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domingo, 14 de junio de 2015

Canonización del P. Pío: HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II


CANONIZACIÓN DEL BEATO PÍO DE PIETRELCINA

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Plaza de San Pedro, domingo 16 de junio de 2002



1. "Mi yugo es suave y mi carga ligera" (Mt 11, 30).

Las palabras de Jesús a los discípulos que acabamos de escuchar nos ayudan a comprender el mensaje más importante de esta solemne celebración. En efecto, en cierto sentido, podemos considerarlas como una magnífica síntesis de toda la existencia del padre Pío de Pietrelcina, hoy proclamado santo.

La imagen evangélica del "yugo" evoca las numerosas pruebas que el humilde capuchino de San Giovanni Rotondo tuvo que afrontar. Hoy contemplamos en él cuán suave es el "yugo" de Cristo y cuán ligera es realmente su carga cuando se lleva con amor fiel. La vida y la misión del padre Pío testimonian que las dificultades y los dolores, si se aceptan por amor, se transforman en un camino privilegiado de santidad, que se abre a perspectivas de un bien mayor, que sólo el Señor conoce.

2. "En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo" (Ga 6, 14).

¿No es precisamente el "gloriarse de la cruz" lo que más resplandece en el padre Pío? ¡Cuán actual es la espiritualidad de la cruz que vivió el humilde capuchino de Pietrelcina! Nuestro tiempo necesita redescubrir su valor para abrir el corazón a la esperanza.

En toda su existencia buscó una identificación cada vez mayor con Cristo crucificado, pues tenía una conciencia muy clara de haber sido llamado a colaborar de modo peculiar en la obra de la redención. Sin esta referencia constante a la cruz no se comprende su santidad.

En el plan de Dios, la cruz constituye el verdadero instrumento de salvación para toda la humanidad y el camino propuesto explícitamente por el Señor a cuantos quieren seguirlo (cf. Mc 16, 24). Lo comprendió muy bien el santo fraile del Gargano, el cual, en la fiesta de la Asunción de 1914, escribió:  "Para alcanzar nuestro fin último es necesario seguir al divino Guía, que quiere conducir al alma elegida sólo a través del camino recorrido por él, es decir, por el de la abnegación y el de la cruz" (Epistolario II, p. 155).

3. "Yo soy el Señor, que hago misericordia" (Jr 9, 23).

El padre Pío fue generoso dispensador de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos a través de la acogida, de la dirección espiritual y especialmente de la administración del sacramento de la penitencia. También yo, durante mi juventud, tuve el privilegio de aprovechar su disponibilidad hacia los penitentes. El ministerio del confesonario, que constituye uno de los rasgos distintivos de su apostolado, atraía a multitudes innumerables de fieles al convento de San Giovanni Rotondo. Aunque aquel singular confesor trataba a los peregrinos con aparente dureza, estos, tomando conciencia de la gravedad del pecado y sinceramente arrepentidos, volvían casi siempre para recibir el abrazo pacificador del perdón sacramental.

Ojalá que su ejemplo anime a los sacerdotes a desempeñar con alegría y asiduidad este ministerio, tan importante también hoy, como reafirmé en la Carta a los sacerdotes con ocasión del pasado Jueves santo.

4. "Tú, Señor, eres mi único bien".
Así hemos cantado en el Salmo responsorial. Con estas palabras el nuevo santo nos invita a poner a Dios por encima de todas las cosas, a considerarlo nuestro único y sumo bien.

En efecto, la razón última de la eficacia apostólica del padre Pío, la raíz profunda de tan gran fecundidad espiritual se encuentra en la íntima y constante unión con Dios, de la que eran elocuentes testimonios las largas horas pasadas en oración y en el confesonario. Solía repetir:  "Soy un pobre fraile que ora", convencido de que "la oración es la mejor arma que tenemos, una llave que abre el Corazón de Dios". Esta característica fundamental de su espiritualidad continúa en los "Grupos de oración" fundados por él, que ofrecen a la Iglesia y a la sociedad la formidable contribución de una oración incesante y confiada. Además de la oración, el padre Pío realizaba una intensa actividad caritativa, de la que es extraordinaria expresión la "Casa de alivio del sufrimiento". Oración y caridad:  he aquí una síntesis muy concreta  de la enseñanza del padre Pío, que hoy se vuelve a proponer a todos.

5. "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque (...) has revelado estas cosas a los pequeños" (Mt 11, 25).

¡Cuán apropiadas resultan estas palabras de Jesús, cuando te las aplicamos a ti, humilde y amado padre Pío!

