miércoles, 29 de mayo de 2013

Ten siempre


Ten siempre bajo tu mirada esta lección elocuente, que debe ser bien comprendida: la vida presente no se nos ha dado sino para adquirir la eterna; y por falta de esta reflexión fundamentamos nuestros afectos en lo que pertenece a este mundo, en el que estamos de paso; y, cuando hay que dejarlo, nos asustamos e inquietamos. Créeme, maestra, para vivir contentos en la peregrinación, es necesario tener ante nuestros ojos la esperanza de la llegada a nuestra patria, donde nos quedaremos eternamente; y, mientras tanto, cree firmemente; porque es verdad que Dios, que nos llama a él, mira cómo avanzamos y no permitirá nunca que nos suceda algo que no sea para nuestro mayor bien. Él sabe lo que somos y nos extenderá su mano paternal en los pasos difíciles, de manera que nada nos detenga al correr veloces hacia él. Pero para gozar bien de esta gracia, es necesario tener una confianza total en él.
No busques evitar con ansiedad los accidentes de esta vida; evítalos con una perfecta esperanza de que, conforme nos vayan viniendo, Dios, a quien perteneces, te librará de ellos. Él te ha defendido hasta el presente, basta que te mantengas bien asida a la mano de su providencia y él te asistirá en todo momento. Y, cuando no puedas caminar, él te conducirá, no temas. ¿Qué tienes que temer, mi queridísima hijita, siendo de Dios, que tan firmemente nos ha asegurado: «A los que aman a Dios todo les redunda en bien»? No pienses en lo que sucederá mañana, porque el mismísimo Padre del cielo, que hoy cuida de nosotros, el mismo cuidado tendrá mañana y siempre. ¡Oh!, él no te hará mal; pero, si te lo envía, te concederá también un valor invencible para soportarlo.
(23 de abril de 1918, a Herminia Gargani – Ep. III, p. 724)

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