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sábado, 18 de mayo de 2019

El poder de la reliquia del padre Pio


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El Honorable Giovanni Tamponi era un magistrado de distrito en la prefectura de Cagliari en la isla de Cerdeña. Se convirtió en uno de los hijos espirituales más devotos del Padre Pío, gracias a la curación milagrosa de su hijo de cinco años, a quien arrebató de una muerte casi segura en 1970. La primera vez que Giovanni había oído hablar del Padre Pío fue en 1958, en un artículo de la revista católica Famiglia Christiana. 


En él se enteró de que este sacerdote llevaba las llagas de Cristo y vivía en un monasterio en San Giovanni Rotondo en el continente italiano. Una cosa le impactó en particular en el artículo: cuando el Padre Pío distribuyó la Comunión a los fieles, quienes se arrodillarían ante el altar para recibirlo de sus manos, hubo ocasiones en que se negó a dar a alguien la Hostia. Giovanni pensó para sí mismo: “¿Cómo puede un sacerdote dar la Hostia Sagrada a unos y no a otros? ¿Qué sabría él? ¿Cómo puede comportarse de esta manera y asumir esta responsabilidad en público?


Deseando aprender más sobre este hombre, Tamponi se dirigió a San Giovanni, llegando en una fría tarde de noviembre. Por "casualidad", la primera persona que se encontró en la plaza de la iglesia de Santa Maria delle Grazie de Padre Pío, fue un abogado de Milán que se ofreció a compartir sus alojamientos alquilados. Giovanni tomó esto como una señal de la Providencia, para alentarlo en su búsqueda para saber más sobre el Padre.Los dos hombres se levantaron a las 4:00 am para llegar a la iglesia antes de las 5:00 cuando las puertas se abrirían. Giovanni, que no estaba familiarizado con la prisa de las "santas mujeres", fue arrastrado por la multitud, que en realidad lo empujó hacia el altar. Hubo un repentino silencio cuando apareció el padre Pío y comenzó la misa, y el silencio que siguió le permitió participar en la Eucaristía "de una manera que no es fácil de describir". Giovanni tenía una pregunta personal que quería hacerle al santo así que cuando terminó la misa lo esperó en el pasillo que atravesó para entrar en el Convento. Pero de repente, una multitud de devotos invadió el área y casi fue arrastrado de nuevo. Sin embargo, fue capaz de acercarse y tocar al Padre Pío. Le hizo la pregunta que había preparado de antemano, pero el Padre Pío dijo bruscamente: "¿Qué quieres?" ("Che vuoi?") Y simplemente siguió caminando. Giovanni trató de seguirlo pero fue inútil debido a todas las personas.

Su nuevo amigo, el abogado de Milán, vio lo que había ocurrido y lo alentó a intentarlo una vez más por la tarde. Así que esperó en el corredor y nuevamente le hizo una pregunta al Padre Pío, pero el santo una vez más dijo "¿Che vuoi?" Sin embargo, para este momento Giovanni había aprendido a abrirse paso entre la multitud y pudo seguirlo correctamente. A la puerta de entrada al convento. El padre Pío estaba a punto de desaparecer detrás de la puerta, cuando de repente se detuvo y se volvió hacia Giovanni. Mirándolo directamente a los ojos, repitió por tercera vez "¿Che vuoi?" Ahora los dos estaban cara a cara, solos. Giovanni intentó repetir su pregunta, pero no pudo pronunciar nada.Entonces se abrió una sonrisa bondadosa y paterna en el rostro seráfico del Padre. Fue un preludio a la respuesta que Giovanni tanto había deseado escuchar, y este consejo personal se le dio de inmediato y con precisión. Giovanni fue vencido, y en ese instante se dio cuenta de que no estaba ante ninguna persona común. La respuesta de Padre Pío fue un punto de inflexión en su vida, marcando un hito fundamental. Dejó la iglesia llena de profunda emoción y alegría, y se encontró con su amigo de Milán, quien compartió su felicidad porque finalmente había hablado con el Padre Pío. Sin embargo, después de menos de dos días completos en San Giovanni Rotondo, tuvo que apresurarse a regresar a su hogar. 

Allí sus familiares y amigos estaban preparando una celebración por su triunfo exitoso en el examen para ingresar a la magistratura en Italia. Durante todo su viaje de regreso, desde Puglia al puerto romano de Civitavecchia, durante la noche en el barco a Cerdeña, y luego otra hora más a su ciudad natal, los pensamientos sobre el Padre Pío ocuparon su mente. La alegría de aprobar el examen le quitó importancia a su entusiasmo por haber conocido al sacerdote del que hablaban todos, el fraile estigmatizado que había señalado claramente la dirección que debía tomar su vida. "Ya, desde este primer breve encuentro con el Padre Pío, tuve la clara sensación de encontrarme ante algo verdaderamente grande, de una elevada espiritualidad en contacto directo con lo Divino, de una verdadera fe con un aura sobrenatural, a través de la cual ya me sentía protegido y atraído "

Al año siguiente, Giovanni Tamponi regresó a San Giovanni Rotondo, y esta vez pudo quedarse más tiempo. Se necesitaba hacer una reserva para confesarse con el Padre Pío, y su turno no llegó hasta el cuarto día de su estadía. Él había estado yendo a la misa de las 5:00 am, y luego habló con las personas que se habían confesado con el Padre.

Muchos le dijeron que el padre Pío relató los pecados cometidos durante sus vidas que habían olvidado por completo. Parecían personas maduras y honestas, y Giovanni no tenía motivos para dudar de lo que decían. Al no tener experiencia con un confesor así, se sintió nervioso y ansioso mientras esperaba su primera confesión con el santo, aunque se sentía preparado para ello. El padre Pío confesó a los hombres en un rincón de la sacristía de la antigua iglesia, detrás de una cortina, y amueblado solo con una silla y un arrodillador. A medida que se acercaba su turno, todos sus preparativos se volvieron completamente inútiles. Acontecimientos y episodios de su vida le vinieron a la mente que ni siquiera había considerado. “Sentí que mi mente ardía y dentro de mi alma un tumulto de sentimientos diferentes, de ansiedades, de tensiones, de agitación, de miedos. Tuve la impresión y la sensación de tener que estar presente no en una confesión normal, a la que estaba acostumbrado, sino en un "juicio divino". 

