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jueves, 21 de septiembre de 2017

Las llagas del Padre Pío


Desaparición de las llagas.

Las llagas fueron el más fehaciente testimonio, las mejores cartas credenciales, que ofreció el padre Pío para acreditar ante el mundo la Grandísima Misión que Dios le había encomendado. Cuando esta Misión se cumplió, las llagas desaparecieron.

¿Cómo ocurrió fenómeno tan extraordinario?

El hecho de la desaparición de las llagas es absolutamente cierto. Antes de morir, no sólo desaparecieron las llagas del padre Pío, sino que no dejaron ni la menor huella de cicatriz en los lugares donde anteriormente estuvieron. Consta todo esto de forma incontrovertible, por los testimonios siguientes:

·       Por muchas fotografías obtenidas por diferentes fotógrafos en diversas ocasiones.

·       Por el testimonio del médico asistente al amortajamiento del cuerpo muerto del padre Pío.

·       Por el testimonio unánime de los religiosos que presenciaron el amortajamiento.

En efecto, poseemos una documentación filmística realizada el día 22 de septiembre por el profesor Francisco Lotti, médico quirurgo de la Casa Sollievo, que fotografió en film la última misa celebrada por el padre Pío.

El operador se hallaba a corta distancia del celebrante y pudo recoger en película de colores la completa desaparición de las costras o postillas que antes aparecían sobre el dorso de las manos; la epidermis se presentaba ahora rosácea, íntegra, sin señal alguna de serosidades hemáticas, esto es, de sangre coagulada; la superficie del dorso de la mano derecha no presentaba en las fotografías ni lesiones, ni coágulos hemáticos, ni resto alguno de cicatriz.
           
Por el contrario, la palma de la mano izquierda presentaba restos de sangre o, para ser más exactos, una costra hemática con el aspecto característico de una mancha roja oscura, redondeada, aproximadamente de dos o tres centímetros de diámetro[1]. (Esta costra se desprendió después, sin dejar tampoco señal alguna de cicatriz).

Este mismo resultado fue obtenido por las numerosas fotografías conseguidas en la misma ocasión por el fotógrafo Elías Stellato.
           
A las veinte horas de obtenidas, se hizo el reconocimiento detallado del cuerpo del padre Pío, ya difunto; intervino también un fotógrafo, el padre Giacomo de Montemarao, fijándose principalmente en los lugares donde había tenido llagas; se observa claramente en estas fotografías, que se han hecho públicas, la ausencia, no sólo de costras o de coágulos hemáticos secos, sino la carencia del más leve rastro de cicatriz; la piel aparece limpia y tersa, como si nunca hubiera habido llagas o heridas de ningún género. El testimonio fotográfico no puede ser más terminante y claro.
           
El médico que presenció el amortajamiento no puede menos de confirmar, de manera total, lo que muestran las fotografías. Dice así el doctor Sala:

“Diez minutos después de muerto, las manos, los pies, el tórax del padre Pío, sostenidos por mí, como resulta de la presencia de mis manos en las fotografías
realizadas, fueron fotografiados por un religioso en presencia de otros cuatro hermanos”.

“Las manos, los pies y el tórax y cualquier otra parte del cuerpo, no presentaban relieves de heridas, ni había huellas de cicatrices en el dorso de las manos y de los pies, o en las palmas de las manos, o en las plantas de los pies, o en el costado; allí, donde durante su vida eran bien visibles y bien delineadas las heridas, ahora no se percibía el menor detalle”.

“En conclusión: las palmas y el dorso de las manos, el dorso y las plantas de los pies, y el emitórax izquierdo tenían el cutis normal, íntegro, de color uniformemente igual al resto del cuerpo. Estos relieves de las llagas que tenía durante su vida y que han desaparecido totalmente a su muerte, deben considerarse como un hecho fuera de toda tipología de comportamiento clínico y de carácter extranatural[2]”.

Valgan por los cuatro religiosos que presenciaron el amortajamiento del padre Pío, la constatación del propio Superior, el padre Carmelo de San Giovanni in Galdo, quien afirma lo siguiente:

“Apenas muerto el padre Pío, en la mañanita del día 23 de septiembre de 1968, consciente de que tendría que dejar una constatación oficial y autorizada de todos estos acontecimientos referentes al padre Pío, quise, de propósito, juntarme con otros testigos, observar de cerca las llagas y, en efecto, debo atestiguar que las manos no se presentaban como en otras ocasiones las había visto, sino que las heridas, tanto de las manos como de los pies y del costado, habían desaparecido completamente sin dejar señal ni huella de cicatrices”.




“Este fenómeno tan extraño presenta aspectos verdaderamente misteriosos, sea que nos fijemos en la simple ausencia de las llagas, como en la carencia de cualquier señal o rastro de cicatriz que, naturalmente, debía haber quedado”.

“La noche del 23 de septiembre de 1968, al practicar los piadosos deberes que se acostumbran hacer con todos los religiosos difuntos, se separó de la mano izquierda del padre una pequeña película blanca, último resto de la sangre derramada”.

“Otra película parecida a ésta, pero mucho mayor, cayó de sus manos en la sacristía la mañana del día precedente, 22 de septiembre, en el momento en que el padre Pío se quitaba los guantes para celebrar la santa misa”.

“La una y la otra se conservan en el archivo conventual de San Giovanni Rotondo[3]”.

