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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Tú me dices


Tú me dices que a causa de tu espíritu somnoliento, distraído, voluble, miserable, al que se suman muchas veces los disturbios físicos, no puedes resistir a permanecer en la iglesia más de una hora y media. No te apenes por esto, sólo evita las ocasiones, esforzándote en vencer toda molestia y todo aburrimiento y no canses excesivamente a tu espíritu con oraciones muy largas y continuadas, cuando el espíritu y la cabeza no se prestan.
Procura apartarte, entre tanto, durante el día, en cuanto te sea posible, y en el silencio de tu corazón y de la soledad ofrece tus alabanzas, tus bendiciones, tu corazón contrito y humillado y toda a ti misma al Padre celestial. Y así, mientras la mayor parte de las criaturas olvida la bondad del Esposo divino, criaturas hechas a su imagen, nosotros lo mantenemos siempre cerca, con esos retiros y prácticas.
 (19 de septiembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 174)

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Ten siempre ante los ojos de la mente


Ten siempre ante los ojos de la mente, como prototipo y modelo, la modestia del divino Maestro; modestia de Jesucristo que el apóstol, en palabras a los Corintios, coloca al mismo nivel que la mansedumbre, que fue una de sus virtudes más queridas y casi su virtud característica: «Yo, Pablo, os exhorto por la mansedumbre y por la modestia de Cristo»; y, a la luz de un modelo tan perfecto, reforma todas tus actuaciones externas, que son el espejo fiel que manifiesta las inclinaciones de tu interior.
No olvides nunca, oh Anita, a este divino modelo; imagínate que contemplas cierta amable majestad en su presencia; cierta grata autoridad en su hablar; cierta agradable compostura en su andar, en su mirar, en su hablar, en su dialogar; cierta dulce serenidad en el rostro; imagínate el semblante de aquel rostro tan sereno y tan dulce con el que atraía hacia sí las multitudes, las sacaba de las ciudades y de los poblados, llevándolas a los montes, a los bosques, a lugares solitarios, y a las playas desiertas del mar, olvidándose incluso de comer, de beber y de sus obligaciones domésticas.
Sí, procuremos copiar en nosotros, en cuanto nos es posible, acciones tan modestas, tan decorosas; y esforcémonos, en cuanto es posible, por asemejarnos a él en el tiempo, para ser después más perfectos y más semejantes a él por toda la eternidad en la Jerusalén celestial.
 (25 de julio de 1915, a Anita Rodote – Ep. III, p. 86)

miércoles, 30 de octubre de 2013

No des lugar en tu alma a la tristeza


No des lugar en tu alma a la tristeza, porque ella impide la libre actuación del Espíritu Santo. Y si, no obstante, queremos entristecernos, entristezcámonos entonces, pero hagamos de tal manera que nuestra tristeza sea santa, viendo el mal que se va expandiendo cada vez más por la sociedad hodierna. ¡Oh cuántas pobres almas van cotidianamente apostatando de Dios, nuestro bien supremo!
El no querer someter el propio juicio al de los demás, máxime al de quien es experto en las cosas en cuestión, es signo de poca docilidad, es signo muy manifiesto de secreta soberbia. Tú misma lo sabes y lo compartes conmigo; por tanto, date ánimo, evita las recaídas, mantente bien atenta ante este maldito vicio, sabiendo cuánto le desagrada a Jesús, porque está escrito que «Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes».
 (26 de noviembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep.II, p. 245)

miércoles, 16 de octubre de 2013

Todos los sufrimientos de esta tierra


Todos los sufrimientos de esta tierra, juntos en un haz, yo los acepto, Dios mío, los deseo como mi porción; pero nunca podré resignarme a estar separado de ti por falta de amor. ¡Ah!, por piedad, no permitas que esta pobre alma ande extraviada; no consientas nunca que mi esperanza se vea frustrada. Haz que nunca me separe de ti; y, si lo estoy en este momento sin ser consciente de ello, atráeme en este mismo instante. Conforta mi entendimiento, oh Dios mío, para que me conozca bien a mí mismo y conozca el gran amor que me has demostrado, y pueda gozar eternamente de las bellezas soberanas de tu divino rostro.
No suceda nunca, amado Jesús, que yo pierda el precioso tesoro que tú eres para mí. Mi Señor y mi Dios, muy viva está en mi alma aquella inefable dulzura que brota de tus ojos, y con la que tú, mi bien, te dignaste mirar con ojos de amor a esta alma pobre y mezquina.
¿Cómo se podrá mitigar el desgarro de mi corazón, sabiéndome lejos de ti? ¡Mi alma conoce muy bien qué terrible batalla fue la mía cuando tú, mi amado, te escondiste de mí! ¡Qué vivamente grabada en mi alma, o mi dulcísimo amante, permanece esa terrible y fulminante imagen! 
 (17 de octubre de 1915, al P. Agustín de San Marco in Lamis – Ep. I, p. 674)