Parecía que el Padre Pío ya estaba escrutándome y analizándome ”. Comenzó a sudar y no pudo calmarse, y tuvo que aflojarse la corbata porque se sentía asfixiado. Finalmente fue su turno, y rápidamente corrió la cortina y se arrodilló ante el Padre Pío. Estaban cara a cara. “Lo miré pero no pude sostener su mirada; sus grandes ojos negros penetraron en las profundidades de mi alma ". Giovanni comenzó a mencionar un cierto pecado, pero el Padre Pio lo interrumpió:" ¡Ya lo has confesado! Continúa, "instó él. Dirigió lo que era esencialmente un interrogatorio, puntuado por un comentario ocasional. "Experimenté un miedo y una emoción que no puedo describir hasta el día de hoy". Cuando terminó la confesión, pidió ser aceptado como su hijo espiritual, y el Padre Pío aceptó, pero estableció una cierta condición.



Giovanni fue a la iglesia a orar, sintiéndose como una persona diferente. Como un joven magistrado, había tenido exámenes de todo tipo, pero nunca había sufrido y al mismo tiempo se había regocijado tanto . Pero, ¿cómo sabía el padre Pío que había confesado ese pecado? Evidentemente, podía leer almas y vio que no había ninguna mancha correspondiente en él. Giovanni se quedó en la ciudad una semana más y regresó a Cerdeña con una imagen mucho más clara del Padre Pío y también de su propio camino espiritual. Pasaron muchos años durante los cuales continuó visitando San Giovanni Rotondo. 

Luego, en 1966, durante su confesión con el santo, le pidió una bendición especial para su hijo Mario, que acababa de cumplir su primer cumpleaños. El Padre Pío condescendió, "pero tal vez en ese mismo momento comprendió que en cuatro años se necesitaría mucho más que una bendición para salvar la vida del niño". El niño se vio afectado por una infección crónica del tracto urinario. A menudo fue hospitalizado, pero desafortunadamente no se pudo determinar una causa; sin embargo, sus conteos de nitrógeno en la sangre siguieron aumentando. Finalmente, en 1970, un prominente urólogo determinó que Mario padecía una malformación congénita. La función de su riñón se vio afectada debido a los uréteres inflamados y retorcidos que causaron el estancamiento de la orina. La única solución era un procedimiento de riesgo que implicaba una cirugía potencialmente mortal. El niño fue operado, los uréteres malformados fueron removidos y fueron sustituidos por un complejo bucle intestinal entre la pelvis renal y la vejiga."Los días siguientes fueron terribles: el temor al buen resultado de una intervención tan difícil y compleja, sobre su pequeño cuerpo ya tan debilitado, nos hizo sufrir profundamente". Pronto se hizo evidente que había una complicación grave: había una bloqueo, una oclusión en algún lugar, y nada podría fluir a través del intestino. Por lo tanto, no se le podía dar comida ni agua al pequeño Mario. Hora por hora la situación se volvió más grave y crítica. "En el niño había una expresión triste y profunda, una delgadez indescriptible, una ausencia casi total de energía, que enmarcaba su palidez cadavérica". 

No había nada que pudiera hacer excepto esperar el doloroso resultado.La familia había estado orando todo el tiempo, y continuó orando, pero sin éxito. La ciencia médica no podía hacer nada, y el fin parecía inevitable. Alrededor de la medianoche, después de más de una semana desde la operación, la esposa de Giovanni sugirió aplicar una reliquia del Padre Pio de primera clase (perteneciente a los restos físicos de un santo) a su hijo. Tenían un recorte de lino manchado con su sangre. Con esto, Giovanni tocó el estómago de Mario con suavidad, mientras decía las palabras: "Padre Pío, si no pones las manos aquí, ¿quién más puede hacerlo?" Tan pronto como terminó de pronunciar estas palabras, el chico dejó que un grito: “¡Basta!” En ese mismo instante, se escuchó un ruido fuerte y rápido, que sonaba como agua y aire comprimido, proveniente de los intestinos de Mario, en el lugar donde se había colocado la reliquia. El sonido parece ir desde el centro de su estómago en dirección a su vejiga. La reacción inmediata de Giovanni fue comentar: "¿Es esta la respuesta del cielo?"

Sin consecuencias. Durante toda la noche, los sonidos del movimiento del agua y el aire persistieron, como para indicar que los intestinos estaban reanudando su función normal. En un momento dado, Giovanni le preguntó a su hijo por qué había gritado "¡Basta!" Mario respondió: "Papá, en cuanto me tocaste sentí una fuerza tan fuerte que no pude más, y dije" suficiente "para que tú no me tocaras de nuevo ”. Y sin embargo, Giovanni solo había aplicado ligeramente la reliquia en el estómago del niño. "Simplemente por el mero contacto con la reliquia, evidentemente se desató un poder misterioso que el niño no pudo soportar, y una oleada interna rompió el bloqueo". Sólo unos días después, Mario salió del hospital.

Al año siguiente, su familia llevó a Mario a la tumba del Padre Pío en la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia (Santa Maria delle Grazie), para ofrecer sus acciones de gracias al santo. Luego, en 1974, realizó su primera comunión en la cripta de la misma iglesia. 

Su padre, el magistrado Giovanni Tamponi, reflexionando sobre el milagro, notó que tan pronto como había invocado el nombre de Padre Pio, la gracia fue concedida de manera instantánea y definitiva. “Padre Pío fue y es mi punto de referencia, y después de este evento, ¿cómo puedo tener dudas sobre su cuidado paternal, especialmente ahora que está tan cerca de ese Cristo que amó, sirvió y honró tanto durante su vida? Ciertamente tenía razón cuando le pidió a uno de sus hijos espirituales que orara para que el Señor lo llamara al cielo, porque desde allí podría hacer mucho más de lo que puede hacer en la tierra ".