Enséñanos también a nosotros, te lo pedimos, la humildad de corazón, para ser considerados entre los pequeños del Evangelio, a los que el Padre prometió revelar los misterios de su Reino.

Ayúdanos a orar sin cansarnos jamás, con la certeza de que Dios conoce lo que necesitamos, antes de que se lo pidamos.

Alcánzanos una mirada de fe capaz de reconocer prontamente en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús.

Sostennos en la hora de la lucha y de la prueba y, si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón.

Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra.

Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la patria feliz, a donde esperamos llegar también nosotros para contemplar eternamente la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 5 de junio de 2015

Dos capuchinos en el Vaticano: Fr. Pío y Fr. Leopoldo



Ciudad del Vaticano: En el marco del Año de la Misericordia, el próximo 10 de febrero de 2016, miércoles de ceniza, los cuerpos de los santos capuchinos Padre Pío y Leopold Mandic serán expuestos en la basílica de San Pedro. Con esta iniciativa, el papa Francisco quiere subrayar la importancia del ministerio del confesor, ya que los dos religiosos capuchinos sobresalieron por su fama de santos confesores y solían tener colas interminables de fieles ante sus confesionarios.

En el marco del Año de la Misericordia, el próximo 10 de febrero de 2016, miércoles de ceniza, los cuerpos de los santos capuchinos Padre Pío y Leopold Mandic serán expuestos en la basílica de San Pedro. Con esta iniciativa, el papa Francisco quiere subrayar la importancia del ministerio del confesor, ya que los dos religiosos capuchinos sobresalieron por su fama de santos confesores y solían tener colas interminables de fieles ante sus confesionarios.



En el marco del Año de la Misericordia, el próximo 10 de febrero de 2016, miércoles de ceniza, los cuerpos de los santos capuchinos Padre Pío y Leopold Mandic serán expuestos en la basílica de San Pedro. Con esta iniciativa, el papa Francisco quiere subrayar la importancia del ministerio del confesor, ya que los dos religiosos capuchinos sobresalieron por su fama de santos confesores y solían tener colas interminables de fieles ante sus confesionarios.

“Padre Pío, ahora estamos más cerca, yo te bendigo y tú me proteges”, dijo el Santo Padre el año pasado al bendecir la imagen de madera del padre Pío traída a Roma por los frailes capuchinos de San Giovanni Retondo. Como san Juan Pablo II, que le escribió cuando era un joven obispo para pedirle una cura y que lo declaró beato el 2 de mayo de 1999 y canonizó en 16 de junio de 2002, también el papa Francisco está vinculado al Padre Pío por una intensa devoción, que se remonta a la época en que era arzobispo de Buenos Aires.


San Leopold Mandic, asimismo es un conocido santo confesor, fallecido en 1942 en Padua, Italia. Después de su muerte, su fama de santidad se fortaleció por la convicción de que, por su intercesión, fueron obtenidas muchas gracias y milagros. Por esta razón, tanto en la Iglesia san Giovanni Rotondo como en la de los padres capuchinos de Padua hay un flujo ininterrumpido de peregrinos que invocan gracia y conversión. A lo largo de los años, se acumulan relatos de curas inexplicables. El papa Pablo VI lo declaró beato el 2 de mayo de 1976 y san Juan Pablo II lo canonizó en 16 de octubre de 1983.

domingo, 17 de mayo de 2015

Grupo de oración - Toluca

miércoles, 4 de febrero de 2015

Padre Pío guía espiritual del laicado


«Pongámonos a trabajar. Remanguémonos. Seamos los primeros en responder a este llamamiento lanzado por el Romano Pontífice». Permanece siempre válido y actual  lo que dijo san Pío de Pietrelcina, en 1942, después de haber leído las palabras de Pío XII en «L’Osservatore Romano»:  Un llamamiento a todos los cristianos para que se convirtieran en promotores de un fecundo y vigoroso movimiento de oración. Palabras que el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, repitió y relanzó el sábado 16 de junio, en las celebraciones promovidas en San Giovanni Rotondo a los diez años de la canonización del padre Pío.

En la mañana, el cardenal celebró la misa, llevando el saludo y la bendición de Benedicto XVI, y después encontró a los Grupos de oración, reunidos en su encuentro internacional, para entregarles el nuevo reglamento. Además de la Casa alivio del sufrimiento, visitó el departamento de geriatría reestructurado desde hace poco y saludó a los pequeños internados en oncología pediátrica.