miércoles, 2 de octubre de 2013

Camina siempre


Camina siempre, mi buena hija, al mismo paso, y no te inquietes si éste te parece lento; si tu intención es buena y decidida, no cabe más que caminar bien. No, mi queridísima hija, para el ejercicio de las virtudes no es necesario estar siempre, y de forma expresa, atenta a todas; esto sin duda enredaría y complicaría demasiado tus pensamientos y tus afectos.
En resumen, puedes y debes estar tranquila, porque el Señor está contigo y es él el que obra en ti. ¡No temas por encontrarte en la barca en la que él duerme y te deja! Abandónate totalmente en los brazos de la divina bondad de nuestro Padre del cielo y no temas, porque tu temor sería tan ridículo como el que pueda sentir un niño en el regazo materno.
 (18 de mayo de 1918, a María Gargani – Ep. III, p. 315)

viernes, 27 de septiembre de 2013

A 45 años de su muerte “Haré más ruido muerto que vivo”: Padre Pío


• En la Ciudad de México, varias parroquias promueven su devoción a través de grupos de oración.

El pasado 23 de septiembre se cumplieron 45 años de la muerte de uno de los santos contemporáneos más queridos de la Iglesia universal: el Padre Pío de Pietrelcina, cuya vida, apegada a la oración, el sacrificio y la pobreza, ha inspirado a la conversión de creyentes y no creyentes.

El Padre Pío sufrió los estigmas de Cristo, y era conocido en todo el mundo por el don de sanación y por “leer la conciencia” de quienes acudían a confesarse con él. El Papa Juan Pablo II lo conoció personalmente en 1947, poco después de su ordenación sacerdotal, y según rumores, el Padre Pío profetizó que aquel joven sacerdote sería un día Papa.



El culto en el DF

Actualmente, existen varias iglesias en la Arquidiócesis de México en las que se venera a este santo capuchino, entre ellas, la Catedral Metropolitana. En este recinto, dentro de la capilla que lleva el nombre de Nuestra Señora de los Dolores, se encuentra una escultura de bronce que fue entronizada y bendecida por el cardenal Norberto Rivera Carrera el 14 de octubre de 2012.

Al poniente de la Ciudad de México también se encuentra la Parroquia Inmaculada y San Pío, ubicada en la colonia las Águilas, donde cada primer jueves de mes decenas de fieles se reúnen ante una reliquia de primer grado del santo italiano para orar por las necesidades de la comunidad. Se trata de un pañuelo que utilizó el Padre Pío para proteger la llaga de su costado que le producía el estigma.

Otra parroquia en la que se le rinde culto es en la del Señor de la Resurrección, en la colonia Bosques de las Lomas, donde existe un gran grupo de oración conformado por decenas de fieles, quienes se reúnen los primeros martes de cada mes para orar frente a la imagen del Padre Pío y participar en diversas actividades.

Los Grupos de Oración

“Aquí se hace viva la frase que nuestro hermano: ‘haré más ruido muerto que vivo’, ya que gracias a su humildad y humanidad por los más débiles, tiene una gran devoción a nivel mundial. Basta recordar su canonización hecha por Juan Pablo II el 16 de junio de 2002, cuando una multitud abarrotó la plaza de San Pedro”, expresó Fray Wer, miembro de los Hermano Menores Capuchinos México-Texas, quienes trabajan arduamente difundiendo los Grupos de Oración del Padre Pío.

