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martes, 9 de febrero de 2016

Homilía del papa Francisco a los Capuchinos





El santo padre Francisco celebró este martes la santa la misa en la basílica de San Pedro junto a varios miles de capuchinos que han venido desde todo el mundo, con motivo del Jubileo de la Misericordia. Presentes estaban las reliquias de san Pío de Pietrelcina y de san Leopoldo Mandić.

El Papa recordó que hay dos actitudes, la de quien como Salomón se expresa en la humildad y la de los doctores de la ley que se aferran a ritos perdiendo el contenido. Invitó a perdonar como Jesús, a no ser pelagianos, a no apalear a quien se acerca porque busca el perdón de Dios. Con corazón amplio, porque el perdón es una semilla, una caricia de Dios.

A continuación el texto competo de la homilía:

“En la liturgia de hoy hay dos actitudes, una actitud de grandeza delante de Dios, que se expresa en la humildad del rey Salomón; y otra actitud, de mezquindad, que es descrita por el mismo Jesús, por cómo hacían los doctores de la ley, hacían todo preciso, pero dejaban aparte la ley para hacer sus pequeñas tradiciones de ellos.

Vuestra tradición de los capuchinos es una tradición de perdón, de dar el perdón. Entre ustedes hay muchos buenos confesores, porque se sienten pecadores, como nuestro fray Cristóbal, saben que son grandes pecadores y delante de la grandeza de Dios continuamente rezan: ‘Escucha Señor y perdona’. Y porque saben rezar, así saben perdonar.

En cambio cuando alguien se olvida de la necesidad que tiene de perdonar, lentamente se olvida de Dios, se olvida de pedir perdón y no sabe perdonar.

El humilde, quien se siente pecador es un gran perdonador en el confesionario; el otro, como estos doctores de la ley que se sienten los puros, los maestros, solamente saben condenar. Pero yo les hablo como hermano, y en ustedes querría hablarle a todos los confesores, en este Año de la Misericordia especialmente: el confesionario es para perdonar. Y si uno no puede dar la absolución, por favor no los apaleen. Quien viene, viene a buscar consuelo, perdón, paz en su alma, que encuentre a un padre que lo abraza, que le diga que ‘Dios te quiere mucho’ pero que se lo haga sentir.

Me disgusta decirlo, pero cuánta gente, creo que la mayoría de nosotros lo hemos oído: ‘No voy más a confesarme porque una vez me hicieron estas preguntas, esto…’. Pero ustedes capuchinos tienen este don especial del Señor: perdonar. Y les pido, no se cansen de perdonar.

Me acuerdo de uno que conocí en mi otra diócesis, un hombre de gobierno, que acabado su tiempo, de gobierno, guardián, provincial, a los 70 años fue enviado a un santuario a confesar y tenía una cola de gente, todos, curas, fieles, ricos, pobres, todos… era un gran perdonador. Siempre encontraba el modo para perdonar o al menos de dejar esa alma en en paz con un abrazo.

Y una vez lo encontré y me dijo:
— escúchame tú que eres obispo, tú me puedes decir, yo creo que peco porque perdono mucho y me viene este escrúpulo
— ¿Y por qué?
— Porque siempre encuentro cómo perdonar.
— ¿Y qué haces cuando te sientes así?
— Voy a la capilla delante del tabernáculo y le digo al Señor: ‘Discúlpame Señor, perdóname, creo que hoy he perdonado mucho. Pero Señor, has sido tú quien me ha dado el mal ejemplo’.

Sean hombres de perdón, de reconciliación, de paz. Hay muchos lenguajes en la vida, el lenguaje de la palabra, pero también el lenguaje de los gestos. Si una persona se acerca al confesionario es porque siente algo que le pesa, que quiere quitarse. Quizás no sabe cómo decirlo, pero el gesto es este. Si esta persona se acerca es porque quiere cambiar, y lo dice con el gesto de acercarse. No es necesario hacer preguntas: ¿tú?, ¿tú?…

Y si una persona viene es porque en su alma no quiere cometerlo más. Pero muchas veces no pueden, porque están condicionados por su psicología, por su vida y su situación. ‘Ad impossibilia nemo tenetur‘.