Hablar del padre Pío significa abrazar la cruz y la oración desde una perspectiva de fe que da esperanza a los hombres de hoy, es el mensaje del secretario de Estado a cuantos se esfuerzan en vivir la espiritualidad de «este humilde hijo del sur de Italia convertido en hijo ejemplar de la Iglesia». De hecho «padre Pío —dijo el cardenal en la homilía— volvió a presentar a la humanidad de nuestro tiempo aquella gloria de la cruz que puede volverse signo de esperanza. La cruz es en realidad paso indispensable hacia la vida nueva en Cristo». Además «el conocimiento del amor del Padre es una verdad que escapa a muchos pero es comprendida por los pequeños, que no logran retener este tesoro para sí, sintiéndose llamados a regalarlo a muchos otros». Es precisamente lo que hizo el padre Pío llevando a «Cristo a aquellos que estaban cansados y oprimidos en cuerpo y espíritu».

Al final, el secretario de Estado entregó a los Grupos de oración un nuevo reglamento que integra el estatuto de 1986. «Durante estos años, está en curso en los Grupos de oración y en toda la obra de san Pío —explicó— un impulso de renovación para revitalizar su misión adaptándola a los tiempos que cambian y a las necesidades espirituales de nuestra época».

Adaptándose a las líneas guía de la exhortación apostólica Christifideles laici, el reglamento distingue tres ámbitos en los que la identidad de los Grupos de oración se expresa en  seguir la espiritualidad del fundador: oración, familia y sociedad.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Joe Mantegna, de «Mentes criminales», prepara una película sobre el Padre Pío y su «vida de leyenda»

En la serie de la CBS Mentes criminales, Jose Mantegna es el agente especial del FBI David Rossi, quien, con el resto de compañeros del equipo, traza perfiles criminales de psicópatas y asesinos en serie como parte fundamental de la investigación.

Es el papel que más familiar ha hecho su rostro en los últimos años, aunque este actor norteamericano de 67 años, nacido en Chicago de padres italianos, tiene a sus espaldas una amplísima trayectoria cinematográfica como secundario de lujo en la pantalla grande (sobre todo, en su interpretación del mafioso Joey Zasa en El Padrino III) y como protagonista en diversas series de televisión.


Católico, casado desde 1975 y padre de dos hijas , el autismo de la mayor de ellas ha convertido a Joe en un activo militante de diversas campañas de ayuda a las personas con esta problema.

Una película que producir... y tal vez interpretar
Y ahora se ha embarcado en un nuevo proyecto: la producción de una película sobre San Pío de Pietrelcina (1887-1968), el popular Padre Pío, cuya devoción, extendida por toda Italia, ha tenido siempre en el sur del país (de donde son originarios los padres de Mantegna, él siciliano y ella de la Puglia) un arraigo especial, como irradiación desde su convento de San Giovanni Rotondo.

A finales de noviembre, la Saint Pio Foundation  informó de que Joe, junto con su socio Danny Ramm y a través de su compañía Acquaviva Productions, ha empezado ya las labores de producción del film, que será distribuido en salas comerciales. Se grabará en inglés, se filmará en Italia y se centrará en destacar el impacto del Padre Pío en la vida de la Iglesia, así como la construcción de la Casa Sollievo della Sofferenza [Cada Alivio del Sufrimiento], el hospital fundado por el santo y que es una referencia nacional también desde el punto de vista médico.

Además, "si su agenda lo permite", Joe Mantegna protagonizará la película, cuyos beneficios se destinarán a la Fundación y a crear en Estados Unidos hospitales según el carisma del Padre Pío, para atención a los necesitados.

Un hombre extraordinario, de leyenda
En el vídeo en el que da esta noticia (ver abajo), y donde hace una completa biografía del santo y de su importancia y devoción universales, Joe Mantegna le define como "uno de los hombres más extraordinarios del siglo XX". Lo importante es una película es una buena historia, añade, "y la vida del Padre Pío  es verdaderamente de leyenda".

La película, añade más adelante, profundizará también en "las luchas titánicas, que duraron décadas, entre la fe y la duda, entre la espiritualidad y el escepticismo, entre un humilde sacerdote rural y los perfumados príncipes de Roma".

Importancia del cine cristiano
En la segunda parte del vídeo, Mantegna resalta la creciente importancia del cine cristiano en Estados Unidos, con la realización de varias películas que han logrado el aplauso general por su calidad, y además el respaldo de la taquilla. Y subraya que todas las encuestas dicen que los espectadores quieren más films de esta naturaleza. Los minutos que dedica el actor y productor a esta argumentación son fundamentales, pues van dirigidos principalmente a la captación de fondos para llevar a cabo el proyecto. Hacer cine cristiano asegura, pues, el retorno de la inversión.

