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domingo, 28 de junio de 2015

Mi misión es la de salvar almas


Una de las famosas anécdotas sobre el Padre Pío es relatada por el padre Pellegrino Funicelli, quien dedicó gran parte de su vida a escribir todo lo que había vivido junto al santo. 
Relata que un día, durante una confesión, como el padre Pellegrino no dejaba de hablar de sus actividades, le dijo: “Mi misión es la de salvar almas. Todo lo demás es secundario. Por lo tanto, cuando vienes a confesarte conmigo, no te puedes distraer ni puedes hacer nada que me distraiga de estas intenciones.”

La misión del Padre Pío se realizó sobre todo en el confesionario, en el que, con la ayuda del Espíritu Santo, era capaz de descubrir los secretos que los penitentes escondían de forma consciente o inconsciente y realizar prodigios que los aliviaban de sus problemas y sufrimientos. Esta fue una de las razones que hizo que la figura de San Pío generara creciente interés y entusiasmo por conocerlo. Tanta era la gente que buscaba su ayuda que, con frecuencia, podía permanecer hasta 18 horas seguidas dentro del confesionario. 
Su forma peculiar de ejercer este ministerio, era legendaria. Cuando su severidad y exigencia eran cuestionadas, él respondía: “Es verdad, yo a mis penitentes les hago sudar sangre. Pero también pongo sangre mía.”



Los estigmas del Padre Pío


La fama del Padre Pío inició en San Giovanni Rotonda, pequeño pueblo de Italia al que su creciente fama volvió un sitio de peregrinación que es visitado por miles de gentes hasta nuestros días. Muchas fueron las razones que impulsaron a los fieles a buscar su ayuda, pero sin duda una de las más sorprendentes fueron los estigmas, heridas en manos, pies, costado y hombro, semejantes a las de Cristo en su pasión. Miles de testimonios refieren que éstos olían a rosas y también el sufrimiento que el santo soportaba con gran humildad y mucho sentido del humor. Pietro Cuino, hermano espiritual de Padre Pío, refiere la siguiente anécdota:
“Una vez tuve la desfachatez de preguntarle a Padre Pío: ‘Pero Padre, San Francisco, cuando tuvo los estigmas, y todos esos santos que fueron estigmatizados, ¿sintieron el dolor de la crucifixión en el momento que les fueron taladrados los pies, las manos y el costado?’
´Sí que lo sintieron’, dijo él.
‘Pero, después que terminó todo ¿ya no sintieron nada?’
‘Ah, sí, ¡por que el Señor nos las da de adorno! Cómo eres tonto. Es una continua pasión, un continuo sufrimiento’.

Muchos médicos y medicinas se emplearon para tratar de curar estas llagas, sin éxito, pero éstas expresaban la espiritualidad del santo, quien rezaba de forma constante esta oración:
“Pido vivir muriendo, para que de la muerte nazca la vida que no muere, y la muerte ayude a la Vida a resucitar a los muertos.”

Te invitamos a conocer más sobre el carisma y la espiritualidad del Padre Pío en uno de los Grupos de Oración que él ayudo a fundar, mismos que a la fecha de su muerte en 1968 eran ya 726, y que hoy cuentan con miles de miembros en todo el mundo.

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