Corazón amplio. El perdón es una semilla, una caricia de Dios. Tengan confianza en la misericordia de Dios, no caigan en el pelagianismo. ‘Tú tienes que hacer esto, esto, esto….’ Ustedes tienen ese carisma de confesores, hay que retomarlo y renovarlo siempre. Sean grandes perdonadores, porque quien no sabe perdonador termina como estos doctores de la ley, que son grandes condenadores.

¿Y quién es el gran acusador en la Biblia? El diablo. O se hace el oficio de Jesús, que perdona, dando la vida y la oración, tantas horas allí sentado, como estos dos santos aquí, o haces el oficio del diablo que acusa. No logro decirles otra cosa, y en ustedes le digo a todos, a todos los sacerdotes que van a confesar. Si no se sienten capaces, sean humildes, digan ‘no, no, no… yo celebro la misa, limpio el suelo… pero no confieso porque no se hacerlo bien’. Y pidan al Señor la gracia, gracia que pido para cada uno de ustedes, para todos ustedes, para todos los confesores y también para mí”.

sábado, 6 de febrero de 2016

Discurso del Papa Francisco a los grupos de oración del Padre Pío



Feb. 16 / El Papa Francisco se reunió esta mañana en la Plaza San Pedro con miles de personas de los grupos de oración del Padre Pío. Esto se da al día siguiente de que los restos del Santo de Pietrelcina llegarán a la Basilica Vaticana.

A continuación el texto completo de su discurso, gracias a Radio Vaticana:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Les doy mi bienvenida – ¡veo que son muchos! – y agradezco a Monseñor Castoro por las palabras que me ha dirigido. Doy un saludo a todos ustedes que han venido de diferentes países y regiones, unidos por el afecto y el agradecimiento a San Pío de Pietrelcina. Están muy agradecidos, ya que les ayudó a descubrir el tesoro de la vida, que es el amor de Dios, y a experimentar la belleza del perdón y  la misericordia del Señor. Y esta es una ciencia que debemos aprender todos los días, porque es la belleza: la belleza del perdón y de la misericordia del Señor.


 Realmente podemos decir que el Padre Pío era un servidor de la misericordia. Lo fue a tiempo completo, la práctica, a veces hasta el agotamiento, "el ministerio de la escucha".  Se convirtió a través de la del ministerio de la confesión, una acaricia viviente de Padre,  que cura las heridas del pecado y conforta el corazón con la paz. San Pio no se cansó jamás de recibir  a las personas y de escucharlas, de gastar tiempo y fuerzas para difundir el perfume de perdón del Señor. Podía hacerlo porque siempre estaba unido a la fuente: se saciaba  continuamente de Jesús Crucificado, y así se convirtió en un canal de misericordia.

Ha llevado en su corazón a tantas personas y tantos sufrimientos, uniendo todo al amor a Cristo que se donó «hasta el fin» (Jn 13,1). Ha vivido el gran misterio del dolor ofrecido por amor. De este modo, su pequeña gota ha llegado a ser un gran río de misericordia, que ha regado tantos corazones desiertos y ha creado oasis de vida en muchas partes del mundo.

Pienso en los grupos de oración, que San Pío ha definido «viveros de fe, hogares de amor»; no solo centros de encuentro para estar bien con los amigos y consolarse un poco, sino hogares de amor divino. ¡Y estos son los grupos de oración! La oración, en efecto, es una verdadera y propia misión, que lleva el fuego del amor a toda la humanidad. El Padre Pío dijo que la oración es una «fuerza que mueve el mundo»: la oración es una fuerza que mueve el mundo. Pero, ¿nosotros creemos en esto? ¡Es así! ¡Hagan la prueba! Esa – agregó – «extiende la sonrisa y la bendición de Dios sobre toda languidez y debilidad» (II Encuentro Internacional de los grupos de oración, 5 de mayo de 1966).