El padre Superior impuso a los religiosos, bajo precepto grave de obediencia, el no tocar para nada las manos, los pies y el costado del padre Pío, a fin de no dar ningún posible motivo para hacer manifestación alguna sobre la desaparición de las llagas.


¿Cuándo desaparecieron las llagas?

Nos adelantamos a exponer el parecer del padre Superior, testigo bien cualificado de todo esto.

“Las llagas del padre Pío, dice, comenzaron a cerrarse y a reducir la afluencia de sangre dos o tres meses antes de su muerte, hasta que el día de su defunción se cerraron de tal forma que no dejaron ni el menor vestigio de cicatriz[4]”.

El médico, don José Sala, nos confirma en lo mismo:

“Las manos y los pies del padre Pío estaban siempre hinchados, mientras tenían las llagas, en particular los pies, y principalmente el izquierdo, pero no con el color cárdeno azulado, cianítico que deberían tener”.

“Sólo algunos meses antes de la muerte se presentaban los pies secos y no se notaban ya los relieves anteriormente marcados por las llagas, hasta el momento al que nos hemos referido”.

“Las manos mantuvieron las características de siempre, con los realces o prominencias claras, hasta los días anteriores a la muerte[5]”.

El padre Pellegrino, por su cuenta, nos proporciona estos interesantes datos:

“En los tres últimos años de su vida, estuve yo junto a él y he podido notar cómo iba desapareciendo de los pies la esquimosis o costra formada por la sangre coagulada. Tenía el padre una sensibilidad extraordinariamente fina en los pies, de tal forma que sentía yo verdadero pánico cuantas veces me veía en la precisión de ponerle o de acomodarle las sandalias; bastaba pasar ligeramente un dedo sobre el dorso de los pies, para causarle un dolor que se traslucía en seguida en una mueca de sufrimiento en su rostro”.

“Los que estábamos encargados de atender al padre Pío, es decir, el padre Honorato, el padre Alejo y yo, habíamos notado que los pañuelitos con que se cubría la llaga del costado los entregaba cada vez con menos manchas de sangre”.

“El día 22 de septiembre de 1968, mientras el padre Pío celebraba la última misa, cayeron de sus manos postillas o costras casi totalmente blancas; es decir, no hay color de sangre. La mañana del día 23, mientras el doctor Sala y yo preparábamos su cuerpo exánime, cayó de su mano izquierda la última postilla[6]”.

Por lo demás, hay un testimonio afirmativo terminante sobre la existencia de sus llagas; data del mes de febrero de este año de 1968; es del padre Alejo:

El padre Pío había sufrido uno de aquellos vértigos o desmayos que le daban ya con cierta frecuencia; estaba en este momento con las manos sin guantes y, al ayudarlo, se las vi claramente empapadas en sangre”.

“Las llagas, vistas desde la parte superior de las manos, eran profundas como de un centímetro y estaban cubiertas de una amplia y espesa costra; en estas llagas pude observar sangre semicoagulada que limpié con mucho cuidado y delicadeza. No me esmeré demasiado en limpiar toda la sangre coagulada porque me di cuenta de que cualquier tacto o movimiento le producían espasmos y dolores muy fuertes[7]”.

El padre Pellegrino, por su parte, atestigua haber visto muchas veces las llagas de las manos del padre Pío. De la llaga del costado nos dice lo siguiente, sin hacer mención exacta del mes o del día en que la vio; sólo afirma que este suceso ocurrió en 1968:

“Sólo una vez tuve la fortuna de ver la llaga del costado en 1968; un día en el que el padre Pío tuvo la necesidad de acomodarse la elástica y no tuvo más remedio que descubrirse el torso; era una llaga de unos siete centímetros de longitud por dos o tres de anchura; me pareció muy profunda; en aquel momento no derramaba sangre[8]”.



Durante este año 1968, las fuerzas y las energías del padre Pío iban cayendo de forma vertical. En los últimos días de marzo no pudo celebrar la misa, “porque no podía arrastrar los pies”. En julio sufrió un colapso alarmante. Un mes antes de la muerte del padre, se difundió, entre los asistentes a su misa, el rumor de que iban desapareciendo, poco a poco, las llagas de sus manos; notaban que el padre Pío, antes tan cuidadoso y hasta celoso en esconder las llagas de sus manos con las mangas del alba, dejaba ahora que sus manos se pudieran ver libremente. El padre Pellegrino declara que, en los últimos meses, ya no derramaba sangre propiamente dicha de sus llagas, sino suero sanguíneo sin coágulos rojos.
           
Nota el padre Carmelo, su Superior, que, un mes antes de su muerte, al tomarle o besarle las manos, no notaba ya las costras o relieves de sangre que antes tan claramente sobresalían en el dorso o en la palma de la mano, bajo los guantes. De la llaga del costado quedó, antes de morir, una línea roja como si fuera marcada con tiza o lápiz rojo, que, al final, también desapareció[9].


¿Por qué causa desaparecieron las llagas del padre, al morir?

¿Qué pensar ahora del proceso de la desaparición de las llagas? ¿Por qué desaparecieron las llagas precisamente en los días anteriores a su muerte, hasta no dejar la menor huella ni rastro alguno de cicatriz?

Ante todo, dejemos consignado el parecer del médico que lo asistió:

“Estos relieves o resaltes de las llagas que el padre Pío tenía durante su vida y que desaparecieron a su muerte, se deben considerar como un hecho extraño a toda tipología de procedimiento clínico y son de carácter extranatural[10]”.