Esta historia está basada en un capítulo de I Miracoli che Hanno Fatto Santo Padre Pio, por Enrico Malatesta, pp. 374-383.

Padre Pío dice que Dios está “obligado” a responder a este tipo de oración

Con estas oraciones, nos concederá sus gracias y nos ayudará en todo

Cuando estamos físicamente cerca de alguien a quien amamos, lo natural es hablar con esa persona. No siempre, claro, ya que las personas que se aman pueden estar juntas cómodamente en silencio. Sin embargo, sería extraño pasar un día entero o incluso varias horas sin decir nada a un ser querido que tenemos al lado.
Los santos aplican este mismo principio a Dios. Él está próximo a nosotros, hablando a nuestros corazones, y nosotros deberíamos responder.
Nuestras palabras pueden ser tan sencillas como cualquier saludo o intercambio que haríamos con unos padres, unos hijos, una pareja o unos hermanos en la misma habitación que nosotros.
“Jesús, confío en ti”, es un ejemplo. O simplemente “Abba”. También puede ser una hermosa oración “Jesús, sé Jesús en mi vida”, o “Jesús, María y José, os amo. Salvad almas”.
Estas breves oraciones brotarán de forma natural de nuestros corazones si vivimos en la consciencia de que estamos de forma constante e indefectible en la presencia de Dios.
Aunque no nos sea posible tener esa consciencia en primera línea de nuestra mente constantemente, con práctica sí podremos ser más conscientes de la cercanía de Dios en muchísimos momentos a lo largo del día.
“Es preciso convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo. Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado”, dijo san Josemaría Escrivá.
Es preciso convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo.
En la larga tradición de la Iglesia, se le han dado varios nombres a estas breves oraciones, a estos pequeños saludos que dedicamos a Nuestro Señor a lo largo del día. Se les llama aspiraciones u oraciones jaculatorias (del latín “relativo al lanzamiento”) o también oraciones “flecha”.
Esta última designación la empleaba el Padre Pío al describir estas oraciones breves, espontáneas y fervorosas. Decía que eran como “flechas que hieren el corazón de Dios”.
Además, el querido santo italiano afirmó que las oraciones “flecha” tienen un poder especial a la hora de traer sobre nosotros la gracia de Dios.
…esta palabra no es exagerada en este caso…
En un escrito de diciembre de 1914, el Padre Pío afirmó que no era una exageración afirmar que Dios está obligado a responder a estas oraciones. Según escribió:
Les insto a que renueven continuamente la intención correcta que tenían al principio y a que ocasionalmente reciten oraciones jaculatorias. Esas oraciones son como flechas que hieren el corazón de Dios y le obligan —y esta palabra no es exagerada en este caso—, le obligan, les digo, a concederles sus gracias y su ayuda en todo.
aleteia.org

lunes, 31 de diciembre de 2018

Cuando el Niño Jesús se apareció milagrosamente a Padre Pío por Navidad



Testigos atestiguan haber tenido una visión del Niño en los brazos del santo de Pietrelcina

Según el sacerdote capuchino fray Joseph Mary Elder: “En su hogar en Pietrelcina, preparaba el Belén él mismo. A menudo empezaba a trabajar en él ya en octubre. Mientras sacaba a pastar el rebaño familiar con unos amigos, buscaba arcilla para moldear las estatuillas de los pastores, las ovejas y los Reyes Magos. Ponía un cuidado especial en la creación del niño Jesús, al que reconstruía una y otra vez incesantemente hasta que sentía que le había quedado perfecto”.

Esta devoción le acompañó durante toda su vida. En una carta a su hija espiritual, escribió: “Al comenzar la santa novena en honor del santo Niño Jesús, mi espíritu se ha sentido como renacer a una vida nueva; el corazón se siente demasiado pequeño para contener los bienes del cielo”.

La misa de Medianoche en concreto era una celebración llena de dicha para el Padre Pío, quien la celebraba todos los años dedicando muchas horas para oficiar cuidadosamente la Santa Misa. Su alma se elevaba hacia Dios con enorme alegría, una felicidad que era fácilmente visible para los demás.


Además, los testigos han relatado que pudieron ver al Padre Pío sosteniendo en brazos al Bebé Jesús. Y no era una estatua de porcelana, sino el mismísimo Niño Jesús en una visión milagrosa.

Renzo Allegri cuenta la siguiente historia:

Estábamos recitando el rosario mientras esperábamos la misa. El Padre Pío estaba rezando con nosotros. De repente, en un aura de luz, vi al Niño Jesús aparecer en sus brazos. El Padre Pío se transfiguró, con los ojos contemplando al niño resplandeciente en sus brazos, su rostro transformado por una sonrisa de asombro. Cuando la visión desapareció, el Padre Pío se dio cuenta, por la forma en que lo miraba, de que yo lo había visto todo. Sin embargo, se acercó a mí y me dijo que no se lo mencionara a nadie.

El padre Raffaele da Sant’Elia, que vivió junto al Padre Pío durante muchos años, contó una historia similar:

Me había levantado para ir a la iglesia a la Misa de Medianoche en el año de 1924. El pasillo era enorme y oscuro, y la única iluminación era la llama de una pequeña lámpara de aceite. A través de las sombras pude ver que el Padre Pío también iba camino de la iglesia. Había salido su habitación y caminaba lentamente a lo largo del corredor. Me di cuenta de que estaba envuelto en una banda de luz. Busqué una mejor vista y vi que tenía al Niño Jesús en sus brazos. Y yo me quedé allí, absorto, en la puerta de mi habitación, y caí de rodillas. Padre Pío pasó por mi lado, todo refulgente. Ni siquiera se percató de que yo estaba allí.

Estos sucesos sobrenaturales destacan el profundo y comprometido amor del Padre Pío hacia Dios. Su amor ahondaba más gracias a su sencillez y humildad, con un corazón abierto de par en par a recibir cualquier gracia celestial que Dios tuviera prevista para él.