La oración, entonces, no es una buena práctica para conseguir un poco de paz en el corazón; tampoco un medio devoto para obtener de Dios lo que nos sirve. Si fuera así, estaría movida por un sutil egoísmo. Pero, yo rezo para estar bien, como si tomara una aspirina: no, no es así. Yo rezo para obtener esto: pero esto es hacer un negocio. No es así. La oración es otra cosa. Es otra cosa. La oración es, en realidad, una obra de misericordia espiritual, que quiere llevarlo todo al corazón de Dios. Toma tú, que eres padre: y seria así, para hacerlo simple. La oración es decir: “pero, toma tú, que eres padre, tu eres padre. Míranos, tú, que eres padre”. Es esta la relación con el padre. La oración es así. Es un don de fe y de amor, una intercesión tan necesaria como el pan. En una palabra, significar confiar; es decir, confiar a la Iglesia, confiar a las personas, confiar las situaciones al Padre: “yo te encomiendo esto”, para que las cuide. Por ello, la oración, como amaba decir el Padre Pío, es «la mejor arma que tenemos, una llave que abre el corazón de Dios». Una llave que abre el corazón de Dios: es una llave fácil. El corazón de Dios no está blindado con tantas medidas de seguridad. Tú puedes abrirlo con una llave común, con la oración. Porque tiene un corazón de amor, un corazón de padre. Es la fuerza más grande de la Iglesia, que nunca debemos dejar, porque la Iglesia da frutos si hace como la Virgen y los Apóstoles, que «perseveraban unidos en la oración» (Hch 1,14), cuando esperaban el Espíritu Santo. Perseverantes y  firmes en la oración. De lo contrario, se corre el riesgo de apoyarse donde sea: en los medios, el dinero, el poder; y luego la evangelización desvanece y la alegría se apaga y el corazón se hace aburrido. ¿Ustedes quieren tener un corazón aburrido? ¿No? ¿Quieren tener un corazón gozoso? ¡Sí! Recen: esta es la receta.

Mientras les agradezco su empeño, los animo a fin de que los grupos de oración sean “centrales de misericordia”: centrales siempre abiertas y activas, que con el poder humilde de la oración provean al mundo la luz de Dios y la energía del amor a la Iglesia. El Padre Pío, que se definía sólo «un pobre fraile que reza», escribió que la oración es «el más alto apostolado que un alma pueda ejercer en la Iglesia de Dios» (Epistolario II, 70). ¡Sean siempre apóstoles gozosos de la oración! La oración hace milagros. El Apostolado de la oración hace milagros.

Junto a la obra de misericordia espiritual de los grupos de oración, San Pío ha querido una extraordinaria obra de misericordia corporal: la “Casa Alivio del Sufrimiento”, inaugurada hace  sesenta años. Él deseo que no fuera sólo un hospital excelente, sino un «templo de ciencia y de oración». En efecto, «los seres humanos necesitan siempre algo más que una atención sólo técnicamente correcta. Necesitan humanidad. Necesitan atención cordial» (Benedicto XVI, Enc. Deus caritas est, 31). Es tan importante esto: curar la enfermedad pero, sobre todo, cuidar al enfermo. Son dos cosas diferentes, y las dos importantes, ¿eh? Curar la enfermedad, pero también cuidar al enfermo. Puede suceder que, mientras se medican las heridas del cuerpo, se agraven las heridas del alma, que son más lentas y, con frecuencia, más difíciles de sanar. También los moribundos, a veces aparentemente inconscientes, participan en la oración hecha con fe cerca de ellos, y se encomiendan a Dios, a su misericordia. Yo recuerdo la muerte de un amigo sacerdote. Era un apóstol, un hombre de Dios. Pero, estaba en coma desde hace tiempo, desde hace tiempo. No era razonable, ese coma. Los médicos decían: “no se sabe cómo hace para respirar”. Y entró otro amigo sacerdote. Se acercó a él y le dijo, el escuchaba: “déjate llevar por el Señor. Déjate llevar. Ten confianza, confía en el Señor”. Y con estas palabras, él se fue en paz. Tanta gente tiene necesidad, tantos enfermos que se pelean por palabras de dulzura, que dan fuerza para llevar adelante la enfermedad o ir al encuentro con el Señor: tienen necesidad de ser ayudados en confiar en el Señor. Les estoy muy agradecido, a ustedes y a cuantos sirven a los enfermos con competencia, amor y fe viva. Pidamos la gracia de reconocer la presencia de Cristo en las personas enfermas y en quienes sufren; como repetía Padre Pío: «el enfermo  es Jesús». El enfermo es Jesús. Es la carne de Cristo.