El padre Carmelo, Superior del convento, se atreve a lanzar varias hipótesis:

·       El padre Pío habría pedido a Dios que, a su muerte, desaparecieran totalmente las llagas de su cuerpo y Dios lo escuchó; fue dignación del Señor concedérselas en vida, para perenne recuerdo de la Pasión de Cristo y para acreditar ante los hombres la misión recibida. Como sabemos, él intentó, por todos los medios, ocultar este don de Dios, que era para él motivo de inmensa confusión y vergüenza.

·       En los días de su debilidad senil, y mucho más en su muerte, no podía ni ocultar, ni administrar este don de Dios. El Señor lo oyó e hizo que, poco a poco, desaparecieran las llagas, de tal forma que, al ocurrir la muerte, no quedó rastro alguno ni señal de las mismas.

·       El padre Pío recibió las llagas, principalmente, para sí mismo, con el fin de hacerle el Señor participante de forma viva y continuada de los sufrimientos de la Pasión de Cristo.


·       La víctima fue consumándos,e poco a poco, durante los cincuenta años que duraron las llagas; el corazón no lanzaba ya más sangre y entonces las fuentes del sacrificio, sus llagas sangrantes, desaparecieron.

¿Qué grado de sobrenaturalismo hay en todo esto?

¡Sólo Dios lo sabe! Desde luego, queda siempre como algo misterioso e inexplicable la ausencia total de cicatrices a la hora de su muerte.

·       La vida del padre Pío se desarrolla en las cumbres de lo místico, de lo realmente extraordinario y maravilloso; su vida es un verdadero misterio. Para comprenderla hay que recordar que, sobre la contextura extraña de su vida, por encima de todas las obras que realizó, sobre todo esto, el punto que corona su vida es la misión redentora a la que oe asoció Cristo nuestro Señor.

·       El padre Pío es el cirineo de Cristo. Es la víctima asociada a Cristo de la manera más viva, más sangrante, más real.

·       Toda su vida es un estado de victimación perfecto al que se dignó asociarlo nuestro Señor. El misterio de la Cruz penetra en lo más profundo de la vida del padre Pío.

Ahora bien: así como Jesús sublimó su estado de victimación hasta cumbres imponderables durante el proceso de su Pasión, para terminar en la soledad total, en el abandono aparente de Dios cuando llegó a exclamar: “Dios mío, Dios mío. ¿Por qué me has abandonado?”, de manera parecida pudo ocurrir en los últimos meses de la vida del padre Pío. Se ha repetido muchas veces que el padre Pío sentía como un dardo punzante, como un clavo, según él decía, ese sentimiento de abandono de parte de Dios, porque la ausencia de Dios constituía para él el mayor tormento. Esta obsesión le quitaba la tranquilidad.

Apliquemos todo esto a sus llagas:

Al sentir él, de forma palpable, experimental y personal, que las llagas desaparecían de su cuerpo, le parecía que el abandono de Dios era absoluto, definitivo. Dios le retiraba su
signo, sus llagas; le arrebataba el argumento visible de la presencia divina en él; esta consideración lo abisma en la más profunda desolación. Se considera ahora como el desechado de Dios, el rechazado por la misma bondad de Dios. Esto lo sume en la soledad más completa, en la negrura más amarga, en la nada total. La desaparición de las llagas habría sido para él como el golpe final dado a este terrible clavo que tanto lo había torturado durante su vida: el pensamiento de estar abandonado de Dios.

Desde luego, todo esto es una mera hipótesis que queda escondida en el misterio de Dios; no tenemos ciertamente pruebas para comprobarla; sólo lo sospechamos, atendiendo a las oleadas de penas exteriores e interiores que llovieron sobre él, al estado



de tristeza y de abatimiento que dominaba el alma del padre Pío en estos terribles diez últimos años de su vida y, en especial, en los tres últimos.

Las desorientaciones, las arideces de muerte, los escrúpulos incesantes y, sobre todo, esos temores penetrantes como “dardos” de que estaba abandonado de Dios, todo esto caía, como una losa, sobre el alma del padre Pío, hasta sumirlo en un abismo negro y oscuro como la propia nada[11].

Era el modo de penetrar, como Jesús, en la gloria triunfante de la Resurrección y de la posesión infinita de ese ser que tanto temió perder.

“Jesús, su querida Madre y el mismo Ángel Custodio, me están animando y no cesan de repetirme que es preciso que la víctima, para considerarse verdaderamente tal, derrame y pierda toda su sangre[12]”.

81 años cumplidos tenía el padre Pío, cuando llegó a consumarse la victimación total y perfecta de su sacrificio.




[1] Lotti, Francesco. - Relazione... Ms, f 16, citado en Riese Pio X, F. - Op. cit. p 451.
[2] Cfr. íntegro este testimonio del doctor Sala, en Ripabottoni, A. - Op. cit. p 562-563.
[3] Cfr. también este testimonio en Ripabottoni, A. - Op. cit. p 565.
[4] Cfr. esta testificación en Ripabottoni, A. - Op. cit. p 565
[5] Ripabottoni, A. - Op. cit. p 562.
[6] Ripabbotoni, A. - Op. cit. p 562.
[7] Riese Pio X, F. - Op. cit. p 451.
[8] Ripabottoni, A. - Op. cit. p 569.
[9] Ripabottoni, A. - Op. cit. p 558-559.
[10] Ripabottoni, A. - Op. cit. p 562.
[11] Ripabottoni, A. - Op. cit. p 568-569.
[12] Epistolario I. Carta n 104, p 314-315.

jueves, 24 de agosto de 2017

Padre Pío y la receta de la alegría, según papa Francisco


A continuación algunas lecciones de San Padre Pío en las palabras de papa Francisco en relación a la oración como ‘buena práctica’ no para “obtener algo de paz para el corazón”; ni para obtener favores de Dios, sino para salir del propio egoísmo y mantener viva una verdadera alegría interior.