Que nosotros abramos también nuestros corazones para recibir al Niño Jesús en Navidad y permitamos que el insondable amor de Dios nos inunde de alegría cristiana.

aleteia.org

viernes, 9 de noviembre de 2018

El Padre Pío

Pieltrecina era en 1887 una pequeña aldea próxima a Benevento, en Italia. El trabajo de campo era el único medio de sustento de sus pobres habitantes. Olivos, viñas, trigo, tabaco, eran los cultivos que dominaban.
En una humilde habitación, de los varios "cuartos" separados que conformaban la vivienda de Grazio María Forgione y María Giuseppa De Nuncio, nacía el 25 de mayo el niño Francisco, que llegaría a ser el tan conocido y querido padre capuchino estigmatizado.

Allí pasó los tiempos de su niñez y breve adolescencia. Posteriormente con motivo de misteriosa enfermedad que lo alejó del convento, estuvo en la primera etapa de su vida sacerdotal desde 1910 a 1916.
Desde muy niño expresó a sus padres el deseo de ser fraile capuchino. Su padre no dudó, yéndose a trabajar lejos de su casa para lograr lo necesario para que su hijo pudiese estudiar y llegar al sacerdocio. Su madre, considerada como una mujer de pueblo con rasgos de gran señora, era una frecuentadora de la iglesia del lugar.

"En mi familia - decía el Padre Pío - era difícil hallar diez liras, pero nunca faltó nada". En ese ambiente crecía el niño Francisco. No siempre era de su gusto ir a jugar con los chicos de su edad, justificaba ante su madre: "porque ésos blasfeman", "son libertinos de palabra fácil". Si bien que "era un muchacho como los demás", nunca pronunció malas palabras ni quería oírlas, nos cuenta uno de sus antiguos comentadores 1. Normalmente ejercía como monaguillo, era rezador y bien compuesto; hacía muchas penitencias.
Ya en la escuela, comenzó a sufrir las envidias de algunos compañeritos. Por otro lado, también, a los cinco años comenzaron los éxtasis y las apariciones, fenómenos que ocultó hasta los 28 años, pues los consideraba como una cosa ordinaria que sucedía con todas las personas.

En este ambiente y circunstancias, Francisco, sentía la voz misteriosa del Señor para seguirlo. Sus padres no se opusieron en momento alguno, dieron a Dios la porción que le correspondía. Con la bendición de su madre, a los 16 años, parte para el noviciado: "San Francisco te ha llamado, pues, vete".

El padre Pío cuenta haber "sentido desde los más tiernos años fuerte llamado al estado religioso", que sería una continua batalla, pero que, el mismo Jesucristo, "lo habría de asistir y estar siempre a su lado para ayudarle y premiarle en el Cielo".

Fue así que un 6 de enero de 1903, llamó a las puertas del convento capuchino de Morcone, realiza su ejercicio espiritual y es revestido con el hábito franciscano, cambiando su nombre de bautismo, pasa a llamarse Fray Pío de Pietrelcina. Estaba allí, como novicio, aquel que, deseando ser un perfecto capuchino, llegaría a ser el famoso Padre Pío, conocido en todo el mundo.

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Un llamado a la perfección, el apoyo de su familia
Emprende un camino lleno de pruebas, sufrimientos, persecuciones y gloria. Bien relata que, "al correr de los años había tenido que luchar contra el placer de este mundo que intentaba sofocar la buena semilla de la Divina llamada" 2.

En mayo de 1909, con motivo de misteriosa enfermedad, es trasladado a Pietrelcina con su familia; los médicos decían que tal vez los aires de su pueblo lo curarían. Esta situación de salud se prolongó por casi siete años. Al mismo tiempo sufría tormentos espirituales. El propio demonio quería arrancarlo de las manos de Jesús
.
Le acontecían sucesos de todo tipo, no pocos de característica extraordinaria, "se distinguía de los demás por su modestia, mortificación y gran piedad", siguió allí estudiando para no perder el año, pues tenía un ardiente deseo de ser sacerdote. Así fue, que un 10 de agosto de 1910 es ordenado sacerdote en la catedral de San Benevento.

Después de ordenado, por sus problemas de salud, continuó viviendo con su familia. Su director espiritual relata que, a una pregunta sobre su misteriosa permanencia en este lugar, le respondió: "no puedo revelar la razón por la que el Señor me ha querido en Pietrelcina; faltaría con la caridad...". Misteriosa respuesta aún a ser interpretada.

Entra en un período en el que padece de grandes tormentos diabólicos, decía: "el demonio me quiere para sí a toda costa". Vivir fuera del convento, era para él: "vivir en el destierro del mundo".

Del llamado al sufrimiento
A la etapa del llamado, viene el comienzo de su vida apostólica, ayudando al párroco, pero aun no confesando, hasta que llega el momento de volver al convento - que llamaba uno de los frailes "de la desolación" -, en San Giovanni Rotondo, lugar alejado del pueblo al que pocos llegaban.
Con el correr de los días se fueron aproximando almas deseosas de perfección, otras necesitadas de consejo. habían descubierto la llegada del nuevo fraile. Su consejo era muy claro y simple: comunión y confesión frecuente.

Las visiones celestiales lo acompañaron no mucho después de su noviciado. Él mismo escribía a sus directores espirituales, con toda simplicidad: "Se me ha aparecido Nuestro Señor", "ha venido Jesús y me ha dicho". Tenía el don de leer el interior de las almas, veía lo que sucedía en la consciencia ajena por una clarividencia sobrenatural, motivo por lo cual, las filas de confesión se hicieron enormes, a tal punto que distribuían números para ordenarlas.