También deseo dirigir un saludo especial a los fieles de la Arquidiócesis de Manfredonia-Vieste-San Giovanni Rotondo. San Juan Pablo II dijo que «quien acudía a San Giovanni Rotondo para participar en su misa, para pedirle consejo o confesarse con Padre Pío, descubría en él una imagen viva de Cristo doliente y resucitado. En el rostro del padre Pío resplandecía la luz de la resurrección » (Homilía de la beatificación de P. Pío de Pietrelcina, 2 de mayo 1999: Insegnamenti XXII, 1 [1999], 862). ¡Que quien vaya a su hermosa tierra – yo quiero ir, ¿eh?!  ¡Que quien vaya a su hermosa tierra encuentre también en ustedes la luz del Cielo! Les agradezco y les pido por favor que no se olviden de rezar por mí. Gracias.

Todos juntos rezamos, pero toquemos a la puerta del corazón de Dios que es Padre de misericordia: Padre nuestro…

También no somos una Iglesia huérfana: tenemos una madre. Oremos a nuestra madre: recemos a nuestra madre. Ave María…

martes, 12 de enero de 2016

Agenda de los restos mortales de San Pío y San Leopoldo en Roma


Con motivo del Miércoles de Ceniza el Santo Padre conferirá oficialmente a los Misioneros de la Misericordia (MV 18) su mandato.
Para esta ocasión, serán trasladados a Roma los restos mortales de San Pío de Pietralcina y San Leopoldo Mandic, dos grandes Santos reconocidos por todos como grandes ejemplos de la Misericordia vivida.
Las urnas que contienen las reliquias de los santos estarán en Roma del 3 al 11 de febrero. A continuación publicamos el programa de las principales iniciativas:

3 de febrero


Basílica de San Lorenzo Extramuros

13:00 h.: Liturgia de acogida de las reliquias de San Pío y de San Leopoldo
preside fr. Gianfranco Palmisani, Ministro Provincial de los Frailes Menores Capuchinos de la Provincia de Roma
18:00 h.: Celebración eucarística
preside S. Em. Card. Agostino Vallini, Vicario General de Su Santidad
21:00 h.: Vigila de oración
preside fr. Mauro Jöhri, Ministro General de los Frailes Menores Capuchinos

4 de febrero


Basílica de San Lorenzo Extramuros

07:30 h.: Celebración eucarística
11:30 h.: Celebración eucarística
18:00 h.: Celebración eucarística
20:30 h.: Liturgia penitencial
preside S.E.R. Mons. Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización

Iglesia Jubilar de San Salvador en Lauro

22:00 h.: Celebración eucarística
preside S.E.R. Mons. Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización

Sigue: Vigilia nocturna

5 de febrero


Iglesia Jubilar de San Salvador en Lauro

14:00 h.: Celebración eucarística
preside S.E. Mons. Michele Castoro, Arzobispo de Manfredonia, Vieste, San Giovanni Rotondo

16:00 h.: Procesión con las reliquias de los dos Santos hacia la Basílica de San Pedro
Acogida por parte de S. Em. Card. Angelo Comastri, Arcipreste de la Basílica de San Pedro

6 de febrero


            Plaza de San Pedro

12:00 h.: Audiencia Jubilar del Santo Padre para los grupos de oración del Padre Pío
14:00 h.: Exposición de las reliquias para la veneración de los fieles en la Basílica de San Pedro

7 - 8 - 9 de febrero


            Basílica de San Pedro

Exposición de las reliquias para la veneración de los fieles

10 de febrero


            Basílica de San Pedro

17:00 h.: Solemne Celebración eucarística del Miércoles de Ceniza presidida por el Santo Padre Francisco y envío de los Misioneros de la Misericordia


11 de febrero


            Basílica de San Pedro

07:30 h.: Celebración eucarística
preside S.E.R. Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización

Partida de las reliquias de los dos santos hacia sus respectivas sedes de procedencia

martes, 5 de enero de 2016

Roma se prepara para recibir los restos del Padre Pío en ocasión del Jubileo


Acaba de ser confirmado por los Hermanos Menores Capuchinos: los restos de San Pío de Pietrelcina, el santo de los estigmas, serán expuestos en Roma para que los fieles lo veneren del 3 al 11 de febrero con motivo del Jubileo de la Misericordia y por deseo del Papa Francisco.

