martes, 4 de noviembre de 2014

El secreto del Padre Pío


El Padre Pío no celebró congresos, ni pronunció discursos, no promovió concentraciones, manifestaciones, documentos, proyectos pastorales. Para cambiar el mundo, para salvar a la humanidad, celebró la Santa Misa. Es este el único acontecimiento que cambia el mundo. El Calvario, con el que Dios ha derrotado todo el Mal de los hombres y del Maligno. En efecto, para la Iglesia no puede celebrarse la misa sin un crucifijo.

Si el mundo, inmerso en el Mal y en la más feroz violencia, no ha sido aún reducido a cenizas, ha sido sólo gracias a la Santa Misa. Por eso nos da a entender el Padre Pío que no hay desastre, guerra o catástrofe que sea un mal mayor, que la desaparición de la misa: "El mundo podría quedarse incluso sin sol, pero no sin la Santa Misa". 

El Cardenal Siri nos desvela un misterio excepcional: "Mientras se celebra la Santa Misa todo el mundo recibe algo de esa celebración". Incluso la más humilde de las celebraciones eucarísticas en el mas apartado pueblecito de la cristiandad, ante unas cuantas humildes mujeres, acarrea a la humanidad beneficios que ningúna gran iniciativa humana, ni conferencia, ni manifestación, ni acción política o social pueda acarrear. Ningúna revolución humana, pacifista incluso, ninguna diplomacia ni gobierno, partido o fuerza terrena puede hacer por la paz y el bien de los hombres, como lo hace la misa celebrada en la más apartada parroquia de la cristiandad.

El Cardenal Ratzinger, durante la Missa pro eligiendo Romano Pontífice en 2005, citaba a San Pablo, y añadía: "Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en estos últimos decenios, cuántas corrientes ideológicas, cuántas modas del pensamiento...No ha sido raro que la pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos se viera agitada por esas oleadas - arrojada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, pasando por el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateismo a un vago misticismo religioso; del gnosticismo al sincretismo etc...

Los católicos parecen haber olvidado que no hay nada, absolutamente nada, que pueda ser equiparable a la misa en cuanto a fuerza y eficacia de salvación y de cambio de la historia. Efectivamente desde que la fe en ella ha disminuido, se ha multiplicado el afanoso atarearse, el hablar, y el hablar de más por parte de los cristianos, acaso arrastrados aquí y allá, por una ráfaga cualquiera de la doctrina. 

Los católicos se han hecho la ilusión de que la redención de la humanidad, o aunque no fuera más que un cambio del mundo, podría ser llevada a cabo por el hombre mediante su compromiso de cristianos, o mediante el compromiso de los hombres a favor de los últimos, de los penúltimos, de la justicia, del bien.

Mas aún, en el Siglo XX, dentro de la propia Iglesia, una sombra terrible ha caído sobre la santa liturgia, y tal vez fuera que para iluminar a los cristianos, el Cielo quiso conceder a nuestrso tiempos el primer sacerdote estigmatizado de la historia cristiana, un sacerdote que revivía en sus propias carnes el misterio del Calvario durante la Santa Misa. Y que no fuera casual que el padre Pío muriera precisamente en los meses que se estaba llevando a cabo esa reforma litúrgica que, según la interpretación de muchos circulos clericales, hubiera debido poner en la sombra de forma completa, la noción de "sacrificio", corriendo el riesgo así de transformar de hecho el catolicismo en protestantismo. (No hay que olvidar que el ciclón protestante que devastó la Iglesia como pocos otros, se dirigió sobre todo a barrer la Eucaristía, centro y fundamento de toda la obra de la Redención).

Sin embargo, si no pudo llegar a perpretarse algo semejante, borrar la noción de "sacrificio" de la Santa Misa, los daños fueron inmensos en cualquier caso, lo que llevo a este Papa a escribir: "Estoy convencido de que la crisis eclesial en la que nos encontramos hoy, depende en gran parte del hundimiento de la liturgia, que a veces se concibe directamente "etsi Deus non daretur": como si en ella ya no importase si hay Dios, y si nos habla y nos escucha. Pero si en la liturgia no aparece ya la comunión de la fe, la unidad universal de la Iglesia y de su historia, el misterio de Cristo viviente, ¿dónde hace acto de presencia la Iglesia en su sustancia espiritual? De esta manera la comunidad se celebra unicamente a sí misma, sin que algo así merezca la pena".

Así, por más que lo esencial se haya salvado, la mentalidad de los cristianos ha quedado contaminada y la ortodoxia católica está minada porque "lex orandi, lex credendi". En especial, el ataque ha sido atestado contra el carácter del sacrificio expiatorio de la Santa Misa, precisamente el que la Providencia ha querido recordarnos con el padre Pío.

El padre Pío no se limitó a dejarnos su asombroso ejemplo. Su misión no finalizó el día de su muerte, el 23 de septiembre de 1968. Monseñor Pietro Galeone que formó parte de su proceso de beatificación ha revelado un secreto que nos deja sin palabras: "El padre Pío me reveló que le había pedido a Jesús, y que lo había obtenido, no sólo el poder de ser una víctima perfecta, sino también una víctima perenne, con el fin de prolongar su misión de corredentor con Cristo hasta el final de los tiempos. El me dijo y me confirmó que había recibido del Señor, la misión de ser víctima y padre de víctimas hasta el último día.... El secreto de su singular fortaleza le venía del fuego devorador del amor, más fuerte que la muerte, que le abrasaba las visceras por amor hacia Cristo y hacia sus hermanos de las futuras generaciones".

(Texto entresacado del libro de Antonio Socci, El Secreto del Padre Pío). 

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