No podía faltarle el conocimiento infuso de las lenguas extranjeras, sin estudio alguno que haya hecho. Como el fenómeno místico de la bilocación y el singular del perfume -símbolo del buen olor de la santidad- que emanaba de las llagas de sus manos sangrantes.
Su día a día era un rezar, un leer, y principalmente, estar confesando. En la confesión los penitentes recobraban la paz; sus Misas atraían de tal forma que algunos decían: "quién lo ha visto celebrar una vez, ya nunca se olvidará" 3. Vivía tres amores: La Eucaristía, María Santísima y la Santa Iglesia. Su vida: un reclinatorio, un altar, un confesionario 4. "En los libros buscamos a Dios; en la oración, lo encontramos", afirmaba.

Su misión era la entrega a los demás, la consideraba "su única misión". Su humildad le hacía afirmar: "Reconozco muy bien que no tengo nada que haya sido capaz de atraer las miradas de este dulcísimo Jesús. Sólo su buena voluntad ha colmado mi alma de tantos bienes" 5.

Hacia 1918 el padre Pío camina en el llamado al sufrimiento; precisamente un 5 de agosto de ese año recibe la gracia extraordinaria de la "transverberación", que le producía la pérdida frecuente del sentido. Relata en carta a su director espiritual, que sintió como un personaje, teniendo en su mano un instrumento similar a una flecha, y que de la punta parecía saliese fuego, "arrojaba en toda violencia tal dardo sobre el alma", que se sintió morir. El corazón traspasado, es una herida de amor, una "unión dolorosa".
"Esta gracia santificadora de la transverberación fue como un preludio de la gracia carismática de la estigmatización, que Dios concede en beneficio de los demás".

Así fue, que un 8 de septiembre de 1911, en sus manos, "apareció algo rojo como la figura de un céntimo, acompañado de un fuerte y agudo dolor en el centro de aquel círculo rojizo", "asimismo en la planta de los pies advierto algún dolor" 6. Poco después le desaparecen las señales, pero continúa el dolor en "el corazón, las manos y los pies como si estuvieses traspasados por una espada".
El 20 de septiembre, durante su acción de gracias posterior a la santa Misa, estando en el coro, se le aparece nuevamente el personaje misterioso del 5 de agosto, con las manos, pies y costado sangrantes. Ahí el padre Pío se da cuenta que "sus manos, pies y costado estaban taladrados y manaban sangre" 7. El mismo dice que era tomado por una fuerte aflicción, que experimenta casi todos los días.

Sus estigmas, que sangraban diariamente sin cicatrizar ni causar infección alguna, lo acompañaron durante 50 años.

Maravilloso gemido sale del corazón del Padre Pío pidiendo al Señor que le quite esta aflicción que le causan las señales exteriores de los estigmas. No pide que le retire el dolor, "puesto que lo veo imposible y veo asimismo que deseo embriagarme de dolor, sino estas señales externas (las llagas), que me causan una confusión y humillación indescriptible e insoportable" 8.

La Divina Providencia, nos cuenta el padre De Ripabottoni en uno de los perfiles biográficos más longevos, "no cumplió este ardiente deseo de su predilecto: no retiró de su cuerpo ‘las señales', porque él tenía que servir de señal para los hijos de los hombres que caminan a tientas entre las tinieblas" 9. En el correr de 50 años, soportó con resignación los dolores de sus llagas.

Comenzaba así su caminar, desde el llamado, entrando en el camino del sufrimiento, para lo que podríamos llamar de su entrega generosa, hacia los otros.

La entrega generosa
El padre Pío escondía este don de Dios. No existiendo en esos tiempos los medios electrónicos de comunicación actuales, en que un mini evento llega a cualquier lugar del mundo de forma casi instantánea, la noticia de sus estigmas y de sus virtudes se expandía con rapidez asombrosa. El convento era asechado por gentes que venían, que querían confesarse, que deseaban verlo celebrando Misa.
De todas partes del mundo llegaban pedidos de oración; "con frecuencia agradecimiento por gracias recibidas", por su intercesión, y vean que... ¡estaba vivo!

Miles de comuniones. Llega a confesar, en algunas ocasiones, hasta 16 horas al día. El padre Pío decía que "no tengo libre ni un minuto" (carta 3 de junio de 1919) y empleo mi tiempo en desatar a los hermanos de las cadenas de satanás. Bendito sea Dios". A tal punto que el Provincial de los Capuchinos de aquel tiempo atestigua que: "el Señor ha querido revelar a este su Elegido para el bien de las almas y la gloria de su nombre" 10.

Junto a eso, lamentándose de la falta de un hospital en el lugar, inventó construir la "Catedral de la caridad", la "Casa de Alivio del Sufrimiento". Un 16 de mayo de 1947, coloca la primera piedra. En 1966 llegó a tener 600 camas.

Eran tiempos que podríamos llamar de tranquilidad en su generosa entrega. Pero, como no podía dejar de ser, empiezan las acusaciones injustificables, para no decir difamaciones, hasta las más banales contra el padre Pío y los frailes de su entorno. En esos momentos estaba en el Pontificado el Papa Benedicto XV que lo consideraba como "un hombre extraordinario que Dios envía a la tierra de vez en cuando, para la conversión de los hombres". Y a sus enviados especiales y confidentes informadores les amonesta: "¡Está bien ser cautos; pero está mal mostrarse incrédulos!" 11.

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Después de su generosa entrega... la persecución
La celebridad del padre Pío llegó hasta a los periódicos más famosos de aquel tiempo. Comienzan las envidias, al inicio fueron de cierta parte del clero secular. El Obispo local Mons. Gagliardi (que tiempos antes era acusado de costumbres no muy "santas", acusado de simonía y de costumbres depravadas, hechos confirmados años más tarde durante una visita apostólica 12, llegando a ser destituido), suplicaba a Benedicto XV que "pusiera freno a la idolatría que se comete en el convento por las actuaciones del padre Pío" 13. ¡Nunca lo había visto personalmente! En 1919, comenzó a reunir documentos o testimonios contra el Padre Pío. También de algunos canónigos que tenían una vida poco edificante 14.

