber que esta elección ha sido hecha sin ningún mérito nuestro por Dios desde toda la eternidad “ante mundi constitutionem”, con el único fin de ser suyos en el tiempo y en la eternidad, es un misterio tan grande y dulce que el alma, a poco que lo penetre, no puede sino licuarse toda de Amor”.

Dos grandes obras del P. Pío , que hoy en día siguen, son: 1) la “Casa Alivio del Sufrimiento”, considerada por nuestro santo como “la expresión de la caridad de Cristo a los enfermos” y 2) Los grupos de oración, “un hogar de amor, en el que Cristo está presente cada vez que los hermanos se reúnen para orar”. 

Conocer la vida de San Pío nos lleva a la conclusión de que Dios lo ha colocado en nuestra vida como faro de luz, como vela en la cima, para iluminar nuestro caminar por este mundo. Profundicemos en la vida del santo de Pietrelcina y acojámonos a su intercesión para vivir nuestra fe en la gracia de Dios, que nos llama a ser santos. Aprendamos del Padre Pío que desde la sencillez de vida podemos llegar a hacer grandes cosas por nosotros y por nuestro prójimo.  

Fr. Néstor Wer, OFMCap

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Levántate


Levántate, pues, Señor, una vez más y líbrame ante todo de mí mismo; y no permitas que se pierda aquel a quien con tanto cuidado y urgencia has vuelto a llamar y has arrancado de un mundo que no es tuyo. Levántate, pues, Señor, una vez más y confirma en tu gracia a los que me has confiado; y no permitas que ninguno llegue a perderse abandonando el redil.
¡Oh Dios, oh Dios!... no permitas que se pierda tu heredad. ¡Oh Dios!, manifiéstate cada vez más a mi pobre corazón y completa en mí la obra que ya has comenzado.
Oigo en mi interior una voz que de continuo me grita: Santifícate y santifica. Pues, bien, mi queridísima,  yo lo quiero, pero no sé por dónde comenzar.
Ayúdame también tú; sé que Jesús te quiere mucho y tú lo mereces. Háblale, pues, de mí; que me conceda la gracia de ser un hijo menos indigno de san Francisco; que pueda ser ejemplo para mis hermanos, de modo que el fervor continúe siempre en mí y crezca cada día más, para hacer de mí un perfecto capuchino.
 (Noviembre de 1922, a las hermanas Campanile – Ep. III, p. 1005)

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Nuevo Grupo de Oración del Padre Pío


Nuevo Grupo de Oración del Padre Pío
México, D.F.

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Reunión informativa
Miércoles 18 de septiembre /  5:00 pm


domingo, 8 de septiembre de 2013

La devoción a san Francisco de Asís del Padre Pío de Pietrelcina




«Yo he cumplido mi parte: la vuestra os la enseñe Cristo»
San Francisco (2Cel 214)

El Padre Pío tuvo una devoción especialísima a san Francisco, cuyo nombre llevó desde el nacimiento, quizás porque llegaría un día a ser copia exactísima del mismo.
Al responder a la llamada divina, el venerado Padre dijo: «Señor, ¿dónde podré servirte mejor que en el claustro y bajo la bandera del Poverello de Asís?» (Epist. III,1007).

Con frecuencia tuvo visiones celestes en las que se le aparecía el seráfico Padre. Un día, refiriéndose a una de ellas, dirá: «Jesús, la Mamita, San José y el Padre San Francisco están casi siempre conmigo».
Entre las devociones para practicar diariamente, anotadas en los «Fragmentos de Diario», el Padre Pío, entre otras cosas, escribió: «Novena al Padre San Francisco» (Epist. IV,986).
El nombre de san Francisco aparecía casi siempre en las siglas con las que encabezaba sus cartas y, con frecuencia, en el cuerpo de las mismas. Durante muchos años celebró en el altar de san Francisco, en la antigua iglesita del convento.

El padre Agustín de San Marco in Lamis, en su Diario, describió la participación del Padre Pío en las celebraciones de san Francisco, Patrono de Italia, que tuvieron lugar en San Giovanni Rotondo en 1939. Emocionado, siguió la procesión de la imagen del Poverello desde la ventana del coro.
Desde el momento mismo en que abrazó la vida religiosa, intentó imitar al seráfico Padre. A Nina Campanile le pidió que orase a Jesús por él y escribió: «Háblale de mí, que me conceda la gracia de ser un hijo menos indigno de san Francisco; que pueda servir de ejemplo a mis hermanos de religión, de modo que el fervor se mantenga en mí y crezca cada día hasta hacer de mí un perfecto capuchino» (Epist. IV,1010).
El Padre Pío propagó con entusiasmo el franciscanismo y su espiritualidad, y suscitó numerosas vocaciones a la vida religiosa y a la Tercera Orden.
Se preocupaba muy mucho de que las filas de los «Hermanos y Hermanas de la Penitencia» fuesen cada día más numerosas.

A Elena Bandini escribió el 25 de enero de 1921: «Trabaja con interés por la salvación de nuestros hermanos y da a conocer a todos el espíritu de san Francisco, que coincide plenamente con el espíritu de Jesucristo. La sociedad necesita renovarse y yo no conozco medio más eficaz que el que todos sean terciarios de san Francisco y vivan su espíritu» (Epist. III,1050s). Al conocer el resurgir religioso promovido a través de la Tercera Orden, se sintió contento y consolado. En relación a esto, escribió a Violante Masone: «He llorado de emoción, y en el silencio de la noche y el retiro de mi celdita he elevado mis manos al cielo bendiciéndoos a todas y presentándoos a Jesús y a nuestro común Padre san Francisco. […] No desistas de propagar la Tercera Orden y de promover en todos, por este medio, la verdadera vida. Da a conocer a san Francisco y su auténtico espíritu a todos. Grande es la recompensa que se te reservará allá arriba» (Epist. III,1079s).

Como san Francisco, el Padre Pío tuvo el don de los sagrados estigmas, y permaneció durante cincuenta años clavado a la Cruz, con Cristo, sufriendo indecibles dolores en el cuerpo y en el espíritu.

(Tomado de LA VIDA DEVOTA DEL PADRE PÍO, de Gerardo di Flumeri)

miércoles, 4 de septiembre de 2013

No te deben atemorizar


No te deben atemorizar las innumerables tentaciones que te asaltan de continuo, pues el Espíritu Santo anuncia al alma devota que, si se decide a avanzar por los caminos de Dios, debe disponerse y prepararse para la tentación. Por eso, ¡ánimo!, que la prueba cierta e infalible de la elección de un alma para su perfección es la tentación, en la que la pobrecita será puesta como signo de contradicción en medio de la tempestad. Que nos anime a soportar la dificultad la vida de todos los santos, que no estuvieron libres de esta prueba.
La tentación no respeta a ningún elegido. Ni siquiera respetó al apóstol de las gentes, que, después de haber sido arrebatado en vida al paraíso, fue tal la prueba a la que se vio sometido, que satanás llegó a abofetearlo. ¡Dios mío!, ¡¿quién podrá leer aquellas páginas sin sentir que se le hiela la sangre en las venas?! ¡Cuántas lágrimas, cuántos suspiros, cuántos gemidos, cuántas súplicas, no elevaba este santo apóstol, pidiendo al Señor que retirara de él esta dolorosísima prueba! ¿Y cuál fue la respuesta de Jesús? No otra sino ésta: «Te basta mi gracia... », «la virtud se perfecciona en la enfermedad, en la prueba».
 (4 de septiembre de 1916, a María Gargani – Ep. III, p. 241)

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