Precisamente, la oración es “una obra de misericordia espiritual, que quiere llevar todo al corazón de Dios”, explicó Francisco en una audiencia jubilar a los Grupos de Oración de Padre Pío en la plaza de San Pedro. (06.02.2016).


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“San Pío no se cansó jamás de recibir a las personas y de escucharlas, de perder tiempo y fuerzas para difundir el perfume del perdón del Señor. Podía hacerlo porque estaba siempre unido a la fuente: se saciaba perennemente de Jesús”, papa Francisco (06.02.2016).
1. La oración no es una aspirina

La oración no es una “aspirina que se toma” para estar mejor o una transacción que se hace con Dios para obtener algo. Francisco explicó que padre Pío con su vida enseña que la oración es un acto de misericordia espiritual, confiar en el ‘Padre, en Dios’, como un regalo de la fe y del amor.

2. La oración es como el pan

La oración es una “necesidad como el pan” e insiste en la buena actitud que hay que tener en el momento de la plegaria: “Padre, yo en ti confío esto”, para que Dios cuide de eso que llevamos dentro y nos perturba.

3. La oración, una llave para abrir el corazón de Dios

La oración como amaba decir el Padre Pío es “la mejor arma que tenemos, una llave que abre el corazón de Dios. Se trata de “una llave fácil”. Pues, “el corazón de Dios no está ‘sellado’ con una gran cantidad de medidas de seguridad”.

4. La oración es la fuerza de la Iglesia

Francisco explica que el corazón de Dios se abre con la oración porque Él es un Padre que se derrite con la voz de sus hijos.

Asimismo, la oración es la mayor fuerza de la Iglesia y que nunca hay que dejar, porque la Iglesia da frutos si es como la Virgen María y los apóstoles, que estaban listos a “perseverar unánimemente en la oración” (Hechos 1:14). La oración para  esperar en el Espíritu Santo.

5. La oración es la receta para la alegría

El Pontífice, recordado San Pío, enseña que la oración constante hace parte de la buena batalla. “De lo contrario es probable que apoyamos nuestra vida en otra parte: en los medios, el dinero, el poder”.

En fin, la oración mantiene viva la evangelización y la alegría que iluminan el corazón para que no se vuelva “aburrido”. Entonces, el Papa termina asegurando que la clave para un corazón alegre es la oración.

Padre Pío

San Pío ha sido un fraile Capuchino que se dedicó a la salvación de las almas. Nació en 1887, se unió a la Orden Capuchino a los 15 años antes de ser ordenado sacerdote en 1910 y fue enviado el 28 de julio de 1916 al convento de San Giovanni Rotondo, donde permaneció hasta su muerte.

En 1918, después de una misa, recibió las estigmas de Cristo. Heridas que llevaba en las manos, los pies y el pecho y lo acompañaron por más de 50 años, lo que atraería a una multitud de periodistas y médicos. Pero, especialmente ha traído a muchos fieles.

El 5 de febrero de 2016, los restos del famoso capuchino habían llegado al Vaticano para ser presentados a la veneración de los fieles durante casi una semana como parte del Jubileo de la misericordia.

Un mar de fieles vivió ese momento con una gran devoción hasta las lágrimas y luego acompañaron sus reliquias en medio a una multitud rebosante de piedad popular, a lo largo de la Vía de la Conciliación.

miércoles, 24 de mayo de 2017

130 años con nosotros!


Rosario: Junio, mes del Sagrado Corazón

martes, 16 de mayo de 2017

Cuando la Virgen de Fátima curó al padre Pío


Recordamos cómo Nuestra Señora de Fátima hizo un viaje especial para ayudar a un hijo predilecto que estaba completamente dedicado a sus mensajes de Fátima.