“Estos grupos constituyen una de las grandes obras de nuestro santo, surgida espontáneamente como derivación de su apostolado. El Padre Pío exhortaba invariablemente a sus penitentes y conocidos a la oración, la que él mismo practicaba con preferencia y perseverancia. Estaba convencido de que ‘la oración es la mejor arma que tenemos, es la llave que abre el corazón de Dios’”, mencionó Fray Wer.

En todo el mundo existen más de 300 mil Grupos de Oración certificados por el Convento y Santuario de Nuestra Señora de las Gracias en San Giovanni Rotondo, en Italia, y dos de ellos se encuentran en la Arquidiócesis de México.

Para promover aún más este regalo espiritual del Padre Pío, los Hermanos Menores Capuchinos de México-Texas han puesto en línea su portal www.padrepiomexico.org a través del cual se brinda atención a quienes quieren saber más sobre este santo italiano y ser parte de los Grupos de Oración.

“Aprovechamos las nuevas tecnologías para tener un mayor contacto con quienes necesitan de una oración o una palabra de aliento. Por eso también abrimos en Facebook nuestro perfil para ayudar en la formación espiritual y humana a nuestros hermanos. Ahí compartimos temas que los invitan a vivir las notables características del Padre Pío”, concluyó Fray Wer.

http://www.padrepiomexico.org/


lunes, 23 de septiembre de 2013

A 45 años de la muerte del P. Pío




El Padre Pío, aquel fraile capuchino que nació en Italia, es uno de los santos cuya vida extraordinario le hace ser conocido en todo el mundo, conquistando el corazón de millones de devotos. Su vida le hace ser uno de los más grades místicos de nuestra Iglesia y un gran ejemplo para nuestro tiempo.  Nuestro santo nació en Pietrelcina el 25 de mayo de 1887 y murió en San Giovanni Rotondo el 23 de septiembre de 1968.

Su vida, de 81 años, no sobresalió por una maravillosa inteligencia ni por logros humanos claramente medibles. Su vida fue obra de la gracia excepcional de Dios y de su respuesta admirable y continua, manifestada a través de signos sobrenaturales como los estigmas en pies, manos y costado que le acompañaron visiblemente durante 50 años.

Cómo fue la vida del Padre Pío? 
El Padre Pío, San Pío de Pietrelcina, no hizo sino recibir las gracias de Dios y dar respuesta a ellas mediante su vida de oración, sufrimiento y caridad. La grandeza de su vida, que le llevó a ser un gran hermano capuchino no fue otra que vivir el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. En concreto lo que encaminó al Padre Pío a vivir el amor radical a Jesús y a su iglesia fue:

1. Vivió su vocación de franciscano capuchino en una entrega total.  Desde niño, vivió una vida de oración y penitencia, de éxtasis y apariciones iluminada por la figura de San Francisco de Asís. El 6 de enero de 1903, con la bendición de su madre y un rosario que ésta le regaló, partió al noviciado de los Capuchinos. La pluma del P. Pío nos refiere que “había sentido desde los más tiernos años un fuerte vocación al estado religioso”. Fue un fraile ejemplar, tenía un gran amor a la oración y servía a sus hermanos como una madre. El P. Pío escribió: “¡Oh Dios! No dejes de hacerte oír cada vez más a mi pobre corazón y cumple en mí la obra comenzada por ti… Que Jesús me conceda la gracia de ser un hijo menos indigno de San Francisco; que pueda ser ejemplo para mis hermanos, de manera que el fervor continúe sin cesar creciendo en mí, y me haga un perfecto fraile capuchino”

2. Tuvo a María como gran intercesora. La Stma. Virgen María recibía continuas muestras de afecto de Padre Pío. Desde niño rezaba el santo rosario y esta práctica le acompaño durante el resto de su vida. Pero no sólo rezaba él, sino que invitaba a otros a rezarlo con él. María se convirtió en la estrella que guío su vida y en la gran intercesora para llegar a su hijo, Jesús. El 21 de marzo de 1912, estando en Pietrelcina, a causa de la vista deteriorada, es autorizado a celebrar todos los días la Misa votiva de la Virgen María y sustituir el rezo del Oficio Divino por el rezo del Rosario. Cuántos rosarios rezaba el P. Pío? Difícil saberlo, pero por los testimonios, diríamos que de 12 a 15 horas las pasaba rezando el rosario. El P. Pío decía: “¡Amad a la Virgen y hacedla amar! Rezad el Rosario, rezadlo siempre. ¡Rezadlo cuantas veces podáis! El Rosario es la oración que hace triunfar sobre todo y a todos. Ella, María, nos lo ha enseñado así, lo mismo que Jesús nos enseñó el Padrenuestro”. 