La urna que contiene los restos del santo permanecerá primero en la Basílica de San Lorenzo al Verano los días 3 y 4 de febrero, junto a las reliquias del cuerpo de San Leopoldo Mandic, otro santo capuchino.

Después, los dos santos serán trasladados el día 5 a la Basílica de San Pedro del Vaticano, donde el 6 de febrero el Papa concederá una audiencia especial a los miembros del grupo de oración “Padre Pío” y a los fieles de la diócesis italiana de Manfredonia, donde se encuentra San Giovanni Rotondo, la localidad en la que se está el santuario del santo y donde él mismo vivió.

Por otro lado, el 9 de febrero, el Pontífice presidirá la Santa Misa con los Hermanos Menores Capuchinos de todo el mundo en San Pedro y al día siguiente, Miércoles de Ceniza, el Papa enviará a los sacerdotes como Misioneros de la Misericordia, una de las iniciativas de Francisco para el Año Santo.


El día 11 las reliquias del santo de los estigmas dejarán Roma para ir a Pieltrecina, su ciudad natal. Allí permanecerán hasta el 14 de febrero.

Justo en esos días se cumplirán 100 años desde que el santo dejó Pieltrecina (el 17 de febrero de 1916), donde vivió durante 29 años, para trasladarse primero a Foggia y después a San Giovanni Rotondo.

En un artículo publicado por  Raffaele Iaria en el diario oficial de la Conferencia Episcopal Italiana, Avvenire, se explica cómo pocos meses antes de su muerte, el primer domingo de agosto de 1968, dijo a uno de sus hermanos frailes que visitaría su ciudad natal “varios años después de la muerte”. “Padre, todavía le quedan cien años”, le dijo el P. Mariano. “El Señor sabe…”. “Después de que muera habrá señales, prodigios, milagros, la Iglesia le pondrá en los altares. Entonces se tomará su cuerpo de aquí y se hará un precioso viaje a Pieltrecina. ¿He dicho bien?”. El P. Pío entonces juntó las manos y bajó dos veces la cabeza y dijo: “Así será”, contó el P. Mariano.

“El Santo Padre expresó el vivo deseo de que los restos de San Pío de Pietrelcina sean expuestos en la Basílica de San Pedro el Miércoles de Ceniza del próximo Año Santo Extraordinario, día en el cual serán enviados en todo el mundo los misioneros de la misericordia, a quienes se les confiere el mandato especial de predicar y confesar para que sean signo vivo de cómo el Padre acoge a cuantos están en busca de su perdón”.

En ese sentido, la carta señalaba que “la presencia de los restos de San Pío será un signo precioso para todos los misioneros y los sacerdotes, los cuales encontrarán fuerza y sostén para la propia misión en su ejemplo admirable de confesor incansable, acogedor y paciente, auténtico testimonio de la Misericordia del Padre”.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Feliz Navidad!


martes, 22 de septiembre de 2015

23 de Septiembre


domingo, 13 de septiembre de 2015

Novena a San Pío de Pietrelcina


Oración introductoria para cada día
Has venido a visitarme como Padre y como amigo. Jesús no me dejes solo. Señor, ¡quédate conmigo!
Soy un peregrino, sin rumbo en un mundo envuelto en tinieblas. Dame tu luz y tu gracia. Señor,  ¡quédate conmigo!
Señor, en este momento precioso, me abrazo a ti.
Que esta unión dure para siempre. Señor, ¡quédate conmigo!
Acompáñame a lo largo de mi vida; necesito tu presencia. Sin ti no soy nada y caigo. Señor, ¡quédate conmigo!
Llega la noche y voy corriendo, como un río, hacia el mar profundo de la muerte. Señor, ¡quédate conmigo!
Sé mi fuerza en el sufrimiento y en el gozo, mientras vivo y en la hora en que moriré en tus brazos. Señor, ¡quédate conmigo!