(NCR/InfoCatólica) La mayoría de las personas conocen a Nuestra Señora de Fátima. La mayoría también ha escuchado hablar del santo padre Pío de Pietrelcina. Pero ¿cuántos saben que el Padre Pío estaba gravemente enfermo, acostado en cama, y ​​que Nuestra Señora de Fátima lo visitó para curarlo?
El acontecimiento milagroso ocurrió en 1959. Esa primavera, la imagen de Nuestra Señora de Fátima había venido de Portugal para hacer varias paradas alrededor de las capitales provinciales de Italia. Viajando en helicóptero, la imagen de Nuestra Señora debería haber ido a Foggia donde el obispo Paola Carta había preparado una bienvenida, pero ella se desvió.
Más tarde, como obispo emérito, en 1997 contaría la historia y un poco sobre la devoción que por mucho tiempo tuvo el padre Pío por Nuestra Señora de Fátima.
El Obispo recordó las peticiones de Nuestra Señora de Fátima y dijo que podía afirmar que en el medio siglo que siguió, nadie en la Iglesia ha dado una respuesta más completa que el Padre Pío. La ansiedad maternal del Inmaculado Corazón de María por las almas que iban al infierno había invadido profunda y completamente el corazón del Padre Pío, que hizo de su vida un gran sacrificio a nuestro Señor para arrebatar a las almas de la condenación eterna.
El obispo señaló que en Fátima, Nuestra Señora pidió especialmente la oración del Rosario. «¿Y quién podía contar las horas que Padre Pío dedicó a la oración por la conversión y salvación de los pecadores? ... Y con cuánta insistencia amorosa no recomendó el Rosario a todos como medio de salvación».
Además, el obispo señaló los innumerables actos de mortificación, penitencias y sufrimientos para salvar almas del infierno que el Padre Pío practicaba en respuesta a lo que Nuestra Señora pedía.
«Esta respuesta heroica del Padre Pío merecía un signo de atención maternal de nuestra Señora», señaló. «Y la señal era maravillosa».
La imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima de Portugal estaba programada para detenerse en la gran ciudad de Foggia. El monasterio de San Giovanni Rotondo estaba dentro de la diócesis de Foggia, pero el Padre Pío estaba gravemente enfermo de pleuresía, incapaz de siquiera celebrar la misa del 5 de mayo y mucho menos ir a Foggia. Aquí estaba los primeros días de agosto que la imagen iba a llegar, y el padre Pio permanecía postrado.
«Pero ¿podría la Madre con un Corazón Inmaculado tan sensible y delicado no visitar a su querido hijo, Padre Pío?», Explicó el Obispo Carta.
De alguna manera el cambio en el programa ocurrió. La imagen no iría a Foggia sino a San Giovanni Rotondo en su lugar. La alegría llenó el aire mientras la gente se reunía en el monasterio. Con la ayuda de un altavoz, Padre Pío pudo prepararlos para la llegada de la imagen el 6 de agosto.
Ese 6 de agosto por la mañana, el Padre Pío logró bajar a la iglesia. Se las arregló para acercarse a la imagen de Nuestra Señora - «pero tuvo que sentarse porque estaba agotado - y le dio un rosario de oro», observó el obispo Carta. «La imagen fue bajada ante su rostro y fue capaz de besarla. Fue un gesto simbólico muy cariñoso».
Esa misma tarde. Entre las dos y las tres, la imagen de Nuestra Señora de Fátima estaba de nuevo en el helicóptero lista para viajar a la siguiente parada. Partiendo de la Casa para el Alivio del Sufrimiento -que fue construido a partir de la idea y la inspiración del Padre Pio y abierto el 5 de mayo de 1956-, el helicóptero dio tres vueltas alrededor del monasterio antes de volar a su siguiente parada. Después, el piloto nunca pudo explicar por qué ocurrió ese círculo.
El obispo Carta describió cómo «De una ventana Padre Pio miró el helicóptero volar con los ojos llenos de lágrimas. Con la imagen de Nuestra Señora en vuelo el Padre Pío se lamentó con una confianza que era suya: «Mi Señora, mi Madre, has venido a Italia y me he enfermado, ahora te vas y me dejas enfermo».
Pero cuando el helicóptero estaba dando vueltas, sintió un estremecimiento, una sacudida, a través de su cuerpo. El obispo repitió lo que el padre Pío diría por el resto de su vida: «En ese instante sentí una especie de estremecimiento en mis huesos que me curó inmediatamente».
El obispo añadió las palabras de su padre espiritual que confirmó el acontecimiento diciendo: «En un momento el Padre sintió una fuerza misteriosa en su cuerpo y dijo a sus cohermanos: “Estoy curado”. Estaba sano y fuerte como nunca antes en su vida.
Fray Francesco Napolitano, que trabajaba con el santo fraile, dijo: «Estuve presente en la escena y puedo testificar que Padre Pio nunca se sintió tan sano como lo hizo después de la partida de la imagen de Nuestra Señora de Fátima».
Cuando el santo fraile fue informado de un artículo en el periódico Foggia preguntando por qué la imagen de Nuestra Señora de Fátima fue a San Giovanni Rotondo en lugar del santuario de San Miguel en Monte Sant'Angelo en Foggia, el Obispo Carta repite simplemente que Nuestra Señora vino aquí porque quería curar al Padre Pío.
El obispo tuvo su propia idea de por qué Nuestra Señora de Fátima llegó al monasterio al padre Pío. «Me gusta añadir que ella también vino por el ejemplo de la devoción ardiente del padre Pío y su prodigiosa recuperación despertaría en Italia y en el mundo un ferviente aumento de amor y confianza hacia el Inmaculado Corazón de María».
El Obispo Carta vio este llamamiento celestial como un recordatorio, añadiendo que «de este maravilloso episodio debemos hacer una sagrada resolución de crecer siempre en esta devoción con una generosa respuesta al mensaje de Fátima, recitando fervientemente el Rosario todos los días, orando y ofreciendo Nuestros sufrimientos por la conversión de los pecadores, recibiendo la comunión los primeros sábados del mes con la esperanza de que las palabras consoladoras se hagan realidad para nosotros: “Prometo salvación a todos aquellos que practican la devoción a mi Inmaculado Corazón. Estas almas serán muy queridas para Dios, y como flores las pondré delante de su trono”».
Por su respuesta a su mensaje y peticiones, Padre Pío es como un ramo entero.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Máximas del Padre Pío


La presencia de Jesús en el corazón:


Confieso que para mí es una gran desgracia no saber expresar y explicar este volcán eternamente encendido que me quema y que Jesús hizo nacer en este corazón tan pequeño”.