Falleciendo este Pontífice en enero de 1922, a los seis meses, el llamado entonces de Santo Oficio emana disposiciones. Podríamos decir que comienza el período - en medio de su generosa entrega a los otros - de persecución, no otra palabra encaja tan perfectamente en estos acontecimientos.
Entra en escena el padre Agostino Gemelli (médico, militante socialista que se convirtió y entró en los franciscanos), que fue quien pesó en las actitudes adoptadas por las autoridades romanas hasta el año 1959. Fue calificado como el "filósofo de la persecución" 15. Afirmaba que los estigmas provenían de "una condición psicopática o eran efecto de una simulación" 16.

Empieza a ser castigado, considerado sospechoso, por una parte, de la Jerarquía Católica. Todo iba en aumento, llegando al extremo de ser impedido de todo contacto con el mundo externo.
Las instrucciones del Santo Oficio, de junio de 1922, le prohibían, por motivo alguno, mostrar las así denominadas llagas, ni hablar de ellas o permitir que se las besen. Le cambian el director espiritual, que era en su momento el P. Benedicto de San Marco in Lamis, con el cual debe interrumpir toda comunicación epistolar. Consideran necesario alejarlo de San Giovanni Rotondo. Le prohíben responder a las cartas que le dirijan personas devotas, ya sea para pedir consejo o dar gracias o por otros motivos.
Mismo así, el acercarse de fieles hacia el "capuchino de los estigmas", sigue aumentando masivamente. El Santo Oficio continúa de ojo atento al fenómeno. En mayo de 1923 declara que, realizada una investigación: "no consta, de la sobrenaturalidad de los hechos, y exhorta a los fieles a conformarse en su modo de proceder con esta declaración".

El 23 de mayo de 1931 el Padre Pío es privado de todas las facultades de su sagrado ministerio, exceptuada la santa Misa, que la podrá celebrar en privado en la capilla interior del convento, ¡sin participación de nadie! En nada disminuyó el entusiasmo de las gentes. El confesionario, que era el lugar donde eran realizados verdaderas conversiones y "milagros", quedaba vedado.
No se le imponía pena canónica alguna. La "investigación" era basada en la opinión infundada del padre Gemelli, y las acusaciones y calumnias del Obispo local...
Ante estas injusticias, al estilo de la más especial persecución, cuando el Padre Pío tomó conocimiento, elevando los ojos al Cielo, exclamó: "Hágase la voluntad de Dios"; cubriéndose la cara con las manos, inclinando la cabeza y no respondió más 17. Obedeció, aceptando todo con humildad y resignación. Aquel fraile estigmatizado, que decía que sólo sabía celebrar misa y confesar, es encerrado en un profundo silencio. Fue un período atribulado de su vida, pero, continuaba obediente y perseverante en la oración. En ese momento decía: "Lloro por las almas que se ven privadas de mi testimonio por quienes deberían defenderlo" 18.

Expresivas son, las palabras del padre De Ripabottoni sobre estos singulares momentos de su vida: "La luz que irradian sus virtudes no queda obscurecida por las nubes con las que se intenta vanamente embrollar su camino y ascensión hacia Dios. Coro, iglesia y celda: esta es su vida" 19.

Este forzado ostracismo terminó un 14 de julio de 1933, el 15 es la noticia en el convento, al día siguiente -fiesta de Nuestra Señora del Carmen-, después de dos años de ausencia, celebra misa en la iglesia del convento ante una multitud de fieles. Lo encontraron irreconocible, envejecido, cabellos encanecidos, hombros cargados, paso incierto. Era un hombre de dolores, no un triunfador 20.

La noticia corre y aumentan la afluencia de fieles, las confesiones y las comuniones. Pero todo lentamente, no era una rehabilitación plena, habrá que esperar varios meses; primero confesar hombres, meses después poder confesar mujeres. Su confesionario era como un enjambre de abejas, siempre rodeado de penitentes a la espera de sus consejos y absolución.
Quien tenía la gracia de aproximarse al padre Pío, quedaba entusiasmado por su persona, y se marchaba aliviado de sus miserias y dolores; era el decir de todos. Sólo en el año 1963 fueron 83.000 mujeres y 20 mil hombres, era una media de penitentes de ¡273 por día!, deseando confesarse con el perseguido...

Los años transcurrieron, pero las calumnias no cesaron. Un 3 de octubre de 1960, un comunicado de prensa del Vaticano origina un estruendo publicitario contra su persona, calificando su accionar apostólico como "una especie de fanatismo deletéreo" 21. Ochocientas noticias en toda Italia. Era la segunda persecución. Entraba en tema ahora, no sólo la persona del Padre Pio sino su proyecto, gestión y finanzas. de la "Casa de alivio del sufrimiento" y las colectas de dinero para su construcción. Una de las noticias lo calificaba como: "El capuchino más rico del mundo".

A pesar de esto, en el año 1962, cincuenta obispos y arzobispos asistentes al Concilio fueron a San Giovanni Rotondo, y miles de sacerdotes.
El 30 de enero de 1964 fue su "liberación". A través del cardenal Ottaviani fue indicado que: "el padre Pío ejerciera su ministerio con plena libertad".

El camino hacia la gloria, a una presencia viva y activa
Después de la tribulación de la persecución entró en nuevo período marcado por muchos sufrimientos desgarradores: "Padezco mucho, pero doy gracias a Dios como siempre" 22. Las cartas al padre Pío aumentaban. También. las peregrinaciones, para pedir más y más, siempre deseosos de verlo, agolpándose su alrededor, queriendo tocarle al menos el hábito, cuando no sus manos llagadas. Él mismo reprendía a los indisciplinados, que nunca faltan, en medio de los tumultos.
El 20 de septiembre de l968 era el 50º aniversario de las llagas visibles aparecidas en sus manos, pies y pecho. El escritor francés Pierre Pascal decía, cuando lo visitó: "en la penumbra de la celda, los estigmas de sus manos estaban luminosos" 23. El padre Pío expresaba: "¡Esto se acaba, se acaba!", "ya es hora, que el Señor me llame".