14 DE SEPTIEMBRE - I DÍA

• Oh glorioso y santo Padre Pío, estamos a tus pies, vuelve a nosotros tu mirada. Somos tus devotos; hemos admirado tu vida, seguido tus pasos y experimentado el poder de tu intercesión. Durante tu vida en esta tierra, una multitud de gente llegaba cada día a San Giovanni Rotondo para verte, contemplar tu fe, recibir el perdón a través de tu palabra, escuchar tus enseñanzas y pedir tu intercesión. Con ese mismo amor, y conscientes del maravilloso poder que tiene ante Dios tu oración, venimos hoy a tus pies.
• Ruega por nosotros. Nos encomendamos a ti con la certeza de que nos obtendrás de Dios las gracias que necesitamos. Las pedimos también nosotros al Dador de todo bien, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Intenciones:
- Para que conceda al mundo y a la Iglesia padres responsables y fieles a la misión que se les ha confiado, Roguemos  al Señor.
- Para que en las familias se cultive el cuidado de la salud, tanto corporal como espiritual, de cada uno de sus miembros, Roguemos al Señor.


15 DE SEPTIEMBRE - II DÍA

• Oh glorioso Padre Pío, desde niño te ofreciste  a Dios como instrumento de reparación. Tu familia era pobre y en ella comenzaste a crecer en edad, en sabiduría y en bondad. Tu padre, soñando un futuro mejor, viajó a Argentina y tú, que dijiste un día: “Mi padre se marchó lejos de su mujer y de sus hijos para conseguir para todos algo que comer”, reconociste la valentía de este gesto. Tu madre, ayudada por sus hijos, se dedicaba por entero al trabajo de los campos para que nada os faltara. Tenemos el testimonio que tú mismo nos has dejado y que nos sirve de enseñanza:
“Desde la más tierna infancia trabajamos con empeño... El pan sabía  a trabajo... Amábamos a nuestros padres... Junto a ella luchábamos la gran batalla de la vida...”.
• Haz que el Señor nos conceda también a nosotros hijos así: entregados al trabajo, afectuosos, integrados en la familia. Lo pedimos también nosotros al Dador de todo bien, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Intenciones:
- Para que las familias sean para los niños escuela e iglesia, Roguemos al Señor.
- Para que los niños crezcan agradeciendo el amor y la entrega de sus padres, Roguemos al Señor.
- Para que en las familias brille el amor mutuo y se ore a Dios, sabiendo que la familia que reza unida permanece unida. Roguemos al Señor.


16 DE SEPTIEMBRE - III DÍA

• Oh santo padre Pío, tú creciste en una familia profundamente religiosa. Fue tu padre el que un día te llamó junto a sí y te hizo esta importante pregunta:
“Hijo mío, ¿no te gustaría ser religioso o sacerdote?”.
Leyendo las entrevistas que se hacen a niños y jóvenes sobre su futuro, vemos que no toman en consideración la posibilidad de una vida consagrada.
Si les preguntamos qué quieren ser de mayores, responden que quieren ser militares, médicos, sastres o ingenieros, y la vida religiosa no está entre sus proyectos. ¿Por qué? Sin embargo, el honor más grande que puede recibir una familia es el de tener un hijo a quien Dios ha elegido para consagrarlo para sí como religioso o como sacerdote.
• Pedimos tu protección para que en la Iglesia surjan abundantes vocaciones y haya siempre muchos santos y religiosos. Lo pedimos también nosotros al Dador de todo bien, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Intenciones:
- Para que todos los servicios que prestamos manifiesten nuestra fe en el Evangelio, Roguemos al Señor.
- Para que sepamos estar cerca de nuestros hermanos pobres y necesitados, Roguemos al Señor.
- Para que vivamos en actitud de servicio y evangelicemos con el ejemplo y con la palabra, Roguemos al Señor.


17 DE SEPTIEMBRE - IV DÍA

• Oh Santo Padre Pío, en el convento iniciaste una vida nueva, consciente de todas sus consecuencias. Lo dijiste tú mismo: “Tenía sólo 16 años pero sabía bien lo que tenía que dejar de lado si quería ser un buen religioso... Tenía que dedicarme a conocer mejor las exigencias del estado de vida que voluntariamente había elegido y dejarme compenetrar por la filosofía y la teología. Me esperaba una vida de comunidad, que me pedía un fuerte enriquecimiento espiritual...”. Nadie te había engañado. Tu madre, al dejarte marchar al convento, te había dicho: “Has querido que te acompañe hasta la puerta de tu nueva casa. Ahora, con tus hermanos, vuelve a tu trabajo de siempre. Recuérdame en tus oraciones y no olvides nunca que eres, ante todo, hijo de Dios y de san Francisco. Haz cuando te pidan, porque no tiene sentido alejarse de tus seres queridos si no te da alegría de haber encontrado el verdadero camino de la vida...”. Y así comenzó tu vida como religioso.
• Intercede ante el Señor para que la Iglesia tenga almas generosas, capaces de dejarlo todo para seguir a Cristo. Lo pedimos también nosotros al Dador de todo bien, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Intenciones:
- Para que todos los sacerdotes se sepan y sean testigos de la fe en medio de los hombres, Roguemos al Señor.
- Para que todos los sacerdotes se mantengan en comunión con el Papa y con los Obispos, Roguemos al Señor.
- Para que en todo momento ofrezcamos nuestro testimonio de vida fraterna y profética, Roguemos al Señor.