Sin olvidar, apunta en los últimos minutos, que la canonización del Padre Pío en 2002 fue la mayor ceremonia de esta naturaleza jamás habida en el Vaticano, y que cada año siete millones de personas visitan el convento de San Giovanni Rotondo, donde se encuentra su tumba y donde, durante padeció durante medio siglo los estigmas de la Pasión.


"Hay hambre de auténtico cine basado en la fe", concluye Joe Mantegna: "Como al Padre Pío, nos inspira el objetivo de cambiar el mundo. Todo lo que necesitamos son los medios para hacerlo. Gracias".



miércoles, 5 de noviembre de 2014

La carta secreta del Padre Pío


La carta del Padre Pío es de las que quitan el hipo. Datada el 19 de marzo de 1913, festividad de San José, la misiva del santo de los estigmas va destinada a su director espiritual y en ella el capuchino describe con detalle una de las visiones que tuvo de Jesús, durante la cual el mismo Señor llamó “carniceros” a varios sacerdotes y religiosos.

“En la mañana del viernes me encontraba todavía en el lecho cuando se me apareció Jesús. Se hallaba de mala traza y desfigurado, y me mostró una gran multitud de sacerdotes, religiosos y seculares, entre los cuales se hallaban varios dignatarios de la Iglesia. De todos ellos, unos estaban celebrando la Santa Misa, otros iban a celebrarla y otros más ya lo habían hecho.

“La contemplación de Jesús así angustiado me causó mucha pena, por lo que quise preguntarle el motivo de tanto sufrimiento. No obtuve ninguna respuesta. Pero Él miraba a aquellos sacerdotes hasta que, como cansado de hacerlo, retiró la vista y, con gran espanto mío, pude apreciar que dos lágrimas le surcaban las mejillas. Se alejó de aquellos sacerdotes con expresión de gran disgusto y desprecio, llamándolos macellai [carniceros, en italiano].

"Y vuelto hacia mí, dijo: “Hijo mío, no creas que mi agonía haya durado tres horas; no, yo estaré en agonía por motivo de las almas más favorecidas por mí hasta el fin del mundo. Durante el tiempo de mi agonía, hijo mío, no hay que dormir. Mi alma busca una gotita de compasión humana, pero ¡ay!, qué mal corresponden a mi amor. Lo que más me hace sufrir es que éstos, a su indiferencia añaden el desprecio y la incredulidad. ¡Cuántas veces estuve a punto de acabar con ellos, si no hubiesen detenido mi brazo los ángeles y las almas enamoradas!… Escribe a tu padre espiritual y refiérele esto que has visto y oído de mí esta misma mañana”.

“Jesús continuó todavía, pero aquello que me dijo no podré manifestarlo a criatura alguna de este mundo. Esta aparición me causó tal dolor en el cuerpo, y mayor todavía en el alma, que durante todo el día sentí una gran postración, y hubiera creído morirme si el dulcísimo Jesús no me hubiese sostenido.

“Estos desgraciados hermanos nuestros corresponden al Amor de Jesús arrojándose con los brazos abiertos en la infame secta de la masonería. Roguemos por ellos a fin de que el Señor ilumine sus mentes y toque sus corazones”.

Y para concluir, quizá sea oportuno recordar lo que decía el profeta Isaías: "Con el oído oiréis, pero no entenderéis; con la vista miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos..."...

martes, 4 de noviembre de 2014

El secreto del Padre Pío


El Padre Pío no celebró congresos, ni pronunció discursos, no promovió concentraciones, manifestaciones, documentos, proyectos pastorales. Para cambiar el mundo, para salvar a la humanidad, celebró la Santa Misa. Es este el único acontecimiento que cambia el mundo. El Calvario, con el que Dios ha derrotado todo el Mal de los hombres y del Maligno. En efecto, para la Iglesia no puede celebrarse la misa sin un crucifijo.

Si el mundo, inmerso en el Mal y en la más feroz violencia, no ha sido aún reducido a cenizas, ha sido sólo gracias a la Santa Misa. Por eso nos da a entender el Padre Pío que no hay desastre, guerra o catástrofe que sea un mal mayor, que la desaparición de la misa: "El mundo podría quedarse incluso sin sol, pero no sin la Santa Misa". 