El 21 da la bendición a la muchedumbre presente. Se siente perdido en su humildad, confundido por tantos dones recibidos. Decía a quien estaba a su lado: "tendría que escapar y esconderme, dada esta confusión que experimento" 24.

El domingo 22 había sido el momento establecido para festejar el jubileo, sería una misa solemne, cantada, pero no consiguió hacerlo. Al final sufrió un desmayo. Colocado en silla de ruedas, alejándose, dirigió la mirada a los fieles, tendiendo los brazos como si quisiera abrazarlos, y murmuró un: "Hijos míos, queridos hijos míos". Así fue la última misa del padre Pío 25.
La multitud gritaba entusiasmada: "Viva el P. Pío", "Auguri P. Pío". Pero ya no parecía el mismo, estaba pálido, temblando y sin fuerzas, con sus manos frías. Con dificultad podía levantar la mano derecha para bendecir.

Triste relato de ese día trasmite el padre Guardián: "la ventana de la celda del P. Pío se cerró definitivamente para siempre, encerrando tras de sí el recuerdo de un hombre al que todos los que se le acercaron habían aprendido a llamar "¡Padre!" 26.

"Sólo me falta el sepulcro. Casi estoy más dentro que fuera de él". A las dos y treinta de la madrugada, del 23 de septiembre de ese 1968, administrado el sacramento de los enfermos, voló al Cielo, con las cuentas del rosario entre los dedos, y con "¡Jesús!... ¡María!", entre los labios. Tenía 81 años.
Una inmensa oleada de gente aguardaba impaciente el deseo de acercarse al ataúd, para ver, tocar y besar los venerables restos, nos cuentan las crónicas del convento. No era el funeral, sino el triunfo del padre Pío, la gloria.

Su presencia está siempre viva y activa, afirma el padre De Ripabottoni 27. El 16 de junio del 2002 fue canonizado por San Juan Pablo II ante una multitudinaria, nunca vista, presencia de fieles.


Por el P. Fernando Gioia, EP

reflexionando.org
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Notas
1 DE RIPABOTTONI, Padre Alejandro. "Padre Pío de Pietrelcina", p. 16. P. Edizione Padre Pio, 2018. San Giovanni Rotondo.
2 DE RIPABOTTONI. Ídem, p. 41.
3 DE RIPABOTTONI. Ídem, p. 89.
4 DE RIPABOTTONI. Ídem, p. 172.
5 DE RIPABOTTONI. Ídem, p. 124.
6 DE RIPABOTTONI. Ídem, p. 72.
7 Carta del 22 de octubre al padre Benedetto, Epistolario, T. I., p. 1092.
8 DE RIPABOTTON. Ídem, p. 77.
9 DE RIPABOTTONI. Ídem, p. 77.
10 DE RIPABOTTONI. Ídem, p. 80.
11 DE RIPABOTTONI. Ídem, p. 81.
12 CHIRON, Yves. "El Padre Pío. El capuchino de los estigmas", pp. 146-147. Editorial Palabra, 2014.
13 CHIRON. Ídem, p, 147.
14 CHIRON. Ídem, p. 147.
15 Expresión de Francobaldo Chiocci y Luciano Ciri en "Padre Pío, soria d'una vittima". Vol. I, Ch. XIX.
16 CHIRON. Ídem, p. 154.
17 DE RIPABOTTONI. Ídem, p. 90.
18 BRUNATTO, Emmanuele. "Padre Pío", pp. 7-8. Ginebra, 1963.
19 DE RIPABOTTONI. Ídem, p. 85.
20 CHIRON. Ídem, p. 221.
21CHIRON. Ídem, p. 309.
22 DE RIPABOTTON. Ídem, p. 160.
23 CHIRON. Ídem, p. 350.
24 DE RIPABOTTONI. Ídem, p. 163.
25 BONIFACE, Ennemond. "Padre Pio le Crucifié, NEL, 1971, PP. 176-177.
26 DE RIPABOTTON. Ídem, p. 165.
27 DE RIPABOTTONI. Ídem, p. 171.

domingo, 3 de junio de 2018

El padre del Padre Pío


El santo místico no habría entrado en la vida religiosa si su padre no hubiera ganado dinero extra en EE.UU. y Argentina

Padre Pío nació en una pobre familia campesina en el pueblo de Pietrelcina, Italia. Tenían poco dinero, y sus padres no sabían leer ni escribir. Y sin embargo, los padres del pequeño Francesco (el nombre de nacimiento de padre Pío) tenían grandes esperanzas de que su hijo pudiera seguir un día su llamada al sacerdocio.

De joven, el muchacho relató a sus padres el deseo de ser religioso, y ellos pidieron a la comunidad local de frailes capuchinos que le aceptaran. En ese momento, el pequeño Francesco había realizado solo tres años de escuela, y los frailes le dijeron que necesitaba más si quería ser admitido.

Convencido de que su hijo estaba destinado a ser sacerdote, el padre, Grazio, convirtió en prioridad el ganar el dinero necesario para dar a su hijo una educación adecuada. En lugar de buscar trabajo en los alrededores, Grazio viajó a la “Tierra de las Oportunidades”, los Estados Unidos de América.

Grazio trabajo como obrero en 1898 en Long Island, y en Flushing (Nueva York). Después, en 1910, emigró a la Argentina. Con su trabajo, logró enviar suficiente dinero a casa para pagar a un profesor individual para su hijo, el cual, en 1903, a los 15 años, pudo entrar en el noviciado capuchino, y comenzar así su camino hacia el sacerdocio.

Según cuenta un pariente de la familia, “Cuando [Grazio] volvió a Pietrelcina, la gente le preguntaría, ‘¿dónde encontraste trabajo, dónde estuviste?’ En un pequeño enclave italiano allí en Flushing”. Esta es la razón de que algunos parientes del Padre Pío se trasladaran a Nueva York, creando una relación única entre el popular santo italiano y los Estados Unidos.