18 DE SEPTIEMBRE - V DÍA

• Oh santo padre Pío, tu vida fue sencilla y nada fácil. Fuiste probado con sufrimientos y tentaciones, y el dolor hizo de tu corazón un sarmiento podado. Evitaste siempre que tu sufrimiento apareciese al exterior y preferiste sufrir y permanecer en silencio. No te importaba verte herido porque sabías que era Dios el que te hería. Sabías bien que aceptar el sufrimiento no significaba ni complacerte en él ni amarlo en sí mismo, sino, más bien, aceptarlo para que él te hiciera humilde, del mismo modo que la tierra deja que el agua del cielo penetre hasta dentro. Así actuaste tú, Padre Pío, y fuiste capaz de ocultar tus sufrimientos con las rosas de la aceptación serena.
• Enséñanos la actitud auténtica del cristiano ante el dolor, y ayúdanos a dejarle que realice su acción purificadora y misionera. Lo pedimos también nosotros al Dador de todo bien, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Intenciones: 
- Para que sepamos dar al sufrimiento el sentido cristiano que tiene, Roguemos al Señor.
- Para que sepamos aceptar con espíritu de fe nuestras enfermedades y las de nuestros hermanos, Roguemos al Señor.
- Para que sepamos ver el sufrimiento como medio de purificación y de apostolado, Roguemos al Señor.


19 DE SEPTIEMBRE - VI DÍA

• Oh santo Padre Pío, desde niño te ofreciste como víctima por los demás. Dios aceptó tu deseo y allí, en San Giovanni Rotondo, te transformó en “otro Cristo” sufriente. Tú nos has hablado de tus luchas interiores:
“¿Quién llegará a comprender el martirio que sufría en mi interior? El solo recuerdo de aquellas luchas íntimas me congela la sangre en las venas. Escuchaba la voz que me llamaba a obedecerte, Dios mío, pero tus enemigos me tiranizaban, me dislocaban los huesos y me retorcían las entrañas...”. Un día aparecieron en tu cuerpo las llagas. Habías deseado ser víctima por todos, por aquellos que se encomendaban a ti y por los que no lo hacían, por los justos y por los pecadores. Al licenciarte del servicio militar, que te permitió conocer tanto mal, te ofreciste por la Iglesia y pediste a Dios que descargara sobre ti su justicia y una misión propiciatoria: quisiste cargar sobre ti el castigo de todos los pecados de los demás.
• Alcánzanos de Dios la gracia de aceptar los sufrimientos y hacer de ellos una ofrenda de amor. La pedimos también nosotros al Dador de todo bien, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Intenciones:
- Para que el sufrimiento nos lleve a la unión con Cristo, Roguemos al Señor.
- Para que nos conceda comprender la fuerza trasformadora del dolor aceptado, Roguemos al Señor.
- Para que nos enseñe a aceptar y a ofrecer los sufrimientos, Roguemos al Señor.