El Cardenal Siri nos desvela un misterio excepcional: "Mientras se celebra la Santa Misa todo el mundo recibe algo de esa celebración". Incluso la más humilde de las celebraciones eucarísticas en el mas apartado pueblecito de la cristiandad, ante unas cuantas humildes mujeres, acarrea a la humanidad beneficios que ningúna gran iniciativa humana, ni conferencia, ni manifestación, ni acción política o social pueda acarrear. Ningúna revolución humana, pacifista incluso, ninguna diplomacia ni gobierno, partido o fuerza terrena puede hacer por la paz y el bien de los hombres, como lo hace la misa celebrada en la más apartada parroquia de la cristiandad.

El Cardenal Ratzinger, durante la Missa pro eligiendo Romano Pontífice en 2005, citaba a San Pablo, y añadía: "Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en estos últimos decenios, cuántas corrientes ideológicas, cuántas modas del pensamiento...No ha sido raro que la pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos se viera agitada por esas oleadas - arrojada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, pasando por el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateismo a un vago misticismo religioso; del gnosticismo al sincretismo etc...

Los católicos parecen haber olvidado que no hay nada, absolutamente nada, que pueda ser equiparable a la misa en cuanto a fuerza y eficacia de salvación y de cambio de la historia. Efectivamente desde que la fe en ella ha disminuido, se ha multiplicado el afanoso atarearse, el hablar, y el hablar de más por parte de los cristianos, acaso arrastrados aquí y allá, por una ráfaga cualquiera de la doctrina. 

Los católicos se han hecho la ilusión de que la redención de la humanidad, o aunque no fuera más que un cambio del mundo, podría ser llevada a cabo por el hombre mediante su compromiso de cristianos, o mediante el compromiso de los hombres a favor de los últimos, de los penúltimos, de la justicia, del bien.

Mas aún, en el Siglo XX, dentro de la propia Iglesia, una sombra terrible ha caído sobre la santa liturgia, y tal vez fuera que para iluminar a los cristianos, el Cielo quiso conceder a nuestrso tiempos el primer sacerdote estigmatizado de la historia cristiana, un sacerdote que revivía en sus propias carnes el misterio del Calvario durante la Santa Misa. Y que no fuera casual que el padre Pío muriera precisamente en los meses que se estaba llevando a cabo esa reforma litúrgica que, según la interpretación de muchos circulos clericales, hubiera debido poner en la sombra de forma completa, la noción de "sacrificio", corriendo el riesgo así de transformar de hecho el catolicismo en protestantismo. (No hay que olvidar que el ciclón protestante que devastó la Iglesia como pocos otros, se dirigió sobre todo a barrer la Eucaristía, centro y fundamento de toda la obra de la Redención).

Sin embargo, si no pudo llegar a perpretarse algo semejante, borrar la noción de "sacrificio" de la Santa Misa, los daños fueron inmensos en cualquier caso, lo que llevo a este Papa a escribir: "Estoy convencido de que la crisis eclesial en la que nos encontramos hoy, depende en gran parte del hundimiento de la liturgia, que a veces se concibe directamente "etsi Deus non daretur": como si en ella ya no importase si hay Dios, y si nos habla y nos escucha. Pero si en la liturgia no aparece ya la comunión de la fe, la unidad universal de la Iglesia y de su historia, el misterio de Cristo viviente, ¿dónde hace acto de presencia la Iglesia en su sustancia espiritual? De esta manera la comunidad se celebra unicamente a sí misma, sin que algo así merezca la pena".

Así, por más que lo esencial se haya salvado, la mentalidad de los cristianos ha quedado contaminada y la ortodoxia católica está minada porque "lex orandi, lex credendi". En especial, el ataque ha sido atestado contra el carácter del sacrificio expiatorio de la Santa Misa, precisamente el que la Providencia ha querido recordarnos con el padre Pío.

El padre Pío no se limitó a dejarnos su asombroso ejemplo. Su misión no finalizó el día de su muerte, el 23 de septiembre de 1968. Monseñor Pietro Galeone que formó parte de su proceso de beatificación ha revelado un secreto que nos deja sin palabras: "El padre Pío me reveló que le había pedido a Jesús, y que lo había obtenido, no sólo el poder de ser una víctima perfecta, sino también una víctima perenne, con el fin de prolongar su misión de corredentor con Cristo hasta el final de los tiempos. El me dijo y me confirmó que había recibido del Señor, la misión de ser víctima y padre de víctimas hasta el último día.... El secreto de su singular fortaleza le venía del fuego devorador del amor, más fuerte que la muerte, que le abrasaba las visceras por amor hacia Cristo y hacia sus hermanos de las futuras generaciones".

(Texto entresacado del libro de Antonio Socci, El Secreto del Padre Pío). 

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