¡Bendigo a Dios, que por su gracia, otorga santos sentimientos!

Todo lo podría resumir así: me siento devorado por el amor a Dios y el amor por el prójimo. Dios está siempre presente en mi mente, y lo llevo impreso en mi corazón. Nunca lo pierdo de vista: me toca admirar su belleza, sus sonrisas y sus emociones, su misericordia, su venganza o mas bien el rigor de su justicia

...¿Cómo es posible ver a Dios entristecerse por el mal y no entristecerse también uno?

Si Jesús se manifiesta a vosotros, dadle gracias; si se os oculta, dadle gracias. Todo esto es un juego de amor para traernos dulcemente hacia el Padre. Perseverad hasta la muerte, hasta la muerte con Cristo en la Cruz.


Amor:


Las cosas humanas necesitan ser conocidas para ser amadas; las divinas necesitan ser amadas para ser conocidas

No lo olvidéis: el eje de la perfección es el amor. Quien está centrado en el amor, vive en Dios, Porque Dios es Amor, como lo dice el Apóstol.

El amor y el temor deben estar unidos: el temor sin amor se vuelve cobardía; el amor sin temor, se transforma en presunción. Entonces uno pierde el rumbo.

La divina Solicitud no solo no rechaza a las almas arrepentidas, sino que sale en busca de la mas empedernida..


Confianza en Dios


El corazón de nuestro divino Maestro no conoce mas que la ley del amor, la dulzura y la humildad. Poned vuestra confianza en la divina bondad de Dios, y estad seguros de que la tierra y el cielo fallaran antes que la protección de vuestro Salvador.

Caminad sencillamente por la senda del Señor, no os torturéis el espíritu. Debéis detestar vuestros pecados, pero con una serena seguridad, no con una punzante inquietud.

Santa Misa


“Sería más fácil que la tierra se rigiera sin el sol, que sin la santa Misa”.

María Santísima

Si no hubiera Fe los hombres te llamarían diosa. Tus ojos resplandecen más que el sol, eres hermosa, Madre, me glorío, ¡Te quiero!

Oye, Madre, yo te quiero más que a todas las criaturas de la tierra y del cielo;... después de Jesús, es claro; te quiero tanto.

Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Seamos inmensamente gratos a la Virgen. ¡Ella nos dio a Jesús!

Permaneced como la Virgen, al pie de la Cruz, y seréis consolados. Ni siquiera allí María se sentía abandonada. Por el contrario, su Hijo la amó aun mas por sus sufrimientos.

Oración


"Solo quiero ser un fraile que reza...

Reza, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración...

La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de Dios. Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón..."

El don de la oración está en manos del Salvador. Cuanto más te vacíes de ti mismo, es decir, de tu amor propio y de toda atadura carnal, entrando en la santa humildad, más lo comunicará Dios a tu corazón.

A Dios se le busca en los libros, se le encuentra en la meditación.

En la medida en que vaciéis vuestro Yo de si mismo - es decir, del apego a los sentidos y a vuestra propia voluntad - , echando raíces en la santa humildad, el Señor hablará a vuestro corazón.

Practicad con perseverancia la meditación a pequeños pasos, hasta que tengáis piernas fuertes, o mas bien alas. Tal como el huevo puesto en la colmena se transforma, a su debido tiempo, en una abeja, industriosa obrera de la miel.

Sed vigilantes cuando meditéis. Generalmente los que se entregan a la meditación, lo hacen con una especie de arrogancia, tan ansiosos están por encontrar el sujeto susceptible de consolar su espíritu, y esto es suficiente para impedirles encontrar lo que busca.

Liberarse de la ansiedad

Si vuestro espíritu no se concentra, vuestro corazón esta vacío de amor. Cuando se busca sea lo que sea con avidez y prisa, puede uno tocar cientos de veces el objeto sin ni siquiera darse cuenta. La ansiedad vana e inútil os fatigará espiritualmente, y vuestro espíritu no podrá dominar su sujeto. Hay que liberarse de toda ansiedad, porque ella es la peor enemiga de la devoción sincera y autentica. Y esto principalmente cuando se ora. Recordad que la gracia y el gusto de la oración no proviene de la tierra sino del cielo y que es en vano utilizar una fuerza que solo podría perjudicaros.

Crecimiento 


Para crecer, necesitamos del pan básico: la cruz, la humillación, las pruebas y las negaciones".

Crítica


No tolero la crítica y la habladuría sobre los hermanos. Es cierto que a veces me divierte aguijonearlos, pero la murmuración me da náuseas. Tenemos tantos defectos que criticarnos a nosotros mismos ¿Por qué perder tiempo en lo de los hermanos?

Enemigos


Jamás pasó por mi mente la idea de una venganza. Recé por los detractores y rezo por ellos. Quizá alguna vez le dije al Señor: "Señor, si para convertirlos es necesario algún fustazo, hazlo, con tal que se salven.

Humildad


Si necesitamos paciencia para tolerar las miserias ajenas, más aún debemos soportarnos a nosotros mismos.

En tus diarias infidelidades, humíllate, humíllate, humíllate siempre. Cuando el Señor te vea humillado hasta el suelo, te tenderá su mano. Él mismo pensará en atraerte hacia Él.