En resumen, que uno de los Santos más populares de todos los tiempos pudo ser sacerdote gracias a que su padre fue inmigrante.

martes, 29 de mayo de 2018

La oración preferida del Padre Pío


Normalmente, cuando alguien nos pide que recemos por una intención específica, tenemos nuestra oración de “cabecera”. Puede ser el Rosario, un Padre Nuestro, o simplemente un sincero ruego a Dios.

San Pío de Pietrelcina (más comúnmente conocido como “Padre” Pío) tuvo su oración favorita que oró por todos los que pidieron sus oraciones. Cada día muchas personas, ya sea en persona o por carta, le pedían al Padre Pío que orara por una intención específica y muchas veces esta intención fue milagrosamente respondida por Dios.

A continuación se encuentra la oración que el Padre Pío rezaba cada vez que quería interceder por alguien. En realidad, es una oración compuesta por Santa Margarita María Alacoque y comúnmente se llama la “Novena Eficaz del Sagrado Corazón de Jesús”. Ella era una santa que vivió en el siglo XVII y durante su vida recibió múltiples visiones de Jesús.

Muchos creen que esta es una oración poderosa porque llama al corazón de Jesús a tener misericordia de nosotros y de nuestras peticiones. El corazón de Jesús está lleno de amor y compasión y esta oración confía en ese amor, creyendo que él es lo suficientemente tierno como para dar generosamente nuestra petición, si es en su santa voluntad.

Por encima de todo, se debe orar con una fe sincera, como el Padre Pío la habría rezado, y no como una fórmula mágica. Dios no es un genio que nos otorga el deseo que pedimos, sino que responde con amor a un niño que pide algo, sabiendo exactamente lo que necesitamos.

I.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: “En verdad les digo, pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá!”.
He aquí que, confiando en tus santas palabra, yo llamo, busco, y pido la gracia……
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío en Ti.
II.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: “En verdad les digo, pasarán los cielos y la tierra pero mis palabras jamás pasarán”
He ahí que yo, confiando en lo infalible de tus santas palabras pido la gracia……
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío Ti.
III.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: “En verdad les digo, todo lo que pidáis a mi Padre en mi Nombre, se les concederá”.
He ahí que yo, al Padre Eterno y en tu nombre pido la gracia…….
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío Ti.
¡Oh Sagrado Corazón de Jesús, el cual es imposible no sentir compasión por los infelices, ten piedad de nosotros, pobres pecadores, y concédenos las gracias que pedimos en nombre del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre, San José, padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros. Amén.

miércoles, 9 de mayo de 2018

4 oraciones a Padre Pío para pedir por una causa urgente


Si tienes una urgencia, no lo dudes...¡Funciona!

Cada vez que un fiel se acercaba a Padre Pío para pedir ayuda y consejos espirituales por alguna necesidad o urgencia por la que estaban pasando él siempre les repetía sin descanso: “Tengamos la firme esperanza de ser escuchados, confiados en la promesa que nos hace el Divino Maestro: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá… Porque todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os será dado”

Si tienes una urgencia, no lo dudes, llénate de esperanza y pide a nuestro Señor por intercesión de Padre Pío rezando una de estas tres oraciones:

Oración al Padre Pio para pedir su intercesión

Oh Dios,
que a San Pío de Pietrelcina,
sacerdote capuchino,
le has concedido
el insigne privilegio
de participar, de modo admirable,
de la pasión de tu Hijo:
concédeme,
por su intercesión,
La gracia de(……)
que ardientemente deseo
y otórgame, sobre todo,
que yo me conforme
a la muerte de Jesús
para alcanzar después
la gloria de la resurrección.

Gloria al Padre….. (3 veces)


Oración para pedir la glorificación

Oh Jesús, lleno de gracia y de caridad y víctima por los pecadores, que, impulsado por el amor a nuestras almas, quisiste morir crucificado, te ruego humildemente glorificar, también sobre esta tierra, el Siervo de Dios, Padre Pío de Pietrelcina, que en la participación generosa a tus sufrimientos, tanto te amó y tanto se prodigó por la gloria del Eterno Padre
y por el bien de las almas !

Te suplico, oh Jesús, que me concedas,
por su intercesión, la gracia (…) que
ardientemente deseo.

Recitar tres Glorias

Oración para pedir humildad

Padre Pío,
tú viviste en el siglo del orgullo,
y fuiste humilde.

Padre Pío,
tú pasaste entre nosotros en la época
de las riquezas soñadas, jugadas y adoradas,
y permaneciste pobre.

Padre Pío,
junto a ti ninguno oía la Voz,
y tú hablabas con Dios.
Cerca de ti ninguno veía la Luz,
y tú veías a Dios.

Padre Pío,
mientras nosotros corríamos afanosos,
tú te quedabas de rodillas
y veías el Amor de Dios clavado a un Madero,
herido en las manos, en los pies y en el corazón,
para siempre!

Padre Pío,
ayúdanos a llorar delante de la Cruz,
ayúdanos a creer delante del Amor,
ayúdanos a sentir la Misa como llanto de Dios,
ayúdanos a buscar el perdón como abrazo de paz,
ayúdanos a ser cristianos con las heridas
que derraman sangre de caridad fiel y silenciosa,
como las heridas de Dios!
Amén.

Plegaria del Padre Pío para después de la comunión

Has venido a visitarme,
como Padre y como Amigo.
Jesús, no me dejes solo.
¡Quédate, Señor, conmigo!

Por el mundo envuelto en sombras
voy errante peregrino.
Dame tu luz y tu gracia.
¡Quédate, Señor, conmigo!

En este precioso instante
abrazado estoy contigo.
Que esta unión nunca me falte.
¡Quédate, Señor, conmigo!

Acompáñame en la vida.
Tu presencia necesito.
Sin Ti desfallezco y caigo.
¡Quédate, Señor, conmigo!

Declinando está la tarde.
Voy corriendo como un río
al hondo mar de la muerte.
¡Quédate, Señor, conmigo!

En la pena y en el gozo
sé mi aliento mientras vivo,
hasta que muera en tus brazos.
¡Quédate, Señor, conmigo!

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