3. Siguió a Jesucristo en su “misión corredentora”. Desde temprana edad y más claramente en el noviciado el P. Pío veía que su destino era la “misión grandísima” que el Señor le había encomendado. Y para conseguirlo, creía que su principal apoyo habría de ser su consagración a Dios mediante los tres votos religiosos y la ordenación sacerdotal. Su trato íntimo con Dios le proporcionó una profunda convicción  de lo que era esa “misión grandísima”. Para el P. Pío su misión recibida era: ”Liberar a mis hermanos de los lazos del pecado”; “Conducir a los hombres a la santidad”; “Poner fin a la ingratitud de los hombres hacia su gran Benefactor”. Cumpliendo la tarea recibida confesaba de la mañana a la noche, ofreciendo la misericordia de Dios. Celebraba humildemente la eucaristía, en cada misa celebrada, él subía al Calvario con Cristo crucificado. Recibía un sin número cartas y peticiones que atendía desde el amor de padre. Un punto culmen de haber aceptado la misión que el Señor le encomendó, fue la aparición de las llagas de Jesucristo en su cuerpo. El P. Pío fue otro Cristo que vino a salvarnos entregando su vida. El P. Pío escribió: “Cuando Jesús me quiere dar a entender que me ama, me hace probar las llagas de su pasión, las espinas, las angustias… Cuando quiere que goce, me llena el corazón de ese espíritu que es todo fuego, me habla de sus delicias. Pero cuando quiere ser amado Él, me habla de sus dolores, invitándome con una voz que es a la vez oración y mandato a ofrecerle mi cuerpo para aligerarle las penas”.

4. Experimentó la confianza y el amor de Dios Padre. El P. Pío es atraído a Dios por el soplo del Espíritu Santo y él se adhiere generosa y constantemente en fidelidad a este llamado. El P. Pío es un portento de la gracia de Dios, da gracias por su vocación y alaba a Dios por la misión encomendada. Vive como elegido y amado por Dios. Desde los cinco años se consagra personalmente a Dios, ofreciéndose sin reversas al Reino. A pesar de haber tenido una vida llena de enfermedades y sufrimientos, Dios fue su único Bien y supo cumplir la voluntad divina. Confianza y amor definen su relación con Dios. Y desde aquí quiso guardar a todas las almas de no caer en el pecado de no experimentar el amor y la misericordia de Dios. A cada persona que venía a él, le brindaba una palabra de consuelo, recomendando la oración y la vivencia sacramental. Desde la intención de ofrecer a los hombres el amor de Dios podemos entender mejor sus fenómenos místicos: son manifestaciones divinas para hacer presente el amor del Padre.  El P. Pío escribió: “Ser elegidos y señalados de entre una muchedumbre y saber que esta elección ha sido hecha sin ningún mérito nuestro por Dios desde toda la eternidad “ante mundi constitutionem”, con el único fin de ser suyos en el tiempo y en la eternidad, es un misterio tan grande y dulce que el alma, a poco que lo penetre, no puede sino licuarse toda de Amor”.

Dos grandes obras del P. Pío , que hoy en día siguen, son: 1) la “Casa Alivio del Sufrimiento”, considerada por nuestro santo como “la expresión de la caridad de Cristo a los enfermos” y 2) Los grupos de oración, “un hogar de amor, en el que Cristo está presente cada vez que los hermanos se reúnen para orar”. 

Conocer la vida de San Pío nos lleva a la conclusión de que Dios lo ha colocado en nuestra vida como faro de luz, como vela en la cima, para iluminar nuestro caminar por este mundo. Profundicemos en la vida del santo de Pietrelcina y acojámonos a su intercesión para vivir nuestra fe en la gracia de Dios, que nos llama a ser santos. Aprendamos del Padre Pío que desde la sencillez de vida podemos llegar a hacer grandes cosas por nosotros y por nuestro prójimo.  

Fr. Néstor Wer, OFMCap

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