Has construido mal; destruye y reconstruye bien.

Como una señora admitiera que tenía cierta inclinación a, la vanidad, el Padre comentó:"- ¿Ha observado usted un campo de trigo en sazón? Unas espigas se mantienen erguidas, mientras otras se inclinan hacia la tierra. Pongamos a pruebe a los mas altivos, descubriremos que están vacíos, en tanto los que se inclinan, los humildes, están cargados de granos"

Dios enriquece al hombre que ha hecho el vacío en si mismo.

Paciencia


Guardad en lo mas hondo del espíritu las palabras de Nuestro Señor:"A fuerza de paciencia, poseeréis vuestra alma".

Prudencia


La prudencia tiene ojos. El amor piernas. El amor, que tiene piernas, querría correr hacia Dios, pero su impulso es ciego, y uno tropezaría, de no estar dirigido por los ojos de la prudencia...


Pruebas y tentaciones


Ten por cierto que si a Dios un alma le es grata, más la pondrá a prueba. Por tanto, ¡Coraje! y adelante siempre.

Por muy altas que sean las olas, el Señor es más alto. ¡ Espera!... la calma volverá.

Las pruebas a las que Dios os somete y os someterá, todas son signos del amor Divino y Perlas para el alma.

Uno puede ahogarse en alta mar, y también puede sofocarse hasta el ahogo con un simple vaso de agua.- ¿Donde esta la diferencia? - ¿Acaso no es la muerte, en cualquiera de esas formas?.

El demonio es como perro encadenado; si uno se mantiene a distancia de el, no será mordido.

Jesús os guía hacia el cielo por campos o por desiertos - ¿que importancia tiene? Acomodaos a las pruebas que El quiera enviaros, como si debieran ser vuestras compañeras para toda la vida; cuando menos lo esperéis, quizás queden resueltas.

Los grandes corazones ignoran los agravios mezquinos.

En una estampa representando la cruz, el Padre escribió estas palabras:"El madero no os aplastará; si alguna vez vaciláis bajo su peso, su poder os volverá a enderezar".

Golgota. Una cima cuya ascensión nos reserva una visión beatifica de nuestro amado salvador.

Por los golpes reiterados de su martillo, el Artista divino talla las piedras que servirán para construir el Edificio Eterno.

Puede decirse con toda justicia que cada alma destinada a la gloria eterna es una de esas piedras indispensables. Cuando un constructor quiere levantar una casa, debe ante todo limpiar y nivelar el terreno; el Padre celestial procede de igual manera con el alma elegida que, desde toda la eternidad ha sido concebida para el fin que El se propone; por eso tiene que emplear el martillo y el cincel. Esos golpes de cincel son las sombras, los miedos, las tentaciones, las penas, los temores espirituales y también las enfermedades corporales. Dad pues, gracias al Padre celestial por todo lo que impone a vuestra alma. Abandonaos a El totalmente. Os trata como trató a Jesús en el Calvario.

Es mediante una sumisión completa y ciega que os sentiréis guiado en medio de las sombras, las perplejidades y las luchas de la vida."El hombre obediente cantará victoria", nos dice la escritura. Si Jesús se manifiesta a vosotros, dadle también las gracias; si se oculta a vuestra vista, dadle también las gracias. Todo esto compone el yugo del amor.

No escuchéis lo que os dice vuestra imaginación. Por ejemplo, que la vida que lleváis es incapaz de guiaros al bien. La gracia de Jesús vela y os hará obrar para ese bien.

Pobres


En todo pobre está Jesús agonizante; en todo enfermo está Jesús sufriente; en todo enfermo pobre está Jesús dos veces presente


Sufrimiento


Casi todos vienen a mí para que les alivie la Cruz; son muy pocos los que se me acercan para que les enseñe a llevarla.

La vida del cristiano no es mas que un perpetuo esfuerzo contra si mismo. El alma no florece sino merced al dolor.

Apelad a Dios cuando vuestra cruz os martiriza. Así imitareis a su hijo que, en Getsemani, imploro algún alivio. Pero como El, estad dispuesto a decir: - FÍAT!.

¿Por que?

"Lo importante es caminar con sencillez ante el Señor. No pidas cuenta a Dios, ni le digas jamás: ¿Por qué ?, Aunque te haga pasar por el desierto. Una sola cosa es necesaria: Estar cerca de Jesús. Si nos cita en la noche no rehusemos las tinieblas."

Dirección Espiritual

Recuerde - dijo el padre a uno de sus hijos espirituales - que la madre empieza a hacer caminar al niño sosteniéndolo; pero luego, este debe caminar solo. También usted debe aprender a razonar sin ayuda.

Amor y sus hijos espirituales


La caridad es la reina de las virtudes. Como el hilo entrelaza las perlas, así la caridad a las otras virtudes; cuando se rompe el hilo caen las perlas. Por eso cuando falta la caridad, las virtudes se pierden.

La caridad es la medida con la que el Señor nos juzgará a todos

La humildad y la caridad van de la mano. La primera glorifica, la otra santifica.

Amo a mis hijos espirituales tanto como a mi alma y aun más.

Al final de los tiempos me pondré en la puerta del paraíso y no entraré hasta que no haya entrado el último de mis hijos.

La escalera al cielo


Sin obediencia no hay virtud;
sin virtud no hay bien.
Sin bien no hay amor.
Sin amor no hay Dios.
Y sin Dios no hay Paraíso.