20 DE SEPTIEMBRE - VII DÍA

• Oh Santo Padre Pío, hombre de fe y de oración las multitudes de ayer y de hoy van a ti; ¿por qué? Ellas ven en ti un hombre de Dios, un hombre de fe, un hombre hecho oración, un hombre de sufrimiento, un crucificado sin cruz...; y permanecen mudos al contemplar tu trascurrir de horas y horas en el coro, ante la cruz y a los pies de Nuestra Señora de las Gracias. Un día te preguntaron qué eras tú para todos aquellos que venían a ti, y tú dijiste de ti mismo: “Entre vosotros soy un ser humano, en el altar una víctima, en el confesonario un juez”. Tu misa era algo maravillosos. La gente se agolpaba en torno al altar y, viéndote trasfigurado por el amor y por el dolor, creía y oraba. En la intensidad del fervor, todo proclamaba que vivías la pasión de Cristo y que te inmolabas con Él. El Papa Pablo VI lo reconoció con estas palabras: “¡Mirad qué fama y qué clientela mundial ha reunido en torno a sí! ¿Por qué? Porque celebraba la Misa humildemente, confesaba de la mañana a la noche y era un hombre de oración”.
• Queridísimo Padre Pío, intercede por nosotros ante el Señor para que vivamos nuestra fe como la viviste tú, hagamos de la Misa la fuente y la meta de nuestro fervor, y nuestra vida transcurra en una constante y viva comunión con Él. Se lo pedimos también nosotros, por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
• Intenciones:
- Para que la Misa y la Eucaristía sean fuente y meta de nuestra fe, Roguemos al Señor.
- Para que, siguiendo el ejemplo del Padre Pío, vivamos en comunión permanente con Dios, Roguemos al Señor.
- Para que  aceptemos con valentía las adversidades que ponen a prueba nuestra fe, Roguemos al Señor.


21 DE SEPTIEMBRE - VIII DÍA

• Oh santo Padre Pío, el dolor es para el cristiano una prueba, una exigencia de la fe y un mal. Dios te eligió como víctima y tú hiciste de tu vida una inmolación y una ofrenda de amor. Tú te ofreciste  a Dios para que otros tuviesen la Vida. Cuando pensamos en los otros es cuando comenzamos  a ser cristianos. Tu amor te llevaba  a hacer presente a Dios entre los hombres, y proclamaste de este modo tu entrega  a Él: “Tenemos que amar a los demás porque son imagen visible de Dios, y amarlos como Dios los ama... Si Dios nos ha llenado de dones y nos ha dado la voluntad, no podemos encerrar todo esto en un baúl y no dejar que dé el el fruto que debe producir”. Tu amor a Dios y al hombre te llevó a sufrir con los que sufren. Era imposible eliminar el sufrimiento, pero tú viste que podías aliviarlo y te sentiste urgido a hacerlo. Fue así como nacieron las grandes iniciativas para aliviar el sufrimiento.
• Queremos aprender de ésta tu gran sensibilidad. Que nunca pasemos indiferentes ante el hermano que sufre. Lo pedimos también nosotros al Dador de todo bien, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
• Intenciones:
- Para que los ancianos y los enfermos reciban de nosotros el afecto que merecen, Roguemos al Señor.
- Para que manifestemos con obra de caridad hacia el prójimo el amor que tenemos a Dios, Roguemos al Señor.
- Para que sepamos avivar la esperanza en los enfermos y busquemos el bien de los que sufren, Roguemos al Señor.



22 DE SEPTIEMBRE -  IX DÍA

• Oh Santo Padre Pío, crucificado sin cruz; tu existencia estuvo marcada por lo sobrenatural y por lo humanamente inexplicable. Toda tu vida fue una entrega total a Dios y a los hermanos y, como Cristo, pasaste haciendo el bien. Las multitudes corrían a ti, a tus Misas, a tu confesonario, a tus bendiciones, a tus prácticas de devoción de la tarde... y regresaban confortadas y contentas. Hoy continúas siendo nuestro protector ante Dios; y, cada año, millones de personas visitan tu tumba para pedir gracias y para agradecer los milagros que saben han recibido por tu intercesión.
• Querido Padre Pío, con gran confianza hemos vuelto a ti para pedir tu intercesión y encontrar apoyo. Ruega por nosotros; alcánzanos de Dios todo lo que necesitamos. Lo pedimos también nosotros al Dador de todo bien, por Jesucristo nuestro Señor.
• Amén.
• Intenciones:
- Para que seamos siempre testigos de la fe en medio del mundo, Roguemos al Señor.
- Para que pasemos nuestra vida amando a Dios y a  la Iglesia, Roguemos  al Señor.
- Para que en nuestra sociedad, orgullosa y lanzada a poseer más, seamos testigos de otros valores, como lo fue el Padre Pío, Roguemos al Señor.

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