Esto forma como una escalera, si falta un peldaño uno se cae.

El anhelo de la paz eterna es legitimo y santo, pero debe ser moderado para una total resignación a los designios del Altísimo: mas vale cumplir la Voluntad Divina en este mundo que gozar en el Paraíso."Sufrir y no morir" era el ‘leit-motiv’ de Santa Teresa. El Purgatorio es un lugar de delicias, cuando se lo soporta por voluntaria elección de amor.

La noche oscura


Nuestro Señor, en cuanto considera nuestra alma lo bastante viril, lo bastante entregada a su servicio, se apresura quitarle las dulzuras de antaño. Llega hasta quitarle la facultad de orar, de meditar, es el abismo en las tinieblas y la aridez.

Esta mudanza aterra: - Que gran delito habrá cometido el alma, para atraer sobre si tal desdicha. Escudriña su conciencia, pasa por tamiz sus mas insignificantes actos, y al no descubrir nada que justifique su infortunio, saca en conclusión que ha sido abandonada.

- Que error! Lo que el alma toma por abandono es un favor insigne. Es la transacción de lo inteligible a la duración contemplativa, a la que uno no llega sino purificado. - Si el hombre pudiera comprender que su imposibilidad de fijar su imaginación en un punto determinado se debe al retiro de la luz sobrenatural!. Pero pronto una nueva luz anima la meditación y la vuelve eficaz. - Ah, si el alma pudiera saber que Dios, al apartarse, infunde al mismo tiempo una mas pura claridad en el intelecto, la claridad que la hace mas apta a las cosas divinas, por encima de lo discursivo, en la visión directa, y absolutamente exquisita, delicada, inefable. Se me objetara si esa luz es a tal punto mejor, el alma debería, con sus poderes multiplicados, captar su objeto. Pero no vamos tan rápido. Los que con gusto se alimentan con comidas ordinarias, simularan disgusto cuando le ofrezcáis manjares mas refinados. Igualmente, para apreciar el estado de oración, hay que haber roto todo lazo.- Dios mío! En esta oscuridad veo una irradiación. Recordadlo, el amor de Dios nunca se sacia.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Grupos de oración del Padre Pío se encuentran en Roma


Roma (Martes, 20-09-2016, Gaudium Press) Las celebraciones por la solemnidad litúrgica del Padre Pío de Pietrelcina, santo que la iglesia recuerda el 23 de septiembre, ya se viven de manera especial en Roma. Desde este 20 hasta el día 23, unos 600 grupos de oración de la región Lacio, inspirados en la espiritualidad del santo italiano, se encuentran en el Santuario de San Salvatore in Lauro para rendirle un gran homenaje.

El Santuario romano ha acogido este martes a las 11:00 horas la exposición de la insigne reliquia de la sangre de San Pío con una solemne Eucaristía para conmemorar la fiesta de los estigmas del confesor, que por cincuenta años marcaron su cuerpo. Una celebración que se extenderá hasta las 18:00 cuando tenga lugar otra Eucaristía que presidirá Mons. Angelo De Donatis, Obispo Auxiliar de Roma. Este día también se conmemora la fiesta de la Protección Civil, que ven en Pío de Pietrelcina su Patrono.

Para el jueves 22 de septiembre están previstas otras celebraciones, esta vez para conmemorar el Tránsito del Padre Pío, que iniciarán a las 18:00 horas con una Eucaristía que presidirá Mons. Giuseppe Marciate, Obispo Auxiliar de Roma; seguirá a las 19:00 con la Vigilia de Oración y a las 21:00 con otra solemne Misa, presidida por Mons. Carmelo Pellegrino, Promotor de la Fe de la Congregación de los Santos.

La gran conmemoración será el viernes 23 con la solemne fiesta litúrgica del Padre Pío, que estará marcada por sucesivas eucaristías, además de varios actos religiosos, comenzando a las 12:00 horas con la Súplica al Padre Pío, luego a las 16:30 tendrá lugar la procesión que culminará en la Plaza Navona, donde se bendecirán los medios de la Protección Civil. En la ocasión se elevará una oración especial por las victimas que dejó el terremoto en el centro de Italia.

Para las 18:00 se prevé también una solemne misa presidida por Mons. Gianrico Ruzza, Obispo Auxiliar del Sector Centro, y se concluirá la jornada a las 21:00 con otra celebración Eucarística.
Los actos en honor al santo italiano continuarán el fin de semana con la jornada de acción de gracias que finalizará con la Misa a las 18:00 horas del domingo.


Por estos días, además de la reliquia de la sangre, también permanecerán expuestas en la iglesia de San Salvatore varias reliquias del santo italiano, entre ellas sus guantes y vendas -con los que se cubría los estigmas-, y su estola. Asimismo, es posible apreciar la hermosa escultura en la que se reproduce al Cristo Redentor que es ayudado por el Padre Pío Cirineo.


El Santuario de San Salvatore in Lauro, el pasado febrero acogió también el cuerpo del santo italiano que llegó a Roma con motivo del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Allí permaneció, junto con el cuerpo de San Leopoldo Mandic, hasta que fue trasladado hasta la Basílica de San Pedro. Ambos santos recibieron la veneración de los fieles.

Tanto San Leopoldo como el Padre Pío fueron propuestos como modelos de confesores para este Año Santo de la Misericordia.

De la redacción de Gaudium Press, con información de RomaSette.it.



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